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Italia está liberando decenas de miles de pulpos jóvenes en el Adriático para intentar contener al cangrejo azul, una especie invasora vinculada a daños que el sector agrícola y pesquero cifra en unos 200 millones de euros en todo el país. Informaciones recientes sitúan en más de 130.000 los ejemplares liberados durante la campaña.

La operación parece sacada de una batalla submarina: criar al depredador del invasor para devolver cierto equilibrio al ecosistema. Pero detrás de esa imagen hay un experimento científico real. El proyecto Octo-Blu, impulsado por la Región de Emilia-Romaña junto con la Universidad de Bolonia, comenzó en 2024 para estudiar si el pulpo común (Octopus vulgaris) puede convertirse en una herramienta de control biológico frente al cangrejo azul (Callinectes sapidus). No se trata de introducir una nueva especie, sino de reforzar las poblaciones de un depredador que ya pertenece al ecosistema mediterráneo. 

Y existe una razón para intentarlo. El pulpo es un formidable cazador de crustáceos, mientras que el cangrejo azul posee una capacidad reproductiva extraordinaria y unas pinzas capaces de abrir los moluscos que sostienen parte de la economía pesquera del norte de Italia. La pregunta que ahora flota bajo las aguas del Adriático es tan sencilla como difícil de responder: ¿pueden suficientes pulpos inclinar la balanza?

Vecinos y equipos de rescate registran los escombros de un edificio derrumbado tras el terremoto que sacudió Cali (Colombia) el lunes 10 de agosto de 2026.

Un invasor de pinzas azules que amenaza uno de los grandes criaderos de almejas de Europa

El enemigo tiene nombre científico, Callinectes sapidus, y no procede del Mediterráneo. El cangrejo azul es originario de las costas atlánticas americanas y su llegada a Europa se relaciona probablemente con el transporte de larvas o huevos en las aguas de lastre de los barcos. El propio documento científico del proyecto de la Universidad de Bolonia señala este mecanismo como una de las hipótesis más probables para explicar su expansión

 

Octopus Paralarva Antonio Casalini

Los investigadores liberaron más de cien mil paralarvas de pulpo en el mar Adriático para ayudar a combatir el cangrejo azul invasor.

Su presencia mediterránea no es nueva. Lo verdaderamente preocupante ha sido su proliferación durante los últimos años. Las aguas cada vez más cálidas y la abundancia de ambientes costeros favorables han contribuido a crear unas condiciones excelentes para su expansión, hasta convertirlo en una seria amenaza para la pesca y la acuicultura italianas. 

El delta del Po y otras áreas del Adriático septentrional han sufrido especialmente sus consecuencias. Allí se encuentran importantes explotaciones de almejas y mejillones. Para un cangrejo equipado con poderosas pinzas y un apetito poco selectivo, esos cultivos constituyen prácticamente un bufé submarino. Los ejemplares consumen moluscos, peces y otros organismos, incluidas las almejas jóvenes que descansan sobre el fondo. 

El golpe económico ayuda a comprender la magnitud del problema. Las autoridades de Emilia-Romaña estimaron daños cercanos a 17 millones de euros desde 2022 solamente en esa región, mientras que Coldiretti ha situado las pérdidas acumuladas en Italia alrededor de los 200 millones de euros. 

Pero hay un detalle que vuelve especialmente difícil esta guerra: matar algunos cangrejos no basta. Su enorme capacidad reproductiva permite que las poblaciones vuelvan a crecer con rapidez. Frente a una invasión de semejante escala, los investigadores buscan una presión constante dentro de la propia cadena alimentaria. Y ahí aparecen los ocho brazos del pulpo.

Miles de pulpos nacidos en laboratorio: así funciona el experimento Octo-Blu

Durante cerca de dos años, los investigadores estudiaron simultáneamente la biología del cangrejo azul y las posibilidades de reproducción y cría controlada del pulpo. El objetivo era comprobar primero la relación depredador-presa antes de trasladar el experimento desde las instalaciones de acuicultura hasta el mar abierto.

Los resultados de laboratorio fueron suficientemente prometedores para avanzar. Los investigadores han observado incluso que un pulpo joven puede atacar un cangrejo azul de unos 400 gramos, una capacidad llamativa teniendo en cuenta la diferencia de tamaño que puede existir entre ambos animales.

Después llegó la fase más espectacular. Los primeros ejemplares nacidos bajo condiciones controladas comenzaron a ser transportados hasta el Adriático. Las liberaciones arrancaron los días 11 y 17 de junio de 2026 cerca de barreras artificiales sumergidas y continuaron durante agosto frente a zonas como Cesenatico y Riccione. El 24 de agosto se realizó una nueva liberación frente a Cesenatico, dentro de una campaña que posteriormente será seguida mediante monitorización científica. 

El lugar elegido tampoco es casual. Los pulpos necesitan refugios y estructuras donde esconderse, algo que los extensos fondos arenosos del Adriático septentrional no siempre proporcionan. Por eso el proyecto incorpora barreras y refugios artificiales que pueden aumentar las posibilidades de supervivencia de los animales liberados. 

Las cifras han convertido el experimento en noticia internacional. Los primeros balances hablaron de alrededor de 80.000 ejemplares, mientras que informaciones posteriores han elevado la campaña por encima de 130.000 pulpos jóvenes liberados. 

Sin embargo, 130.000 pulpos diminutos no equivalen a 130.000 futuros cazadores adultos. Las primeras fases de la vida de estos cefalópodos presentan una mortalidad elevada. El verdadero éxito del proyecto dependerá de cuántos sobrevivan, se adapten, encuentren refugio y terminen ejerciendo una presión apreciable sobre los cangrejos. Ese será el examen decisivo de Octo-Blu.