Miguel Ángel Asio Zurbano, hijo de Peru Txiki, llega a la cita con docenas de fotos, recortes de prensa y anotaciones, material suficiente como para escribir una monografía sobre su padre. Comienza diciendo que Tomás Asio nació en Zarautz, aunque sus orígenes familiares eran enteramente navarros. Fue el segundo de los cuatro hijos de Sinforosa Arboniés Lesaca, natural de Aspurz, y Hermenegildo Asio Andueza, nacido en Guirguillano. La amistad del padre con el famoso industrial José Luis Orbegozo posibilitó que el matrimonio se desplazara a trabajar a Zarautz, donde un 7 de marzo de 1919 nació el propio Tomás, aunque nueve años más tarde regresaron a Pamplona, de donde ya no se movieron. En 1936 Tomás es movilizado para ir a la guerra en el bando “nacional”, y combatió en el frente de Burgos, donde la onda expansiva de un proyectil le hirió de gravedad. Su hijo Miguel Ángel me muestra una foto, en la que se ve a un jovencísimo Peru Txiki, postrado en la cama del hospital de campaña, sonriente pero con aspecto demacrado. Y es que la bomba le causó una lesión de corazón que habría de arrastrar de por vida, y que le hacía perder el aliento ante cualquier ejercicio físico. Serie Vidas ejemplares de Pamplona.

Se casó con una joven de Olite, María Luisa Zurbano Peralta, con la que tendría siete hijos, domiciliándose en el nº 11 del Segundo Camino del barrio del Mochuelo. Su primer trabajo fue con un familiar que vendía odres de aceite en la calle de San Lorenzo, pero para sacar adelante a su prole debió de emplearse a fondo. Construyó unos gallineros donde actualmente se ubican las bodegas Leyre, en los que criaba gallinas, conejos, patos, corderos y cerdos, y se empleó sucesivamente en tres granjas avícolas, en la fábrica de calzados Lambreabe de Pío XII, y en una empresa de limpieza de cristales. En 1954 entró a trabajar como ordenanza en el ambulatorio General Solchaga, donde ejercía también como traductor de euskara para los pacientes que acudían sin saber castellano. Para complementar la economía familiar recorría además los cines de Pamplona, recogiendo el carbón de calefacción que no había combustionado bien. Ayudado por su hijo Miguel Ángel lo llevaba hasta casa en un carrito, filtraba el hollín y la escoria ayudándose de un somier, y el resto aprovechable lo vendía luego Mª Luisa a domicilio. Con la ayuda de su amigo “Copi” incorporó un motorcillo a una bicicleta, prototipo al que llamaron “Mosquito”, de concepción similar a las “Velosolex” francesas. Con este “Mosquito” transportaba chuches y polos helados que compraba en una heladería del paseo de Sarasate hasta la playa de Oricain, donde se los revendía a los acalorados bañistas. Posteriormente compró para sus desplazamientos un automóvil, un Citroën “Pato” con asientos desmontables para poder cargar el carbón, y más tarde un motocarro.

Un artista versátil

Tomás Asio empezó su carrera como cantante en 1947, en la denominada Agrupación Diamante, con la que actuaba en las veladas del desaparecido Café Kutz, en el Coliseo Olimpia y otros lugares, colaborando más tarde también con Los Amigos del Arte. Unos cuadernos con letras de canciones que nos muestra su hijo, muy gastados por el uso, dan una idea de lo variado de su repertorio. Hay allí habaneras, jotas, tangos, rancheras, canciones populares y sanfermineras, y no faltan temas en euskara como la preciosa nana “Haurtxo polita”, el “Boga-boga” o el “Agur Jaunak”. Numerosas notas en prensa dan cuenta de sus actuaciones, y un recorte de Arriba España (25-6-1948), informa de que la orquestina Diamante había conseguido el primer premio en el concurso celebrado aquel año en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Eran los años en los que la prensa local se refería a él como “el inmejorable cantor Tomás Asio” (Hoja del Lunes, 9-2-1948).

Tomás Asio, en una imagen de sus últimos años.

