Lisboa, Japón, Mallorca o Irlanda. Javier Rey ha recorrido medio mundo entre rodajes, pero sigue prefiriendo Galicia como refugio.

En una entrevista publicada este 2026 por National Geographic, el actor de proyectos como El fantasma de mi mujer y La última noche en Tremor ha reafirmado su amor por una villa medieval ubicada junto a la ría, a la que, dice, siempre elegiría volver. Y no por nada: es el pueblo en el que se crió y que le sigue conquistando ya de adulto con sus estuarios, sus pazos históricos y sus cuatro playas, frente a las que los visitantes disfrutan de unos de los mejores berberechos de Galicia.

Con su situación privilegiada junto a la ría, Noia es uno de los mayores productores de este bivalvo y uno de los enclaves más recomendados para probar este marisco. El intérprete asegura que el lugar lo tiene todo: montaña, gastronomía y un mar que se reparte entre arenales de hasta un kilómetro, como el de Testal, que presume de su propio sistema de dunas.

El puente colgante que cruza el río Tambre en Noia.

El puente colgante que cruza el río Tambre en Noia. / Noia Turismo

El puente colgante, que cruza el río Tambre insinuando el agua que corre bajo los pies, es una de las atracciones favoritas de los más aventureros. De vuelta en la villa, las casas marineras y las retorcidas callejuelas de su casco medieval completan la escapada que Javier Rey trata de hacer siempre que la agenda le da un respiro y donde dice que descansará cuando se retire de la gran pantalla.

Así es Noia, la joya histórica que se levanta junto a la ría

Esta villa histórica de A Coruña cuenta con numerosas huellas del pasado. Las casas de piedra de su casco antiguo son un buen punto de partida para conocer de primera mano los paisajes que ya perfilaban el lugar hace siglos.

Un ejemplo son las viviendas marineras de la calle del Curro, que contrastan con las casas señoriales que salpican el pueblo en un estilo que va desde lo medieval a lo gótico. Alejándose de la zona urbana se encuentra el Pazo Pena do Ouro, cuyos pináculos y balaustradas del siglo XX ofrecen una imagen de postal que se asoma entre la vegetación.

De las mismas fechas es una de las construcciones más emblemáticas del concello de Noia, la central hidroeléctrica del Tambre, que permite a los visitantes alojarse junto a uno de los paisajes más memorables de la villa. Se trata del estuario y el embalse del río, en el que aún quedan vestigios de las pesqueiras y rodeiras que los pescadores empleaban antes en la captura de la lamprea.

La central hidroeléctrica de Tambre, construida en 1932.

La central hidroeléctrica de Tambre, construida en 1932. / Noia Turismo

El juncal de la desembocadura es el refugio de un gran número de especies, lo que le ha valido su integración en la Red Natura 2000. Para pasear y conectar con la naturaleza, se recomiendan dos zonas: la conocida como Devesa de Nimo -un bosque repleto de acebos, robles y avellanos– y el sendero que discurre junto al río Traba, en el que se pueden ver hasta una veintena de molinos medievales, los Molinos de Pedrachán.

Cuatro playas para despedir el verano

Este bonito municipio cerca de Santiago cuenta con cuatro playas para encarar la recta final del verano. En Redondelo se encuentra el arenal de Boa Grande y Boa Pequeña, este último más resguardado y con aguas tranquilas.

Una bandeja de berberechos, el plato estrella de Noia.

Una bandeja de berberechos, el plato estrella de Noia. / Noia Turismo

En Taramancos está la playa homónima, con formaciones rocosas que la dividen en calas, y la del Testal, que es la más amplia. Tras el baño en cualquiera de ellas, es aconsejable acercarse a alguno de los restaurantes de la villa para acabar el día con alguna de sus joyas gastronómicas: las almejas, los berberechos y la empanada, que se voltea en el horno como si fuera una tortilla de patatas.