Damion Baugh, DJ Stewart y Kobi Simmons defenderán la elástica del Baskonia la próxima temporada después de sumar una segunda bandera a su estatus deportivo. … La República Democrática del Congo, Macedonia del Norte y Costa de Marfil son las nuevas nacionalidades que acaban de abrazar los tres azulgranas en un gesto que poco tiene que ver con el patriotismo. Tres estadounidenses que visten los colores de una selección nacional muy distante de su lugar de nacimiento, sin vínculos cercanos ni lejanos de tipo familiar o personal. Se trata de un proceso que, por mucho que genere cierta sonrisa floja, se encuentra plenamente normalizado en el negocio europeo del baloncesto.
Estados Unidos, un país en cuyas competiciones no hay limitaciones por razón de nacionalidad, es el principal exportador mundial de jugadores de baloncesto. También es la procedencia a la que más ‘aranceles’ se impone en el basket profesional a este lado del Atlántico. Luego, están los trucos y atajos para que un jugador nacido en Pittsburgh, estado de Pensilvania, puede competir con una selección nacional que le permita convertirse en europeo o miembro de un país con acuerdos de colaboración con la Unión Europea, caso los dos denominados cotonús. Dado ese paso, la licencia comunitaria queda resuelta y el club de turno gana un asiento para otro ‘extranjero’. El Baskonia se ha beneficiado este verano de este resorte con tres de los cinco nuevos jugadores contratados. Tres dianas que compensan con creces los intentos no consumados en los últimos tiempos.
Los casos de Baugh, Simmons y Stewart encarnan un florecimiento repentino de pasaportes poco habitual. De hecho, el club vitoriano solo ha logrado convertir a seis de sus jugadores estadounidenses en deportistas con rango comunitario desde que se endureciera el reglamento con la iniciativa promovida en mayo de 2015 por el Consejo Superior de Deportes (CSD). La terna de este verano se suma a otros tres expedientes: Matt Janning en septiembre de 2018 y Kamar Baldwin en noviembre de 2024 abrazaron la causa de Georgia para competir junto a Toko Shengelia, y Matt Costello abrió en agosto de 2021 el camino que ha completado Simmons como integrante de la selección de Costa de Marfil.
Tres supuestos
Seis ‘conversiones’ en doce temporadas dejan claro que se trata de procesos que no se resuelven con solo levantar un teléfono. En realidad, buscar una federación nacional que decida invertir en uno u otro jugador la única plaza de baloncestista naturalizado que permite la FIBA es la única vía para adecuarse a una normativa que solo concede el cambio de licencia a partir de tres supuestos.
Que se pueda acreditar la residencia en un país determinado de adopción, que alguno de los ascendientes familiares hasta el segundo grado de consanguinidad haya sido nacional de ese territorio o que haya participado en competiciones oficiales internacionales con la nación correspondiente. Es el marco restrictivo que impuso el CSD con su resolución de mayo de 2015 y que más adelante incluiría la Liga ACB en ese marco de contratación que sigue acotando en dos plazas el número de extranjeros por equipo. El esquema de cupos, con la figura entonces novedosa del jugador formado localmente, data de 2011 y no se ha modificado ni una coma desde entonces por muchos intentos desde la ACB para elevar, al menos, a tres el número de ‘americanos’.
Se trata de una configuración que, a juicio de clubes como el Baskonia, sigue viviendo a espaldas de la evolución de un mercado europeo escaso de calidad y nacionalidades donde elegir a precios razonables. Solo el CSD entró por decreto para dar un nuevo redactado a un concepto de nacionalización a través del que se colaron en su momento casos en los que mediaban matrimonios de conveniencia y obtenciones exprés de pasaportes. Ahora, los clubes y agencias de representación no solo miran el árbol genealógico de sus fichajes estadounidenses. También necesitan conexiones e influencia en las federaciones nacionales.