Por Alberto Limón, médico y comunicador científico
Recientemente asistí al congreso sobre obesidad más grande del mundo, el ICO 2026, organizado por la World Obesity Federation (WOF) y la Sociedad Mexicana de Obesidad (SMO), de la cual soy miembro. Y no quería dejar pasar la oportunidad de difundir algunas de las conversaciones que tuve la fortuna de escuchar en este congreso y los puntos que me resultaron más reveladores. Son estos:
1. La obesidad no es falta de voluntad
Por mucho tiempo, la obesidad se vio como una simple consecuencia de comer en exceso. Sin embargo, si queremos cambiar cómo nos enfrentamos a este problema, debemos combatir el estigma que incluso los propios profesionales de la salud hemos fomentado. (Hasta el 70% de los profesionales de la salud han tenido sesgos en su tratamiento por el estigma que hemos llegado a tener).
Hoy entendemos que la obesidad es una enfermedad crónica y recidivante, que trae consigo factores de riesgo para otras patologías, pero que, afortunadamente, es tratable. Hace 20 años, esta última palabra no cabía en la misma oración. Este avance refleja una mayor comprensión de la enfermedad y una voluntad real, desde diferentes agendas, por abordarla. La obesidad va mucho más allá de la ingesta de comida; tiene raíces gestacionales, genéticas, neuroendocrinas, psicológicas, ambientales e incluso políticas. Reducirla a “un exceso de comida” es una simplificación y deberíamos movernos de ese lugar a un entendimiento más amplio.
2. Más allá del Índice de Masa Corporal (IMC)
Grosso modo, desde la biología, la obesidad se caracteriza por un exceso de tejido adiposo que se comporta como una glándula, liberando sustancias proinflamatorias. Esta inflamación de bajo grado daña a largo plazo nuestras arterias y aumenta el riesgo cardiovascular.
En el pasado, el IMC era la única herramienta de medición, pero para la comunidad científica siempre se quedó corta: ¿qué estamos pesando realmente? ¿Músculo, agua, hueso, grasa? Dos personas pueden tener el mismo IMC con composiciones corporales diametralmente opuestas.
Por ello, en 2025, The Lancet publicó una nueva clasificación con términos diagnósticos más precisos, como obesidad preclínica y clínica (clasificación que no voy a explicar aquí). Además, se han estandarizado medidas más útiles. En entornos con pocos recursos, la relación cintura-cadera o cintura-altura son excelentes puntos de partida. En lugares con más recursos, recurrimos a la bioimpedancia, resonancias magnéticas o DEXA para evaluar detalladamente la composición corporal.
El objetivo actual ya no es simplemente ‘bajar de peso’ (otra simplificación), sino ganar salud: aumentar masa muscular, disminuir tejido graso y mejorar la movilidad y la calidad de vida. Todo esto exige que el tratamiento no dependa de un solo profesional, sino de un equipo interdisciplinario (nutrición, ejercicio, psicología y medicina).
3. La brecha social y los nuevos fármacos
Hablemos de los medicamentos GLP-1/GIP y otros. Tienen resultados muy favorables, logrando reducciones de alrededor del 20-25% del peso total, siempre y cuando existan seguimientos y acompañamientos profesionales correctos.
Sin embargo, el acceso está condicionado por el nivel socioeconómico. En México, por ejemplo, las dosis bajas rondan los 150-200 dólares mensuales, mientras que el salario mínimo es de unos 544 dólares. Es inviable para la mayoría soportar este gasto de bolsillo, sin contar el costo de los estudios y consultas interdisciplinarias, o la disponibilidad de tiempo para asistir a ellas. Esto marca una brecha de desigualdad que una de ustedes mencionó en un pasado: quienes pueden pagar el tratamiento y el acompañamiento, y quienes solo pueden soñar con él mientras la seguridad social siga sin cubrirlo.
Otro tema que también me ha generado cierta alarma es que la industria podría cambiar los precios de sus medicamentos y que pacientes que antes estaban ‘adaptados’ a cierto medicamento ya no puedan costearlo si es que hay un aumento de los precios de estos medicamentos. Pues la recomendación es que la mayoría de los pacientes habrán de vivir con este medicamento puesto que la obesidad es una enfermedad crónica y recidivante, como la diabetes o hipertensión.
