11 de abril de 1976. El Castilla, pese a no jugar esa jornada, asegura el ascenso a Primera gracias a las derrotas del Obradoiro … en Tenerife y de La Salle en su casa de Barcelona contra Vallehermoso. 16 de octubre de 1976. El Valladolid CB debuta en Badalona en la máxima categoría del baloncesto español, aunque fuera con una estrepitosa derrota contra el Juventud (así se llamaba entonces) por 122-83.
Dos fechas alegres que encierran seis meses de tormenta perfecta sobre el pabellón del Huerta del Rey, estrenado un año antes, y que tuvo la participación del equipo vallisoletano en el alambre durante todo el verano; después de múltiples reuniones a varias bandas el paso que desbloqueó el atasco se dio hace justo cinco décadas, cuando se liquidó el Castilla como club y, con sus restos, se creó uno nuevo: Valladolid Club de Baloncesto, que durante sus 39 años de vida, hasta el verano del 2015, deleitó a sus aficionados con grandes momentos y rutilantes estrellas en la mente de todos.
No hubo festejos por el ascenso, ni era el estilo de los tiempos, ni bajaban limpias las aguas del Pisuerga; con el último partido todavía por disputar, el presidente Martín Calabaza reconocía en una entrevista a El Norte de Castilla los problemas económicos del club y las deudas con los jugadores, a los que se prohibió hablar con la prensa pocos días después; en junio el Castilla llegó a un acuerdo, antes de llegar a juicio en Magistratura de Trabajo, con el norteamericano Biff Doyle y el masoterapeuta [sic] Víctor Pimentel, a los que se debían 434.000 y 55.000 pesetas de las de entonces.
La Guardia de Franco
El verano adormiló, que no resolvió, el conflicto, que estalló como los cohetes de una verbena nada más acabar la fiesta de la Virgen de Agosto. El entrenador y la plantilla publicaron una nota informativa en la que anunciaban que no se presentarían al primer entrenamiento de no llegar una solución. Además del problema económico, con un presupuesto muy alto en una campaña sin el sostén de un patrocinador, como lo fue Gamo en los tiempos de la Feria de Muestras, existía un problema político que había que resolver en un Valladolid y una España, la del verano del 76, que empezaba a sacudirse la caspa de sus hombros: la vinculación del Castilla con la asociación Guardia de Franco.
Días de agosto que airearon rumores de toda índole, incluso que el Real Valladolid de fútbol se hiciera cargo del equipo de baloncesto, adelantándose a lo que perpetró Ronaldo Nazário en 2020, algo que solo sirvió para que césped y parqué compartieran desgracias y nostalgias. Además, las arcas del club blanquivioleta no estaban para rascar billetes, con un déficit de 22 millones reconocidos en su asamblea anual, por lo que Fernando Alonso y su directiva solo se comprometieron a servir de intermediario con un posible mecenas.
Las reuniones derivaban en prórrogas, más que en acuerdos reales, con el problema de que el tiempo se acababa para un grupo de jóvenes jugadores que estaban en la agenda de varios equipos españoles de Primera. El encuentro del día 23 también se disolvió con fumata negra en la sede de la calle Santa María 10, de la que salieron entrenador y jugadores con sus cartas de libertad en los bolsillos, tal como había prometido el presidente Martín Calabaza si no presentaba una firma comercial. Nunca estuvo más cerca el baloncesto de Valladolid de marcar el punto y final a su corta historia, de no ser por el paso adelante de un grupo de comerciantes y amantes de la canasta, que formaron una junta gestora y convocaron en torno a una mesa de Viana de Cega a Moncho Monsalve y a sus jugadores para cimentar la continuidad del grupo; y eso que, a esas alturas de la película, los Feñe Fernández, Castrillón, Puente, Seara o Martín de Francisco ya habían manifestado el deseo de seguir juntos en Valladolid.
