El gigante del aceite italiano Coricelli está a un paso de comprar Deoleo por 500 millones de euros, adelantándose así en la puja a las andaluzas Dcoop y Acesur. Es una operación que le permitiría hacerse no solo con algunas de las marcas españolas líderes en el sector del aceite de oliva, como Carbonell o Koipe, sino también con enseñas italianas de primer nivel y con una fuerte presencia internacional como Bertolli, Carapelli, Sasso, Lupi o San Giorgio.
Son marcas por las que el grupo español, que dirige ahora Cristóbal Valdés, pagó en el pasado más de 830 millones de euros, unos 330 millones más de lo que vale ahora toda la empresa, o lo que es lo mismo, un 40% más. Esas compras, sin embargo, arrastraron a Deoleo a una grave crisis financiera, ya superada. La empresa es ahora líder en la venta de aceite de oliva a nivel mundial con el 8,3% de cuota, tiene plantas en España e Italia, presencia en 68 países con una treintena de marcas y almazaras repartidas por todo el mundo.

La joya de la corona es Bertolli, la marca que simbolizó la internacionalización de la antigua SOS y que, casi 20 años después, puede convertirse de nuevo en una de las piezas decisivas para determinar quién se queda con el oro líquido español. Hace 18 años, la empresa SOS Cuétara, antecedente de la actual Deoleo, daba uno de los pasos más ambiciosos de su historia. En julio de 2008, la compañía anunciaba la compra a Unilever del negocio mundial de aceite de oliva y vinagre de la marca italiana por 630 millones de euros.
Hoy, aquella operación, que le acabaría arrastrando a una situación muy complicadd, permite entender mejor la dimensión de la compañía, que ahora vuelve a estar en venta. SOS, propietario ya de marcas como Carbonell y Koipe, buscaba convertirse en un gigante mundial del aceite de oliva y acelerar su expansión internacional, especialmente en mercados como Estados Unidos, donde el consumo de aceite de oliva no para de crecer año tras año. La operación incluía la licencia mundial y perpetua de la enseña para aceite de oliva y vinagres premium, además de los negocios de aceite de Maya, Dante y San Giorgio y una planta industrial en Italia.
Bertolli
Bertolli era entonces uno de los grandes activos mundiales del sector. El negocio adquirido había cerrado 2007 con unos 380 millones de euros de ventas y alrededor de 60 millones de ebitda (resultado bruto operativo). La operación culminaba una estrategia diseñada por SOS, controlada entonces por los hermanos Jesús y Jaime Salazar, para ganar tamaño mediante adquisiciones en Italia. No era, de hecho, la primera operación. Antes de Bertolli, el grupo había comprado Minerva en 2004 por 63 millones de euros y Carapelli en 2005 por otros 132 millones más.
La compañía española pretendía así construir una plataforma internacional apoyada tanto en las marcas italianas como en las españolas y aprovechar el crecimiento del consumo de aceite de oliva en los mercados internacionales. El movimiento, sin embargo, llegó en un momento especialmente complicado. SOS tuvo que recurrir a desinversiones y financiación para afrontar la compra. En diciembre de 2008, cuando se completó la operación, la compañía había desembolsado 627 millones de euros. Para financiarla había vendido, entre otros activos, su negocio galletero Cuétara y había recurrido a un crédito sindicado de 994 millones. Aquel esfuerzo de expansión acabaría desembocando, sin embargo, en una profunda crisis financiera con tintes traumáticos.
El entonces presidente del grupo alimentario, Jesús Salazar, se autoconcedió un crédito de 212,7 millones de euros desde la propia empresa a Cóndor Plus, una sociedad que estaba vinculada directamente a él y a su hermano Jaime. La operación, que tenía como objetivo proteger su participación de control y que fue presentada inicialmente como parte de una estrategia para dar entrada a un fondo soberano en el capital de la compañía, terminó provocando un terremoto en el grupo.
Tras una auditoría de KPMG, SOS reformuló las cuentas de 2008 y pasó de declarar un beneficio de 32 millones a unas pérdidas de 190 millones, al provisionar el préstamo. Los hermanos Salazar fueron destituidos en abril de 2009 y la compañía inició acciones judiciales contra ellos. SOS, que, junto con la Fiscalía, acabó llegando a un pacto de conformidad con los Salazar, atravesó desde entonces una crisis que llegó a comprometer su viabilidad y tuvo que terminar desprendiéndose de activos y quedarse solo con su negocio aceitero, hasta convertirse en la actual Deoleo, el mayor grupo mundial de aceite de oliva envasado.
