El apodo no es casualidad. Durante su etapa en la NBA, su potencia, capacidad de salto y voracidad para ir al rebote le valieron el sobrenombre de ‘Manimal’, una etiqueta que con el paso de los años ha terminado convirtiéndose en parte de su identidad. El propio Faried lo reconoce: “Sí, claro. Forma parte de mí y de la energía con la que juego”.

Y esa energía es, precisamente, una de las señas de identidad de su baloncesto. “Intento disfrutar, ser yo mismo y aportar energía. Me gusta celebrar una buena defensa, un rebote, un tapón o una acción de un compañero. Creo que la energía se contagia”, explicaba. Una manera de entender el juego que encaja con lo que el Baskonia puede buscar en él: intensidad, presencia física y capacidad para hacerse notar sin necesidad de tener el balón en las manos.

Una mentalidad competitiva

Su llegada a Panathinaikos también demuestra su capacidad de adaptación. Estaba en Taiwán cuando recibió la llamada de su agente y terminó viajando a Grecia. “Fue un torbellino. Literalmente estaba pensando en jugar al día siguiente en Taiwán, porque teníamos partido, y terminé subiéndome a un avión rumbo a Grecia”, relataba. Apenas tuvo tiempo para aprender los sistemas antes de comenzar a jugar.

Oficial: Faried llega al Baskonia para la campaña 2026-27


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Faried tiene claro que su papel no pasa por salvar a ningún equipo. “No llegué pensando en salvar nada. Llegué para sumar, aprender lo necesario y competir. El baloncesto es un deporte de equipo. Mis compañeros hacen que yo también pueda verme bien”. Un mensaje que puede definir perfectamente su encaje en el Baskonia: aportar sin necesidad de ser el protagonista.

El rebote como filosofía

El rebote ocupa un lugar central en su manera de entender el juego. “Si fallas, no te quedes mirando: ve a por el rebote. También sirve para la vida. Si algo no sale, vuelve a intentarlo. Confía en que puedes crear una segunda oportunidad”, explicaba. Una mentalidad que puede convertirse en una de sus principales armas en la pintura azulgrana.

También tiene una receta para afrontar los errores: “Intento tener memoria corta. Si pasa algo, tienes unos segundos para aprender de ello y continuar. No puedes quedarte atrapado en una pérdida, un tiro fallado o una decisión arbitral. La siguiente jugada es la más importante”.

Once agencias controlan el renovado Baskonia


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A sus 36 años, Faried asegura que todavía tiene margen para mejorar. Cuando le preguntaron qué quería seguir trabajando, respondió con contundencia: “Todo. Siempre hay algo: lectura, tiro, defensa, comunicación. Nunca quiero sentir que ya está”. Su experiencia en distintos países, además, le ha obligado a desarrollar una rápida capacidad de adaptación.

La familia también tiene un peso importante en su manera de competir. Especialmente su madre, a quien atribuye buena parte de sus valores. “Me ha enseñado a trabajar, a seguir adelante y a no dar nada por sentado. Gran parte de mi forma de competir viene de ahí: esfuerzo, humildad y seguir peleando”. Una mentalidad que explica en parte la personalidad de un jugador que nunca parece dispuesto a dar una posesión por perdida.

El nuevo azulgrana también concede importancia al vestuario. “Cuando llegas a un equipo nuevo, lo más importante es sentir que puedes ser tú mismo. No intento forzar nada. Juego duro, compito, intento ayudar y disfruto del momento”. Ahora tendrá que trasladar esa filosofía al Buesa Arena y ganarse a una afición que suele conectar con los jugadores que dejan todo sobre la pista. Su forma de competir y su capacidad para contagiar energía pueden convertirle rápidamente en uno de esos jugadores que hacen que la grada se levante de sus asientos.