El capitán y Viana de Cega
El capitán, Feñe Fernández, recuerda esos días en su casa de Viana de Cega. «Fueron días muy intensos porque no sabíamos qué íbamos a hacer y cómo acabaría todo. Seguimos gracias a esa gente que nos apoyó y que aportó mucho dinero para la época, mucho más en relación con lo de ahora, en ese sentido soy muy crítico con Valladolid, con las empresas y también con la ciudad, que es muy rácana, somos trescientos mil habitantes y solo vamos a los fuegos artificiales y a las procesiones de Semana Santa».
Un disgusto que no tarda en convertir en sonrisa cuando recuerda ese agosto del 76. «Eran muy buena gente y los echo mucho de menos, estaba Monsalve que tenía mucha cara y nos hacía pasar una vergüenza ajena tremenda, era tan extrovertido y nosotros tan provincianos, a mi madre la dijo: ¿señora, me puede hacer unos huevos fritos? Y se los hizo, claro». Viana de Cega fue el kilómetro cero del club: «se llegó al acuerdo debajo de un moral que todavía está en mi casa, en el chalet de al lado vivía Fernández Santamaría, que era el alcalde, su hijo era muy aficionado al baloncesto y lo lio todo; también vivían aquí algunos de los que ayudaron a sacar al equipo adelante. Ten en cuenta que en Viana jugamos un torneo de baloncesto desde el 72, y todavía lo hacen, yo ya no puedo, pero me acerco a saludar y tomar un vino, ha pasado gente magnífica, y fue una época muy bonita, aunque tuvieran que dejar el equipo algunos amigos míos para hacer hueco a los que venían de fuera».
El camino a seguir ya estaba trazado y solo faltaba señalizarlo para no dar pasos atrás. Monsalve, como portavoz del equipo, manifestó la confianza del grupo en los nuevos gestores y animó a arrancar la marcha sin la mochila a la espalda de la Asociación Deportiva Castilla y su relación directa con Guardia de Franco.
No había vuelta atrás. Las cartas ya estaban marcadas cuando la junta gestora y el capitán del equipo se reunieron en el Ayuntamiento con el alcalde, Francisco Fernández Santamaría; el presidente de la Diputación, Fernando Velasco; y el subjefe provincial del Movimiento, Jerónimo Díaz Alcalaya. De ahí salió la comunicación con la Federación Española de Baloncesto para ratificar la inclusión en la Primera División y el certificado de defunción del Castilla.
Primer partido en Palencia
El 27 de agosto de 1976 se firma el acta de nacimiento de la Asociación Deportiva Valladolid Club de Baloncesto, bajo una junta directiva que preside Gonzalo Gonzalo, y al que acompañan Juan Codina, Javier Fernández Cilleruelo, Germán Iglesias, Juan Pagés, Teodoro Rodríguez, Fidel Sanz y Rafael Viloria; la nota informativa, publicada el día siguiente en El Norte de Castilla, incluía el siguiente párrafo: «Considera totalmente imprescindible para poder seguir adelante con el equipo, de la forma digna que la ciudad merece, el apoyo total, tanto de la buena afición al baloncesto existente, como del comercio, industria e instituciones vallisoletanas». Palabras que mantienen su vigencia medio siglo después.
Pese a la zozobra, la noria del baloncesto siguió rodando: Moncho Monsalve rastreaba el mercado en busca del americano de turno; a los pocos días se fichó a José Manuel Beirán (olímpico en el 84), procedente del Real Madrid, que estaba contento con los jugadores que tenía vinculados en Valladolid; y el 2 de septiembre se vistió de corto por primera vez para disputar un amistoso en Palencia en las fiestas de San Antolín, un 55-88 contra el Barça de De la Cruz, Flores, Guyette o Escorial; y, ya a finales de septiembre, la presentación en Huerta del Rey durante el trofeo Virgen de San Lorenzo contra Estudiantes (85-103, contra los hermanos Sagi-Vela) y Basconia (103-98, con Querejeta), torneo que se llevó el Real Madrid de Walter, Rullán, Cabrera, Corbalán e Iturriaga.
