El concurso de la P se ha consolidado como uno de los grandes referentes de las fiestas de San Antolín. Tras su recuperación en 2024, … esta muestra de esculturas que se colocan a lo largo de toda la Calle Mayor se ha transformado en un símbolo de creatividad y también del palentinismo con el que se intentan vivir los festejos dedicados al patrón de la ciudad.
La iniciativa nació en 2014 y se mantuvo durante seis ediciones consecutivas. En 2020, la pandemia y el decaimiento en el interés y también en la calidad de los trabajos de los últimos años llevó a que este concurso se suspendiese y ya no volvieron a colocarse las populares esculturas con forma de P hasta que en 2024 se decidió retomar la actividad. De esta forma, son ya otros tres años en los que se ha desarrollado esta competición artística, que, además, se convierte en uno de los grandes atractivos de las fiestas y que no duda en llevarse buena parte de las fotografías de recuerdo que se toman durante las jornadas festivas.
Así, en esta segunda etapa del concurso, el interés por la participación ha ido creciendo y las propuestas alcanzan cada año un mayor nivel, así como también ha crecido el respeto de los palentinos por la integridad de las figuras, puesto que desde sus primeros momentos el vandalismo ha sido uno de los mayores problemas a los que se ha enfrentado esta iniciativa. Especialmente dramático resultó el primer año, puesto que en la primera noche sufrieron daños gran parte de las esculturas.
Pero el refuerzo de la vigilancia policial, las sanciones impuestas a algunos infractores y la mayor concienciación de los ciudadanos ha permitido que en las últimas ediciones la mayor parte de las propuestas hayan brillado con la mayor parte de su integridad hasta el último día. Y, por ello, las P se han convertido en uno de los grandes reclamos turísticos de San Antolín. El recorrido por la Calle Mayor para elegir la favorita y el posado ante las más llamativas es ya un hábito común entre palentinos y visitantes, que, de esta forma, inmortalizan su paso por los ‘sanantolines’.
Y más en un día como el de este sábado, cuando parecía que toda la ciudad se había echado a la calle, con conciertos, actuaciones, espectáculos de animación, charangas o bailes tradicionales por casi cada rincón de Palencia. Con bares hasta la bandera degustando los pinchos especiales elaborados para la ocasión, al igual que en las zonas de casetas de tapas, también a reventar.
Lleno en el Salón, en San Miguel, en la Plaza Mayor, en la que no cabía un alma, hasta arriba Don Sancho, pero también el Sotillo, Puentecillas, la Huerta de Guadián, las Huertas de Guadián, Isla Dos Aguas o Ribera Sur, cualquier lugar en el que se hubiese programado alguna actividad festiva.
Aunque, sin duda, la Calle Mayor, la bendita Calle Mayor, no puede sustraerse de convertirse en cualquier momento del año en epicentro de la vida social de los palentinos. Y menos puede serlo durante las fiestas de San Antolín, y aún menos cuando se ornamenta con una decena de esculturas con forma de P, de P de Palencia, como con orgullo repiten esos mismos palentinos cuando se encuentran fuera de su provincia.
Pero ayer esa P encontraba también otros muchos matices. Era la P de portero, de fútbol, claro, de los dos porteros de 11 años del Villamuriel, cuyas madres, Silvia Plaza y Marta Samaniego, se habían embarcado en la aventura de decorar una de las piezas con imágenes de aquello que más les gusta a sus hijos, la Selección Española de Fútbol. Esta P, colocada junto al bar Alaska, ofrecía además otra sorpresa, un recordatorio del eclipse de sol del pasado 12 de agosto, ya que según explicaban las autoras la Selección y el eclipse habían logrado sacar a la calle a toda Palencia, como lo hacen también las fiestas de San Antolín.
Ellas eran nuevas en estas lides, pero no así David López, veterano de las primeras ediciones y que regresaba al concurso con un propuesta muy particular ‘Paleidoscopio’, una creación que convertía el interior de la P en un caleidoscopio que, además, se asienta sobre una recreación de un taller de cantería medieval.
El gusto por la historia y las tradiciones palentinas puede también apreciarse en una larga nómina de las propuestas que engalanan la Calle Mayor. Desde una réplica de la torre de la Catedral, hasta un homenaje al trabajo de la lana en una ciudad que durante siglos presumió de ofrecer las mejores mantas de España. Y todo esto sin olvidar la gastronomía, con la interesante propuesta de Inés Macho, convirtiendo la P en el cucharón de una sopa de ajos de la que se desbordaban los trozos de pan.
Y alejadas ya de los temas más tradicionales, algunas esculturas recurrían al sentimiento que despierta el Palencia Baloncesto, a la distinción como Ciudad Amiga de la Infancia o incluso a la reivindicación de la familia del niño Matías Cubillo Iglesias para lograr un servicio de mediación comunicativa.