Claro que existen los casos en que pueda llegar a la remisión de la enfermedad, pero no es la mayoría (hablo de casos de diabetes y/o hipertensión). Deberemos ver qué nos menciona la evidencia en un futuro y poder valorar la suspensión de estos medicamentos; hasta ahora, la mayoría de los seguimientos que se realizan a las 56 o 72 semanas revelan que existe una reganancia de peso y una pérdida de la salud metabólica si se suspende el tratamiento; claro que la reganancia no es tanta cuando se acompaña de una alimentación saludable y de actividad física/ejercicio.
4. El entorno y los productos ultraprocesados
Nuestra alimentación basada en productos reales está siendo desplazada. El sistema NOVA nos ayuda a identificar el grado de procesamiento de lo que comemos y debemos tener cuidado con la narrativa de la industria, que promueve los ‘ultraprocesados sanos’; la evidencia científica es robusta al desmentir esta idea.
En México, las típicas ‘tienditas de la esquina’ ofrecen cada vez más ultraprocesados y menos alimentos frescos. Si sumamos esto a las agresivas campañas de marketing dirigidas a la infancia, el resultado es predecible. Pero esto no es solo un problema de elecciones individuales, sino de sistemas alimentarios y económicos. Un dato alarmante: casi el 20% de la población mexicana no tiene acceso seguro y asequible a agua potable, lo cual está estrechamente ligado al elevadísimo consumo de bebidas azucaradas en el país. Ahora, entiendo que para algunas personas también llega a ser complicado conseguir alimentos naturales, por lo que cada recomendación deberá ser individualizada y llevada por un profesional, porque el tema de acceso es importante en el día a día para poder mantener una alimentación lo más saludable posible.
5. Siéntate menos, muévete más
El sedentarismo es uno de los principales factores modificables para combatir esta situación. Nuestro entorno ha cambiado drásticamente. Mientras yo llevo minutos sentado escribiendo esto, el ‘Alberto del pasado’ seguramente estaría caminando o corriendo para conseguir alimento.
Hoy, 1 de cada 3 personas en el mundo no cumple con las recomendaciones de actividad física de la OMS. Nuestros trabajos, nuestro ocio y nuestras ciudades promueven el menor movimiento y consumo energético posible. Pero la solución no es solo decir ‘sal a correr’; se requiere infraestructura pública de calidad, con suficiente iluminación y seguridad para que las personas puedan moverse libremente.
6. El peligro de la sobremercantilización
La popularidad de los nuevos fármacos ha generado un mercado paralelo preocupante. Han surgido empresas y clínicas que recetan estos medicamentos de forma ligera, sin los matices ni las valoraciones clínicas necesarias.
Aún más grave es la proliferación de negocios en el mundo del wellness y las redes sociales que venden productos prometiendo resultados mágicos sin garantías de seguridad. Se están lucrando a costa del estigma, la urgencia de los pacientes y la desinformación.
7. Hacia dónde nos movemos: El futuro
A pesar de los retos, nos dirigimos hacia un escenario más esperanzador:
- Ya son 34 los países sumados al plan mundial de aceleración para detener la obesidad.
- Más países implementan políticas para restringir ultraprocesados y adoptan etiquetados de advertencia que mejoran las elecciones del consumidor.
- Se presiona para la reformulación de productos (menos calorías, colorantes y edulcorantes).
- Se asume una responsabilidad compartida que involucra a sectores como educación, desarrollo urbano y economía, no solo a la salud.
- Se investigan nuevas moléculas, lo que esperamos reduzca los precios y facilite su inclusión en la sanidad pública.
- Cada vez más estados están analizando la posibilidad de agregar estos medicamentos al marco de medicamentos cubiertos por la sanidad pública, aunque esto tomará tiempo y voluntades, económicas, políticas y académicas importantes.
No estamos del todo bien, pero cada vez somos más los interesados en transformar nuestro entorno desde distintas trincheras: la investigación, las políticas públicas, la comunicación e incluso el arte. El objetivo final nos une a todos: lograr que la obesidad deje de ser un problema de salud pública como lo es ahora.