La inauguración de ‘Los pies en la tierra’ se convirtió en una declaración de principios de Carlos Alcaraz, que a sus 23 años quiso situar el foco en aquello que, según él, explica quién es hoy: su infancia. La muestra, impulsada por la Fundación Alcaraz, abre sus puertas en la Cárcel Vieja de Murcia y podrá visitarse hasta el 15 de febrero.
El recorrido propone mirar la vida del tenista desde sus primeros pasos, cuando era un niño que entrenaba en El Palmar sin imaginar que acabaría levantando cuatro Grand Slam. La exposición reúne objetos que han marcado su trayectoria, desde las zapatillas de sus primeros títulos hasta un fragmento de la red de Wimbledon 2023, símbolo del día en que escribió historia.
La infancia como brújula
El propio Alcaraz quiso que la exposición girara alrededor de ese periodo que él define como «muy bonito». Recordó que creció en un entorno sencillo, rodeado de amigos que aún conserva y vinculado al Sociedad Club de Campo de El Palmar, donde se formó como deportista y como persona.

Carlos Alcaraz de pequeño / Archivo
«Vivía feliz y sin grandes lujos», afirmó, subrayando que hoy entiende que «las pequeñas cosas marcan la diferencia». Su reflexión se convierte en el hilo conductor de una muestra que reivindica la igualdad de oportunidades y la importancia de cuidar esa etapa decisiva.
Objetos que cuentan quién es Alcaraz
La exposición reúne una selección de piezas que permiten reconstruir, paso a paso, la evolución de Carlos Alcaraz, desde aquel niño que entrenaba en El Palmar hasta el campeón que hoy acumula cuatro Grand Slam.
En las salas de la Cárcel Vieja se exhiben trofeos que simbolizan sus mayores conquistas, junto a equipaciones utilizadas en momentos decisivos de su carrera. También se muestran las zapatillas con las que levantó sus primeros títulos, un objeto que conecta directamente con sus inicios y con la ilusión de aquel niño que soñaba con ser tenista.

Carlos Alcaraz de pequeño / Archivo
Las vitrinas incluyen fotografías y recuerdos personales que retratan su crecimiento, su entorno y la naturalidad con la que vivía el deporte antes de convertirse en figura mundial. Entre los elementos más llamativos destaca un fragmento de la red de Wimbledon, el mismo escenario donde Alcaraz conquistó su segundo título en Londres y dejó una huella imborrable en la historia del torneo.
Además del recorrido expositivo, el espacio incorpora juegos interactivos que permiten a los visitantes experimentar el tenis desde una perspectiva lúdica y cercana, reforzando la idea de que el deporte también es juego, descubrimiento y aprendizaje.

Carlos Alcaraz de pequeño / Archivo
Un campeón que no olvida de dónde viene
Durante la inauguración, Alcaraz insistió en que su éxito actual no se entiende sin aquella etapa en El Palmar. «Era un crío con sueños, como todos. Los perseguí y hoy estoy rodeado de los ídolos que tenía», confesó.
La exposición busca precisamente eso: recordar que detrás del número 3 del mundo hay un niño que creció feliz, sin excesos, y que aprendió que la humildad y las raíces son parte esencial del camino.