«Miró no es solamente un apellido, es una carga genética». Lo afirma Joan Punyet Miró, que se ‘instalará’ el 4 de septiembre en La Residencia Belmond de Deià con una exposición concebida específicamente para este espacio, en la que vuelve a cruzar algunas de las constantes de su trayectoria: color, poesía, naturaleza y música. El proyecto, que ha requerido aproximadamente un año de preparación, es también un homenaje a Robert Graves, Kevin Ayers y a la tradición cultural que convirtió este pequeño pero gran rincón de la Serra de Tramuntana en uno de los grandes focos de creación en la Isla durante los años 60 y 70.

El creador y nieto del genio catalán confiesa estar «muy emocionado» con esta exposición, que entiende como un homenaje a aquellos creadores y a toda una cultura del rock y la poesía. Considera que Deià fue entonces «el epicentro de la creación alternativa en Mallorca» y destaca especialmente la posibilidad de presentar su trabajo en La Residencia, tanto por el prestigio del hotel como por su integración en el paisaje de la Serra.

De hecho, la elección del lugar tiene para él un significado que va más allá de lo artístico. Punyet Miró ha defendido siempre la unión entre cultura y turismo y considera especialmente interesante que su obra pueda convivir con un establecimiento hotelero de lujo. Recuerda que La Residencia nació a partir de una antigua casa abandonada que Richard Branson adquirió y transformó en un espacio integrado en el entorno. A su juicio, esa acción demuestra que es posible unir «turismo, arte y calidad» en uno de los paisajes «más extraordinarios del mundo».

Así, la muestra reúne doce obras y una instalación, y ha sido creada expresamente para la sala. No se trata, aclara, de trasladar trabajos ya existentes, sino de construir un proyecto pensado para el espacio, un site-specific. La exposición reúne poesía, color y naturaleza e incluye un poema escrito directamente sobre la pared. Los cuadros están construidos a partir de «colores puros y primarios» porque, para el artista, «el color es un ser vivo que respira, una entidad capaz de transmitir emociones y sensaciones».

En esta búsqueda reconoce referencias como el azul de Yves Klein o los vacíos de Lucio Fontana. Su intención es unir esas investigaciones sobre el color y el espacio con la poesía y la naturaleza que rodea La Residencia. La poesía permanece incluso oculta detrás de cada cuadro. «No se ve, pero está ahí, es la esencia», detalla. También el rock forma parte de ese lenguaje, Punyet Miró escribe las canciones de su propia banda, Pullman, y entiende cada color como portador de un poema o de un verso.

Entre sus influencias aparecen también Patti Smith, por su capacidad «para unir rock y poesía», y Kandinsky, por «la libertad de la pintura abstracta». Esa mezcla define también su lenguaje actual, que Punyet Miró califica de «camaleónico» y «mutante», basado en tres pilares: poesía, rock y color.

Otro elemento fundamental es el azar. Punyet Miró menciona a Miles Davis y su capacidad para convertir un accidente en una oportunidad creativa. También recuerda Los campos magnéticos, de André Breton y Philippe Soupault, como ejemplo de una creación basada en el automatismo y la renuncia al control racional. Para él, el error no debe lamentarse, sino aprovecharse para abrir «puertas que no habías imaginado».

Mallorca

En este contexto, el pintor afirma que Mallorca es «central» en su obra; asegura que sus aguas, colores y cielos forman parte de su identidad y resume su relación con la Isla con una frase rotunda: «Yo soy Mallorca». Esa conexión con el territorio está también detrás de sus próximas colaboraciones. En febrero comenzará a trabajar con el ceramista Joan Català-Roig en la creación de cuarenta jarrones, un proyecto en el que volverá a explorar «el azar y la imprevisibilidad» de la cocción con fuego.

La conversación conduce finalmente al legado de su abuelo, Joan Miró, cuya obra vuelve a tener una importante presencia internacional con exposiciones en Washington, São Paulo y Shenzhen. Cree que esa vigencia demuestra que Miró sigue siendo «un artista universal», capaz de conectar con nuevas generaciones gracias a su lenguaje surrealista, su poesía y su extraordinaria paleta de colores.