Karlos Arguiñano está a punto de cumplir 78 años. El cocinero celebrará su cumpleaños el próximo 6 de septiembre cuando, presumiblemente, se reunirá con toda su familia para soplar las velas. Y, por el momento, no tiene pensado jubilarse. Y es que grabar sus programas de cocina es algo que le llena y, sobre todo, que le hace estar en continuo movimiento. Aunque eso sí, también practica deporte de forma activa. Durante su visita a El hormiguero, el vasco confesó que practica Watsu, «una gimnasia que se hace en piscina climatizada, y que te tienen una hora». «Tienes la cabeza fuera del agua, te cogen con cariño, te van moviendo los brazos y las piernas. Sales absolutamente relajado», relató. Y es que solamente hay «tres sitios» donde se practica esta modalidad.

Realiza una rutina «de 45 minutos; es oriental». Él mismo ha contado que tiene «una vida fácil». «Me preocupo de visitar a los animales: la semana pasada han nacido cerdos, cabritas, tengo muchas gallinas, ocas, y tengo dos vacas y tres terneros», explicó en una entrevista a La Razón. Aunque eso sí, su día termina pronto, sobre las diez de la noche, porque ya no es el Arguiñano «de hace 10 años». «Uno que decía que se muere una vez, pero el resto de los días no. El resto de los días hay que aprovecharlos», apostilló.

Karlos Arguiñano celebrará su cumpleaños el 6 de septiembre

Arguiñano junto a su hijo Joseba. | Gtres

Karlos Arguiñano se encuentra en un momento vital marcado por la plenitud, el relevo generacional y un merecido ritmo de vida más pausado, donde combina su consolidada presencia mediática con el disfrute de su numerosa familia. Superados los 75 años, continúa al frente de Cocina abierta de Karlos Arguiñano en Antena 3 con índices de audiencia imbatibles. Mantiene intacto el estilo campechano, el humor con chistes sencillos y la defensa de la cocina casera de mercado que lo han convertido en el rostro más longevo y querido de la televisión en España.

Ha cedido progresivamente la gestión diaria de sus negocios —el histórico Hotel-Restaurante Karlos Arguiñano en Zarauz, la bodega de txakoli K5 y la escuela de cocina Aiala— a sus siete hijos. Son sus hijos quienes están al frente de los fogones, en la gestión de sala y repostería, garantizando la continuidad del legado familiar sin que Karlos tenga que asumir la presión diaria de la alta hostelería. Pasa la mayor parte de su tiempo en su residencia de Guipúzcoa, donde disfruta del mar, del cultivo de sus huertos urbanos y del cuidado de sus animales. Además, mantiene un vínculo muy estrecho con su mujer, Luisi, sus hijos y sus nietos, situando a la familia como el verdadero pilar de esta etapa de su vida.

Un momento feliz junto a su familia en su caserío de Zarauz

A su edad, su rutina está diseñada para mantener la vitalidad, evitar el estrés y priorizar el bienestar físico y mental, basándose en la constancia y la simplicidad. Se levanta temprano para arrancar el día con energía. Concentra la grabación de sus programas de televisión en jornadas muy organizadas y agrupadas en su plató de Guipúzcoa, lo que le permite rodar varios episodios en pocos días y disponer de casi toda la semana libre. Una vez terminada la jornada de trabajo, desconecta por completo del foco mediático y regresa a su casa para dedicar el resto del día a la vida doméstica. Su dieta se basa en producto fresco, local y de temporada —con verduras de su propio huerto, pescado del Cantábrico, legumbres y aceite de oliva—, priorizando siempre la cocina casera hecha desde cero sobre los ultraprocesados.

Su principal medicina es salir a caminar todos los días a ritmo ligero, habitualmente entre una y dos horas. Le apasiona pasear por la playa de Zarauz o por los senderos y montes guipuzcoanos. Mantiene una intensa actividad al aire libre cuidando sus cultivos, frutales y animales en su propiedad, lo que le exige movimiento físico constante sin sentir que está «haciendo gimnasio». Para Arguiñano, el humor, la risa y el hábito de no dramatizar los problemas cotidianos son elementos clave para prevenir el envejecimiento y el estrés. Prioriza la tranquilidad de comer y cenar en familia junto a su esposa Luisi, disfrutando de largas conversaciones que actúan como su mejor bárbara de descompresión mental.

Al igual que en años anteriores, su familia, en esta nueva etapa, será fundamental. María Luisa Luisi Ameztoy es, en palabras del propio cocinero, la verdadera responsable del éxito del imperio Arguiñano. Se casaron muy jóvenes y juntos abrieron en 1979 el emblemático Hotel-Restaurante Karlos Arguiñano en Zarauz. Mientras Karlos ponía el talento en la cocina y la proyección pública, Luisi asumió la gestión financiera, la dirección de personal y el control del negocio, manteniéndose siempre en un discreto segundo plano pero con un liderazgo total. Karlos y Luisi son padres de siete hijos —Eneko, Zigor, Karlos, Martín, Joseba, Amaia y María—, y todos ellos forman parte directa de la estructura familiar y profesional.

Sus hijos, Eneko, Zigor y Martín, se encargan de la sala, la jefatura de cocina y la gestión integral del restaurante familiar en la playa de Zarauz. Joseba, por su parte, ha heredado el talento mediático y gastronómico de su padre; es repostero, panadero y presenta sus propios programas de televisión en la ETB y Antena 3. Por su parte, la única hija, Amaia, dirige la bodega de txakoli K5, uno de los proyectos vinícolas más queridos por el cocinero. María también tiene un papel fundamental mientras que Martín se ha dedicado siempre al mundo audiovisual.

A pesar de que los hijos son adultos y tienen sus propias familias, la costumbre de reunirse a comer a diario o los fines de semana en Zarautz se mantiene como un ritual sagrado. En esta etapa de su vida, Arguiñano presume abiertamente de su rol de abuelo. Disfruta reuniendo a sus más de una docena de nietos en el campo, enseñándoles a cuidar el huerto y cocinando para ellos sin las prisas de los platós de televisión.