Aunque se ha escrito que su estreno como humorista data de 1961, tenemos datos para adelantar dicho inicio al menos nueve años. El 12 de enero de 1952 el desaparecido diario Arriba España informaba de una gala en Capuchinos, que iba a ser amenizada por “el ingenioso artista Tomás Asio”, y al mes siguiente Diario de Navarra anunciaba un acto en Salesianos, con “las ocurrencias de Asio, su gracia y hablar vascos”. De nuevo en Arriba España, aquel mismo año informaba de un acto donde iba a actuar con sus “cuentos vascos” (21-6-1952). La razón para este cambio de orientación profesional parece radicar en una actuación del humorista vasco Pello Kirten, a la que asistió en La Perla de San Sebastián, y que le gustó muchísimo, decidiendo imitar su estilo y aquella estética marcadamente euskaldun. Miguel Ángel Asio nos trae una lista de los lugares en los que actuó su padre, en galas muchas veces benéficas, llevadas a cabo en lugares como la Misericordia, el Hospital, las Hermanitas de los Pobres, el manicomio o la cárcel. Actuaba también en bodas y celebraciones, y la lista de los pueblos a los que viajaba abarca toda Navarra. En los pueblos del norte realizaba sus intervenciones en euskara, contándose actuaciones en localidades de Baztan, Malerreka, Sakana, Ultzama, Larraun y otros lugares. Su hijo nos menciona una, celebrada enteramente en euskara en el pueblo de Ostiz, a tan solo 14 kilómetros de Pamplona. Según dice, Peru Txiki tenía preferencia por las actuaciones en este idioma, y fue en la crónica de una de ellas, en el campeonato de bertsolaris de Baztan, celebrado el 3 de junio de 1961 en Irurita, donde vemos reflejado por primera vez en la prensa el nombre artístico Peru Txiki.

Blanco como la leche

Tomás Asio solía desplazarse a los pueblos en taxi, a menudo acompañado por alguno de sus “partenaires”, como el mago Ricardo Rebolledo “Jamalandruki” o el humorista José María Diarte “Txomin”, y algún músico. Cobraban una o dos pesetas por la entrada, y llevaban además dulces, pastas y alguna botella de licor, con la que montaban una rifa en el “intermezzo” del espectáculo. Si en algún pueblo la actuación había de suspenderse por el mal tiempo, o si la recaudación no alcanzaba para cubrir los gastos, el propio taxista, un tal Esparza, que tenía su parada junto al bar Espejo, le quitaba importancia, diciéndole “no importa, otro día me pagarás…”. En otro orden de cosas, y según el testimonio de quienes lo conocieron, el humor de Peru Txiki era apto para todos los públicos. Su personaje combinaba la aparente inocencia del baserritarra vasco con salidas rápidas, inesperadas, ingeniosas y aceradas. Buena parte de sus actuaciones se construían en base a “susedidos” supuestamente verídicos, malentendidos, meteduras de pata al utilizar mal el castellano, disparatadas visitas al médico, bodas y banquetes, y era tan “blanco” que a menudo eran los propios curas quienes le llamaban para actuar en los salones parroquiales de los pueblos. Este hecho facilitó además que, en lo más duro del franquismo, un humorista que paseaba por los escenarios el alma vasca de Navarra triunfara, y que actuara semanalmente en programas de radio de gran audiencia, como los de El Tío Ramón en Radio Requeté o los del padre Marino Zugasti en Radio Popular. Fue tal su popularidad que llegó a actuar en recintos militares y hasta en algún cuartelillo de la Benemérita, donde, según me cuenta su hijo, se permitió contar algún chiste sobre guardias civiles, “subidito de tono”, que sin duda tuvo que acercarse mucho al límite de lo permitido.

Últimos años

Como he dicho más arriba, la lesión de corazón que sufrió en la Guerra Civil le dejó físicamente muy limitado, y aunque en 1979, cuando tenía ya 60 años, le realizaron una intervención quirúrgica que le mejoró muchísimo, lo cierto es que aquel mismo año le concedieron la incapacidad laboral y pudo jubilarse. Siguió actuando esporádicamente durante los años 80 y 90, aunque su última aparición en prensa tiene que ver con las bodas de diamante que cumplió con su mujer María Luisa, el 15 de mayo de 2004. Falleció el 14 de abril de 2005, cuando contaba 86 años, y sus amigos le dedicaron un homenaje al mes siguiente, el 15 de mayo, en uno de los escenarios que más había frecuentado en vida, el salón de actos de la pamplonesa Casa de Misericordia.