El aumento de avistamientos de tiburones en zonas donde antes apenas se dejaban ver ha despertado el interés por conocer con exactitud qué probabilidad real existe de sufrir un ataque y, sobre todo, cuántos de esos episodios terminan en tragedia. Los datos científicos disponibles arrojan algo de luz sobre esta cuestión que genera cada vez más inquietud entre bañistas y surfistas.

Cuántos ataques se producen y cuántos son mortales

Según las estadísticas recopiladas a nivel mundial, cada año se contabilizan entre 60 y 80 encuentros de este tipo entre tiburones y personas. La inmensa mayoría de estos casos no acaban en fallecimiento, ya que se trata de mordeduras que, pese a su gravedad, no suelen ser letales.

Sin embargo, existe un porcentaje de incidencia grave. De acuerdo con organismos especializados como el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF), la cifra media de muertes anuales ronda las 6, con una horquilla que normalmente se mueve entre 5 y 10 casos fatales por ejercicio.

En cuanto a las zonas donde con más frecuencia se producen estos sucesos, tanto Estados Unidos —sobre todo en Florida— como Australia encabezan de forma histórica el listado de países con mayor número de encuentros entre bañistas y escualos.

Si se pone el foco en España, el balance resulta mucho más reducido: apenas 13 ataques documentados desde que existen registros fiables, de los cuales únicamente uno tuvo consecuencias mortales. Ese caso se remonta a 1902, a comienzos del siglo pasado, lo que da una idea de lo excepcional que resulta este tipo de suceso en aguas españolas.

Por qué 2025 se salió de lo habitual

A pesar de que las cifras suelen mantenerse dentro de unos márgenes relativamente estables año tras año, 2025 supuso una ruptura de esa tendencia. Durante los últimos doce meses se contabilizaron cerca de 12 ataques mortales en todo el planeta, una cifra que superó ampliamente la media histórica registrada hasta la fecha.

Los expertos que han estudiado este repunte apuntan a una combinación de factores climáticos y locales como posible explicación. Al analizar el patrón de las mordeduras ocurridas durante estas últimas oleadas, los investigadores detectaron que buena parte de los incidentes tuvieron lugar muy cerca de la costa, en particular en zonas próximas a desembocaduras de ríos y en las inmediaciones del puerto de Sídney, coincidiendo además con periodos de fuertes precipitaciones en la región.

Este tipo de circunstancias meteorológicas, según los especialistas, podría alterar el comportamiento habitual de estos animales y empujarlos hacia zonas más próximas a la orilla, lo que explicaría en parte el repunte de encuentros cercanos a la costa registrado el año pasado.