Cartagena puede presumir de tener cuatro cronistas oficiales y que uno de ellos sea José Sánchez Conesa, natural de la Diputación de La Palma y con el que he colaborado en multitud de iniciativas vecinales, culturales, etnográficas y de patrimonio desde que, siendo adolescentes, compartíamos autobús para ir al Instituto Isaac Peral de Cartagena. Para sintetizar, diremos que Pepe, además de historiador, investigador, divulgador e intelectual es un miembro muy significativo de esa ‘cofradía’ de enamorados de nuestra comarca. Un creyente activo en que «Cartagena es un unicipio diverso dentro del Campo de Cartagena».
Pepe nació en La Palma, pero su árbol familiar tiene raíces en diversas localidades de la zona: «Mi padre es de El Jimenado y mi madre de El Estrecho de Fuente Álamo. Mi abuelo era quincallero por el Jimenado y finalmente, con el regadío, se cambió al oficio de hacer pozos, estableciéndose en La Palma, oficio al que mi padre ha dedicado toda su vida laboral». Le había hecho a Pepe unas fotos en las rejas ‘buche de paloma’ que hay en la plaza frente a la iglesia de La Palma, una casa que fue de su familia y de la que tiene muchos recuerdos. Finalmente, publico aquí otra que le he hecho este verano en Los Alcázares, junto a uno de sus balnearios.
Casi coincidiendo con la independencia municipal de la localidad marmenorense, sus padres se compraron una casa junto a la playa. Una casa que luego han ampliado para dar independencia a ellos y a sus hijos. Se entiende así la gran vinculación cultural y afectiva que nuestro cronista tiene con el municipio marmenorense donde pasa, como tantas familias de los pueblos vecinos, los rigores estivales.
«Soy el fruto de muchas historias que he ido recogiendo de las gentes del campo, de mi familia y, sobre todo, de mis abuelos y de mi padre, como aquella de que antiguamente se subió un burro a lo alto de la torre a que se comiera un cerrajón que allí había nacido, en lugar de arrancarlo y bajárselo. Atado al cuello, mientras le tiraban para que subiera, el animal llevaba ya la lengua fuera y los paisanos decían: «. A Pepe le gustan estas historias populares, la costumbres, las tradiciones y las leyendas. Tras el bachiller estudió Historia en la Universidad de Murcia y luego se doctoró en Antropología Social y Cultural en la UCAM. Habría sido un gran profesor pero en su vida ha compaginado su trabajo de visitador médico con escribir libros; una columna semanal en la prensa; participar en diversos congresos y publicaciones especializadas, y dar numerosas charlas para las que se le reclama desde multitud de localidades e instituciones.
Pepe ha destacado siempre por su hondo compromiso en instituciones culturales, sociales y parroquiales. Confiesa que le marcaron los años que formó parte del proyecto renovador y comunitario de iglesia de base: «Con aquellos jóvenes curas del Concilio Vaticano II, como José María Campos o Juan Pedro Fernández”. Con 16 años se planteó ir a misiones y hasta ser cura parroquial. Quizás la fe le flaqueó, pero le quedó la conciencia social, el compromiso por los demás y la cercanía de buena gente que le caracteriza.
En 1986 se acercó a colaborar con la directiva de la Asociación de Vecinos de su pueblo, sobre todo en temas culturales y de acción social. Con el tiempo comprendió que los problemas que afectaban a su pueblo eran comunes a los de otras pedanías (diputaciones) de Cartagena, por eso colaboró con la Federación de AAVV y con la creación de ‘Tierra Nueva’ y de la ‘Liga Rural’, organismos vecinales para la defensa de los pueblos de la comarca.
Recuerda especialmente a los profesores que le marcaron en la facultad, como Paco Chacón, García del Toro, Sebastián García Martínez o Antonino González Blanco. «Terminé el bachiller en el Luis Manzanares de Torre Pacheco y fue el profesor Santiago Delgado quien nos animó a recoger testimonios orales de los viejos de nuestros pueblos para luego desarrollarlos literariamente». Me confiesa: «Los de nuestra generación sufrimos una falta tremenda de plazas en las oposiciones a nuestros estudios universitarios y la necesidad de haber salido fuera de nuestra Región, así que los que estábamos tan implicados a nivel social y cultural en nuestro entorno, optamos por buscar otras salidas laborales, al tiempo que manteníamos nuestra vocación intelectual».
Durante unos años estuvo implicado en el Grupo de Scouts de La Palma, como monitor. «Me siento muy orgulloso de haber promovido desde ahí la recuperación del aguilando de nuestro pueblo, que no se había cantado por los cuadrilleros desde 1962. Luego ha sido el Grupo Folklórico quien lo ha mantenido vivo». No es de extrañar que ahora Pepe esté empeñado en la recuperación del aguilando de La Puebla y La Aparecida, y animando a Pozo Estrecho que haga lo propio.
En el caso de la localidad galilea, recientemente ha publicado un libro donde recoge su tradición de la Hermandad de Auroros, en honor de la Virgen de Rosario. Durante años, Pepe se revistió de un personaje de la tradición popular, el Tío del Saco, para contar en las emisoras de radio locales las historias, tradiciones y festejos populares de las localidades de la zona: «Yo estaba haciendo las veces de cronista de los pueblos, puede que por eso el Ayuntamiento me propusiera como uno de los cronistas oficiales. Nunca se me hubiese ocurrido, la verdad».
De siempre le han gustado otras músicas tradicionales, los cantautores, Luis Llach y, sobre todo, los trovos y el flamenco. «La afición me viene del trovero Marín y de mi bisabuelo, que ya iba a los espectáculos de cante. Me apasiona Enrique Morente, entre otros, y siempre he procurado ir a encuentros y festivales como Lo Ferro o el Cante de Las Minas. El flamenco es cultura y patrimonio. En la zona de Cartagena y la Unión tenemos a grandes sagas familiares como los Piñana».
Entre las contribuciones de Pepe Sánchez a toda esta cultura popular también está la colaboración con el Ayuntamiento cartagenero en la organización de Trovalia, encuentro internacional de cantes improvisados, que cada año cuenta con participantes de España, Europa y, sobre todo, de Iberoamérica. Y mucho más: muy grande.