Hasta hace apenas año y medio, Rhys Hibbert llevaba una vida normal. Tenía 48 años, trabajaba como responsable de atención al cliente, vivía en el condado inglés de Bedfordshire con su familia y acostumbraba a aprovechar la pausa del almuerzo para caminar unos tres kilómetros. … Fue durante uno de esos paseos, en diciembre de 2024, cuando perdió el conocimiento y sufrió una convulsión en plena calle, un episodio que condujo a una serie de pruebas médicas y, finalmente, al descubrimiento de un tumor de once milímetros en la hipófisis.

Dieciocho meses después, Hibbert se ha convertido en el primer paciente del mundo sometido a una cirugía cerebral en la que un sistema de inteligencia artificial ha asistido a los neurocirujanos mediante el análisis en tiempo real de las imágenes de la intervención. La operación se realizó en mayo en el National Hospital for Neurology and Neurosurgery de Londres, perteneciente al University College London Hospitals NHS Foundation Trust (UCLH), aunque los detalles se hicieron públicos este jueves, después de varias semanas de recuperación del paciente.

La intervención permitió extirpar el tumor y preservar la visión de Hibbert. La inteligencia artificial no controló los instrumentos ni adoptó decisiones de manera autónoma. El equipo quirúrgico mantuvo en todo momento el control de la operación, mientras el sistema examinaba las imágenes procedentes del endoscopio e indicaba en una segunda pantalla dónde era más probable encontrar vasos sanguíneos, nervios y otras estructuras que debían evitarse.

La localización del tumor constituía precisamente una de las principales dificultades. La hipófisis es una pequeña glándula situada en la base del cerebro que participa en la regulación de funciones esenciales a través de la producción hormonal y se encuentra muy próxima a las arterias carótidas, que suministran sangre al cerebro, y a las estructuras nerviosas responsables de la visión.

Y es que aunque inicialmente Hibbert no necesitó una operación, su situación fue empeorando. El tumor comenzó a presionar las estructuras ópticas y redujo su campo visual periférico. Aparecieron también fatiga intensa, mareos y alteraciones hormonales, hasta el punto de que empezó a utilizar bastones después de tropezar repetidamente porque no podía percibir correctamente la parte inferior de su campo visual.

Cuando el equipo médico le ofreció participar en el ensayo de una tecnología que llevaba años en desarrollo, pero que nunca se había utilizado de esta forma durante una operación en un paciente, aceptó convertirse en el primero. «Si los pacientes no están dispuestos a participar en la investigación, ¿cómo pueden aprender los médicos y cómo puede avanzar la medicina?», afirmó.

La cirugía se realizó mediante un endoscopio introducido a través de la nariz hasta la base del cráneo. Allí, el tumor estaba ubicado detrás de capas de hueso y de una membrana resistente, en una región donde unos pocos milímetros separan estructuras cuya lesión puede provocar consecuencias graves. Los responsables del proyecto han advertido de que desviarse apenas un milímetro puede marcar una diferencia crítica y ocasionar pérdida de visión, un accidente cerebrovascular o incluso la muerte.

Según los datos facilitados a la prensa, en este tipo de intervención existía entre un 25% y un 50% de posibilidades de no conseguir extirpar completamente el tumor y un riesgo estimado de entre el 0,5% y el 2% de lesionar un vaso sanguíneo importante.

Fue en ese punto donde intervino el sistema desarrollado en el UCL Hawkes Institute. La herramienta analizaba en tiempo real el vídeo obtenido por la cámara del endoscopio, reconocía instrumentos quirúrgicos y señalaba las zonas donde era más probable que se encontraran estructuras anatómicas críticas, información que los especialistas podían utilizar como apoyo para decidir por dónde avanzar.

Para desarrollar esa capacidad, los investigadores entrenaron y evaluaron el algoritmo con cientos de vídeos de operaciones anteriores de tumores hipofisarios, en los que se identificaron las estructuras anatómicas relevantes para que el sistema aprendiera a reconocer patrones.

Sophia Bano, profesora asociada de Robótica e Inteligencia Artificial en UCL y responsable técnica del sistema, explicó que «al aprender de cientos de vídeos quirúrgicos, el sistema ha estado expuesto a una variedad de ejemplos de cirugía que a un cirujano le llevaría muchos años encontrar».

La tecnología, añadió en declaraciones recogidas por The Guardian, «está diseñada para ayudar a reconocer en tiempo real la anatomía crítica, los instrumentos quirúrgicos y las interacciones con los tejidos«, con el objetivo de apoyar al especialista durante procedimientos particularmente delicados.

Hani Marcus, neurocirujano del National Hospital for Neurology and Neurosurgery y profesor de Neurocirugía en UCL, realizó la intervención junto con Danyal Khan. Marcus explicó a la BBC que el sistema de inteligencia artificial «ha sido entrenado con más operaciones de las que la mayoría de los cirujanos ven o realizan durante toda su vida y puede actuar como un segundo par de ojos experto».

La aspiración del equipo consiste en avanzar hacia lo que Marcus ha descrito como una especie de «ChatGPT para cirujanos», es decir, «otro experto en la sala al que puedan recurrir para pedir consejo si quieren, o al que puedan ignorar si no están de acuerdo». El concepto no implica sustituir al especialista, sino proporcionarle información adicional mientras este mantiene la responsabilidad sobre las decisiones.

El proyecto ha recibido financiación del National Institute for Health and Care Research (NIHR) y de Google y cuenta con el apoyo, entre otras instituciones, del NIHR Biomedical Research Centre de UCLH, el Royal College of Surgeons y Wellcome. Los investigadores preparan ahora un ensayo más amplio, necesario para establecer si los resultados observados en este primer paciente pueden reproducirse y si la herramienta reduce de forma mensurable las complicaciones.

Para Hibbert, el resultado fue perceptible nada más despertar de la anestesia. «Cuando abrí los ojos después de la operación sentí como si hubiera recuperado una visión de 360 grados; no veía con tanta claridad desde hacía un año», relató a la BBC. Una semana después podía caminar de manera independiente sin gafas ni bastones y posteriormente regresó a su trabajo.

Ocho semanas después de la intervención, Hibbert aseguraba que su estado había mejorado considerablemente. «También he recuperado la energía y han desaparecido todos los efectos secundarios que sufría antes de la cirugía».