El 27 de agosto no es una fecha cualquiera para Enric Mas.
Habíamos advertido que llegaba fino, dando señales previas a la Vuelta y ratificándolas en Andorra. Enric está fuerte.
No sé si como nunca, pero sí en una carrera donde corre Pogacar y después figura el resto, apretados, fallando un día uno y al siguiente el otro, pero en el mismo peldaño.
Enric pareció en Andorra estar en medio de todo y ser segundo tras el esloveno, como dijo Pello Bilbao tras ser segundo en Canadá, es como ganar.
Varios factores explican este rendimiento.
Contar con un segundo líder en la estructura, a pesar de la mala suerte de Cian, le ha liberado de presión.
Luego está la omisión del Tour, algo que su cuerpo reclamaba a gritos.
Mentalmente este chico es un libro abierto.
Le afectan las cosas, le perturban las críticas, algunas muy injustas pero no todas destructivas.
Sin embargo encajó con serenidad las palabras de Eusebio Unzue en el Giro, cuando dijo que estaba por debajo de las expectativas.
Las hizo suyas y ahora ofrece un nivel que revive los mejores días del equipo en las grandes, disputándole el trono al dominador del momento, tal como Nairo y Valverde rivalizaban con Froome.
Es un flashback de oro en el mejor momento, en plena gran vuelta.
Enric ha superado las secuelas de la lesión del año pasado, que le costó un mundo dejar atrás. De paso se ha hecho fuerte bajando.
Recordando miedos pasados, en el descenso del Bartolo camino de Castellón rivalizó a la perfección con Pogacar.
Tiene que estar contento y orgulloso de lo logrado, abrirse en rueda de prensa y sacar la alegría que lleva dentro.
Sabe que esto es largo y queda trecho, pero solo le pido una cosa: que vaya con todo.
Que no haga como hace dos años, cuando volaba en la Sierra de Granada y no terminó de apretar a Roglic.
Que siga percutiendo la fortaleza del esloveno porque la segunda plaza se pondrá cara con la crono final. Ahora que vuela, que pruebe en Valdelinares y Aitana con todo.
Esto es largo, pero por el camino se puede sentenciar.
Lo visto en las crestas que rodean Castellón ya no se lo quita nadie.



