Veinticinco años después de jugar su último partido como profesional con la camiseta del extinto Cáceres CB, Pepe Arcega volvió a mirar hacia arriba. Esta vez no para localizar a un compañero ni para ordenar un ataque. En el techo del pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza comenzaba a elevarse una enorme camiseta roja con el número 10. El suyo. El que ya no volverá a vestir nadie allí porque desde este viernes pertenece definitivamente a la historia.
Zaragoza rindió homenaje anoche a José Ángel ‘Pepe’ Arcega durante el descanso del partido entre España y Portugal. El dorsal del histórico base quedó suspendido junto a los de su hermano Fernando Arcega y Pilar Valero, otros dos nombres propios del baloncesto aragonés. «Nunca lo imaginé», resumió el homenajeado después de recibir la ovación del Príncipe Felipe.

La camiseta de Pepe Arcega, colgada del pabellón Prínicipe Felipe de Zaragoza. / El Periódico de Aragón
Pero aunque Zaragoza explique casi toda la historia de Arcega, Cáceres escribió su último capítulo como jugador. Y no precisamente uno pequeño.
Cuatro años en Cáceres
Después de hacer prácticamente toda una vida en el CAI Zaragoza y disputar una temporada en Vitoria, Arcega aterrizó en Cáceres en 1997. Llegaba con 33 años, una edad ya considerable para un base, pero todavía le quedaban cuatro temporadas en la ACB. Allí terminó jugando hasta 2001 y allí dejó también las últimas gotas de aquel baloncesto cerebral que le había convertido en uno de los grandes bases españoles de su generación.
En total, disputó 126 partidos oficiales como verdinegro, una cifra que da dimensión a su importancia dentro de aquel Cáceres de finales de los noventa y comienzos de siglo. No fue un veterano que llegase a Extremadura únicamente a despedirse. Arcega continuó siendo un jugador con peso, experiencia y capacidad para dirigir al equipo en algunos de los años más recordados del club en la máxima categoría.

Arcega defiende a Millera en un Pamesa Valencia-Cáceres CB. / Efe
Su última temporada, la 2000-01, dejó además una de esas páginas que permanecen en el imaginario del baloncesto cacereño. Con 36 años, Arcega formó parte del veterano Cáceres de Alfred Julbe que en la Copa del Rey de Málaga eliminó al poderoso Tau en cuartos de final antes de caer frente al Real Madrid en semifinales.
Cáceres fue también su despedida
El final llegó poco después. Los problemas físicos terminaron obligándole a retirarse en 2001, con 37 años. Cerraba así una larguísima carrera en la élite, marcada sobre todo por su etapa zaragozana, pero cuyo punto final quedó escrito en Cáceres.
Había ganado dos Copas del Rey con Zaragoza, disputado una final europea y vestido en numerosas ocasiones la camiseta de la selección española. Su ciudad natal terminaría reconociendo aquella trayectoria y ahora ha dado un paso más reservándole un lugar permanente en lo alto del Príncipe Felipe.
Y, sin embargo, la historia de Arcega con Cáceres no terminó cuando dejó de jugar.
Una relación con algún desencuentro
En 2002, Arcega tuvo un papel protagonista como intermediario en el frustrado intento de compra del Cáceres, cuando la entidad todavía militaba en la ACB. Aquello enturbió durante algún tiempo una relación que hasta entonces había sido prácticamente de cariño absoluto.
Este periódico lo comprobó dos años después, cuando en octubre de 2004 Arcega regresó al Multiusos convertido ya en director general del CAI Zaragoza. Aquel reportaje llevaba un título suficientemente expresivo: ‘Arcega, ambigua vuelta’.
El antiguo base no ocultaba entonces que seguía dolido por lo ocurrido alrededor de aquella fallida operación. «La maldad con la que algunos me trataron entonces superó el aspecto meramente personal», aseguraba. Pero inmediatamente separaba aquella controversia de la relación que había construido durante cuatro temporadas en la ciudad: «Dejé muchos amigos allí y siempre lo serán».
Incluso enfrentándose al Cáceres desde los despachos del CAI admitía una sensación que explicaba bastante bien hasta dónde había calado su etapa extremeña. «Quiero que el club para el que trabajo gane, pero esa sensación no es tan fuerte como otras veces. No veo a Cáceres como rival para mí», confesaba entonces. Han pasado casi 22 años de aquellas palabras.
«Se lo merece»
El homenaje de este viernes también ha sido recibido con satisfacción entre quienes compartieron aquellos años con Arcega en Cáceres. Toni Pedrera, antiguo compañero y amigo suyo durante su etapa en la ciudad, lo resume en tres palabras: «Se lo merece».
Una frase breve pero significativa viniendo de alguien que conoció al jugador desde dentro del vestuario y que mantiene con él una relación de amistad. Porque más allá de los títulos, los partidos internacionales o los reconocimientos posteriores, la huella de Arcega en Cáceres también se mide por los vínculos personales que dejó tras cuatro temporadas vestido de verdinegro.
El viernes ya no había ninguna ambigüedad. El Príncipe Felipe se puso en pie y el dorsal 10 ascendió lentamente hasta quedarse para siempre sobre la pista. Allí estará junto al de su hermano Fernando y al de Pilar Valero, formando parte del pequeño santuario reservado a las grandes figuras del baloncesto zaragozano.
Zaragoza se queda legítimamente con la mayor parte de su leyenda. Allí creció como jugador, allí ganó, allí se convirtió en internacional y allí su número 10 acaba de hacerse eterno. Pero en esa camiseta que desde anoche contempla desde el techo del Príncipe Felipe a las nuevas generaciones hay también un pequeño trozo de Cáceres.
Porque fue en el Multiusos donde Pepe Arcega gastó sus últimos partidos, donde dirigió por última vez un equipo desde la pista y donde terminó una carrera iniciada casi dos décadas antes. 126 partidos verdinegros después, Cáceres sigue formando parte de la historia del ‘10’ que Zaragoza acaba de retirar.

Arcega presiona a Ferrán López, otro ex del Cáceres, en un Fuenlabrada-Cáceres CB. / Efe