Madrid
El gran juicio a Meta, el más importante al que se ha enfrentado la compañía de redes sociales como Instagram, WhatsApp o Facebook desde la crisis por Cambridge Analytica, ha llegado a su fin antes de lo previsto. Lo que estaba llamado a ser uno de los mayores procesos judiciales de la historia en lo que a redes sociales se refiere ha terminado con un acuerdo económico inesperado que lo ha cerrado de forma anticipada.
El juicio
Todo comenzaba en octubre de 2023, cuando una coalición de 33 estados presentó una demanda federal en California contra Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, fundada por Mark Zuckerberg.
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En ella, estos 33 estados, que más adelante se redujeron a 29, acusaban a la compañía de haber diseñado de forma deliberada sus redes sociales para generar una adicción en menores de edad. Además, los demandantes también señalaban a la empresa de Zuckerberg por, presuntamente, haber ocultado los riesgos que estas redes sociales podían tener en la salud mental de los menores.
Y es que ya en 2021, UNICEF alertaba de que aproximadamente un 33% de los adolescentes presentaba un uso problemático o adictivo a las redes sociales. Además, en un informe presentado por el ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública se detallaba que a un 44% de los niños y niñas las redes sociales les quitaba tiempo de estudio y que un 26% reconocía estar bastante o mucho tiempo solo desde que se usa dispositivos tecnológicos.
Meta llegó a este juicio con un frente abierto y un riesgo enorme en dos planos. Por un lado, las sanciones económicas, que podrían haber alcanzado billones de dólares si se aplicaban las sanciones máximas previstas en los primeros momentos del proceso, y por el otro cambios obligatorios en Instagram y Facebook que podrían haber modificado una de sus herramientas más codiciadas: el algoritmo.
Un diseño «adictivo» para menores
El punto clave del juicio, ese que intentaban probar los demandantes, era, precisamente, un diseño adictivo que habrían implementado los ingenieros de la compañía. «Meta y todos los algoritmos y personas que se dedican a esto lo saben. Tienen super estudiado el cerebro de los niños y adolescentes. Los mejores psicólogos que te vas a encontrar están en esa empresa», explica Sandra Moro, psicóloga clínica educativa especializada en medicina del sueño.
Lo esencial está ahí, en ese algoritmo que, según los expertos, genera una dopamina en dosis y de forma continuada en los menores que utilizan estas redes sociales que, entre otras cosas, provoca una pérdida del placer por las pequeñas cosas en los adolescentes. «Estos hábitos que se les suele pedir mucho de recoger el desayuno o hacer la cama, no van a encontrar un placer ahí», señala la psicóloga.
El resultado es una adicción que cada vez empieza antes. Moro asegura que «nunca en la vida» había tenido en consulta «niños tan pequeños con ataques de pánico o ansiedad». «El enfado que tienen por estar en una clase escuchando a un profe echándoles un sermón sobre x… sus cerebros no están habituados a eso y ya no quieren eso», explica Sandra, que señala cómo estos niños «ya no se quieren relacionar porque se relacionan por el móvil».
Una adicción que según los demandantes y miles de familias en Estados Unidos es prácticamente imparable, debido a la edad cada vez más temprana en la que los menores adquieren teléfonos móviles y redes sociales. Algunos de los primeros síntomas de esta adicción, son «una reducción de la atención, trastorno del sueño o el sedentarismo», tal y como explica Gustavo Rodríguez, psicólogo sanitario.
«Generan tipos de ansiedad por no tener el móvil cerca, de no estar continuamente mirando las notificaciones, si han respondido mensajes o no. Hay incluso un tipo de aislamiento por parte de ellos», añade el especialista, que relata cómo ha tenido jóvenes en su consulta «que dejaban de asearse».
Esa necesidad por estar todo el rato mirando al teléfono es, de hecho, uno de los pilares fundamentales de la demanda de los 29 estados, quienes acusan a Meta de crear un diseño pensado para maximizar el tiempo de permanencia de los menores y la frecuencia de uso. A través del conocido como «scroll infinito», potenciado en gran medida por el algoritmo, así como del autoplay en los vídeos o los sistemas de «me gusta», la compañía ha logrado, según la acusación, enganchar a sus redes sociales a cientos de miles de menores.
Una adicción que se trabaja mientras el algoritmo sigue en las redes
El trabajo frente a estas adicciones tiene que convivir a diario con la resistencia de ese diseño adictivo en Instagram o Facebook, algo que quería cambiar la parte demandante en este proceso judicial. «Lo habitual no es levantarse por la mañana y encender el móvil. Lo habitual es desayunar o hacer otras cosas. Eso primero puede ser una señal de alerta», explica Rodríguez, en relación al momento en el que el adolescente o su entorno son conscientes de que este tiene una adicción a las redes sociales.
«Lo que sí nos alerta, igual que puede pasar a una dependencia a drogas, es cuando dejas de hacer otras cosas por hacer eso, por estar delante de la pantalla en una red social. Cuando dejas amistades, actividades y otras cosas que antes producían placer, ahí ya vemos señales de alarma», explica.
Sandra Moro añade, además, que todo eso «hace que haya niños deprimidos porque no sienten placer a corto plazo por absolutamente nada, porque esa dopamina tiene que ser a niveles tan sumamente altos que nada lo genera».
En el caso de Marc Masip, fundador y presidente de Programa Desconecta y especialista en redes sociales, estas son «la heroína del siglo XXI». Masip creó la asociación en 2012 al contemplar una «necesidad» en los adolescentes en cuanto a salud mental. «Qué menos que dedicar nuestra vida y nuestra parte vital laboral a ayudar a estos adolescentes tan indefensos ante un algoritmo tan potente», señala.
Un acuerdo económico inesperado
La expectación en torno al juicio recaía no solo en la magnitud del mismo, sino también en otros factores, como la posible intervención del creador de Facebook, que se podría haber llegado a sentar en el banquillo de haber continuado el proceso. Sin embargo, el acuerdo económico entre los demandantes y Meta ha caído como un jarro de agua fría en las familias afectadas, que ven en sus hijos e hijas daños irreparables que tampoco se solucionarán en un futuro cercano.
La compañía ha cerrado un proceso judicial histórico tras haber acordado pagar más de 16 millones de euros a los 29 estados demandantes, una cantidad mucho menor que la que se preveía en un primer momento.

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Junto a este pago, Meta tendrá que implementar ligeros cambios en sus redes sociales, como la imposición de un bloqueo nocturno automático, limitaciones de tiempo o quitar las notificaciones en determinados horarios. Todas ellas, aún así, no afectan al propio diseño de Instagram o Facebook, ni se acercan a la modificación del algoritmo tan solicitada por las familias.
Son al menos 3.000 las que van a continuar con sus otras demandas a Meta. Y es que el gran juicio a la compañía llega a su fin, pero la batalla social sigue siendo uno de los grandes obstáculos de Zuckerberg frente a la justicia. Como muchas familias, Masip también considera que, a pesar de los argumentos o acuerdos económicos, «Meta tiene la plena conciencia» de lo que diseñó hace ahora dos décadas.