El adiós a Rafa Nadal fue duro para el mundo del deporte. El tenista mallorquín publicó apenas un mes después de colgar la raqueta una carta en The Players’ Tribune en la que repasó, con un sentimiento poco habitual, las lecciones que marcaron su carrera de más de 30 años.

En diciembre de se despidió del tenis en un texto al que tituló «El Regalo». Casi dos años después, sus palabras sobre disciplina, dolor, humildad y respeto siguen siendo una de las mejores despedidas que ha dejado un deportista español.

El objetivo de este ‘regalo’ era dar un último mensaje personal y sincero a los aficionados, más allá de la despedida en la pista. En la carta, el mallorquín recordaba la lección de su tío Toni cuando perdió uno de sus primeros encuentros a los 12 años: «Está bien, es solo un partido de tenis. Si quieres ganar, primero tienes que hacer lo que tienes que hacer».

Nadal siempre se ha definido por su perfeccionismo y autoexigencia, unas cualidades que él achacaba a esa «voz interior» que le llamaba para ser mejor.

«Me dijeron que probablemente nunca volvería a jugar tenis profesional»

Una de las grandes trabas que ha tenido el tenista balear es padecer el síndrome de Müller-Weiss, que casi terminó con su carrera a los 17 años. «Me dijeron que probablemente nunca volvería a jugar tenis profesional. Aprendí que las cosas pueden terminar en un instante. No es solo una pequeña grieta en mi pie, es una enfermedad. No hay cura, solo gestión».

Nadal, que empezaba a despuntar como tenista, recibió uno de los peores golpes que un deportista puede vivir tras el diagnóstico de esta enfermedad, de la que prácticamente no se sabía nada. Aun así, explica que fue su padre quien le ayudó a paliar el golpe:

«Pasé muchos días en casa llorando, pero fue una gran lección de humildad y tuve la suerte de tener un padre, la verdadera influencia que he tenido en mi vida, que siempre fue tan positivo. ‘Encontraremos una solución’, afirmó. ‘Y si no lo hacemos, hay otras cosas en la vida además del tenis’».

En esta carta, donde el tenista se abrió al completo, confesaba los nervios que sentía antes de cada partido y admitía que hubo momentos en los que pensó en tomarse un descanso mental completo.

«Durante la mayor parte de mi carrera, fui bueno controlando las emociones»

«Durante la mayor parte de mi carrera, fui bueno controlando las emociones. Con una excepción. Estaba muy acostumbrado al dolor físico, pero había momentos en la cancha en los que me costaba controlar la respiración y no podía jugar al más alto nivel».

A pesar de eso, el tenis siempre le ha traído grandes alegrías gracias a la resiliencia del balear. «Estoy lleno de recuerdos increíbles. Sin embargo, nunca puedes dejar de esforzarte. Nunca podrás relajarte. Siempre hay que mejorar, y esa ha sido la constante de mi vida. Superar siempre los límites y mejorar. Así fue como me convertí en un mejor jugador».

«Espero que mi legado sea que siempre traté de tratar a los demás con profundo respeto». Rafa quiso finalizar esta carta lanzando un consejo que le dio su padre: «Mira a tu alrededor y observa a las personas que admiras. Cómo tratan a la gente. Lo que amas de ellos. Actúa como ellos y probablemente vivirás una vida feliz».

«Profundo respeto y admiración a mis rivales»

Una lección que aseguró llevar consigo en cada partido que disputó: «No me impulsaba el odio hacia mis rivales, sino un profundo respeto y admiración. Durante más de 30 años he dado todo lo que pude por este juego».

Hoy, con Nadal dedicado a su academia y a sus proyectos empresariales, sigue vinculado al tenis como espectador. Sigue siendo la personificación de alguien que siempre tuvo los pies en la tierra y que siempre priorizó ser una buena persona por encima de cualquier cosa.