Y aquí aparece la paradoja casi dos décadas después. La compañía que nació, en buena medida, de aquella ofensiva internacional vuelve ahora al mercado. Los fondos CVC y Alchemy, principales accionistas hoy de Deoleo, han puesto a la venta la compañía, después de que esta haya conseguido sanear su balance y dejar atrás los años con números rojos.
El proceso ha despertado el interés de varios compradores industriales. Entre ellos está el grupo italiano Coricelli, que ha presentado una oferta valorada en unos 500 millones de euros incluyendo deuda y que, a día de hoy, parte como uno de los favoritos para hacerse con la compañía, ultimando ya, de hecho, un acuerdo de exclusividad para cerrar la operación. En la recta final del proceso han competido también la cooperativa andaluza Dcoop y Acesur, entre otros candidatos, pero sus posibilidades son ya muy escasas.
La clave de la operación
La ironía es que Bertolli, aquella marca italiana que SOS compró a Unilever para convertirla en uno de los pilares de su expansión mundial, se encuentra ahora en el centro de las discusiones sobre el futuro de Deoleo. La marca representa aproximadamente el 41% de los ingresos ordinarios del grupo, unos 336 millones de euros en 2025, y mantiene una posición especialmente relevante en Estados Unidos. De hecho, su potencial explica también parte de la complejidad de la compra.
Si Dcoop se hiciera con Deoleo, su participación del 50% en Pompeian, otra de las marcas líderes en EEUU, sumada al negocio de Bertolli en este país, elevaría considerablemente la cuota del comprador en ese mercado. Por ello, la cooperativa ha presentado a CVC distintas alternativas para sortear los problemas de competencia, contemplando desde la posibilidad de desprenderse de Bertolli, aunque eso suponga trocear uno de los principales activos de Deoleo, hasta la de vender su parte en Pompeian a su socio marroquí, la familia Devico. «Nosotros queremos mantenerlo todo. Queremos todo el negocio y sería una pena que Deoleo acabara troceada. Se tarda toda una vida en construir las marcas que tiene hoy la compañía», explicaba en una entrevista Lorenzo Coricelli, presidente de la empresa familiar que lleva su nombre.
Batalla abierta
Pero la batalla por el aceite ha trascendido al mundo empresarial, con la implicación directa tanto del Gobierno italiano como del español. Italia ha respaldado la propuesta de Coricelli, pidiendo al resto de empresas del sector que rechacen la firma de una alianza con Dcoop para repartirse Deoleo. Desde el Ejecutivo español, se ha intentado movilizar una alternativa en torno a Dcoop. Agricultura ha trasladado su apoyo a la cooperativa que preside Antonio Luque y, al contrario que Roma, que ha mantenido en todo momento la discreción, ha mostrado públicamente su respaldo a un comprador español.

Aunque el Gobierno está ahora analizando los próximos movimientos que puede llevar a cabo, la aplicación del escudo antiopas, como han reclamado las organizaciones de cooperativas, para frenar la compra de Deoleo por Coricelli se antoja muy complicada. Aunque Deoleo es una compañía cotizada, la operación se realiza sobre su matriz, Deoleo UK, con sede en Reino Unido. Además, el sector del aceite de oliva no figura entre los ámbitos estratégicos que permiten activar este mecanismo, lo que reduce aún más el margen de actuación del Ejecutivo.
Y a ello se suma que la oferta de Coricelli se articula a través de una sociedad española, otro elemento que dificulta que pueda considerarse una inversión extranjera susceptible de quedar sometida al escudo antiopas. Con estos condicionantes, el Ejecutivo tendría que encontrar una justificación adicional, vinculada a algún activo o actividad considerada estratégica, para poder intervenir en la operación. Si todo transcurre conforme al calendario previsto, la operación podría quedar cerrada entre septiembre y octubre, a la espera, eso sí, de las autorizaciones correspondientes. De este modo, Deoleo culminaría el proceso de cambio de control.