Un tribunal británico ha imputado este viernes por cometer «daños con tintes terroristas» a siete personas presuntamente responsables de realizar actos de vandalismo en el campo de golf de Turnberry, perteneciente al presidente estadounidense, Donald Trump, y situado en Escocia.
La casa club del hotel y resort de cinco estrellas Trump Turnberry, en la costa oeste de Escocia, fue objeto en marzo de 2025 de una serie de pintadas y grafitis en las que se podía leer «Gaza no está a la venta», además de varias excavaciones, según informaciones del diario The Guardian.
Actos de carácter «terrorista»
Los acusados han sido identificados como Kieran Robson, de 35 años; Uzma Bashir, de 56; Ricky Southall, de 34; Autumn Taylor Ward, de 22; Rebecca Sian Davies, de 29; John Moxley, de 58; y Dylan Chiaramello, de 24. Todos ellos deberán ahora comparecer ante la justicia el próximo 31 de agosto.
Han sido acusados de la comisión de delitos agravados vinculados a actos «de carácter terrorista» en un caso que llevó a las autoridades escocesas a pedir disculpas por lo sucedido en el campo de golf y a condenar los daños provocados a la propiedad.
Según se desprende de los documentos judiciales, la acusación alega que «dañaron intencionadamente la propiedad, excavaron el césped, rociaron glifosato o una sustancia similar y realizaron pintadas con lemas políticos y ofensivos en paredes y pilares». También habrían dañado el sistema de rociadores, causando inundaciones.
Los ecologistas, contra los campos
El año pasado, el líder de Los Verdes de Inglaterra y Gales, Zack Polanski, solicitó la expropiación de los campos de golf de Trump como primer paso ante la impunidad del «desequilibrado» de Trump. A raíz de la petición, la vicepresidenta ejecutiva de Trump International, Sarah Malone, dijo a la BBC que «los comentarios en relación con nuestros campos de golf en Escocia son ridículos e ignorantes y están hechos por un hombre que es un imbécil».
En declaraciones para The National, el portavoz de Asuntos Exteriores de Los Verdes escoceses, Patrick Harvie, calificó al magnate de «delincuente condenado por fraude», «racista» y «criminal de guerra» cuyas políticas «han generado miedo, violencia e inestabilidad en todo el mundo». Además, condenó la aquiescencia de los gobiernos escoceses y británicos porque «es rico, poderoso y posee un par de campos de golf».
Paralelamente, un grupo de activistas de Greenpeace irrumpió en abril en el exclusivo club de golf Trump Turnberry para instalar un parque eólico simbólico en pleno campo de juego. Con maquetas de aerogeneradores de tres metros de altura y una pancarta con el lema ‘Elige el viento, deshazte de Trump’, la organización ecologista protestó contra la postura del mandatario favorable a los combustibles fósiles. La acción buscó visibilizar las energías renovables como la mejor alternativa frente a la crisis climática y la volatilidad de los precios de la energía, antes de que las estructuras fueran retiradas pacíficamente para no interrumpir la jornada de los golfistas.
Entonces, los Verdes de Escocia, que comparten objetivos con los Verdes de Inglaterra, anunciaron que propondrían una investigación sobre la financiación de los campos de golf de Trump.