Miguel Induráin López, hijo del cinco veces ganador del Tour de Francia, ha explicado en El Transistor de la Cadena Cope que nunca aspiró a seguir los pasos de su padre a nivel profesional. Reconoce que igualar su trayectoria es “muy difícil”, pero asegura que no ha abandonado el ciclismo: lo practica de forma amateur y mantiene el vínculo con el deporte que marcó la vida familiar.

Miguel Indurain Jr.

Miguel Indurain Jr. / Archivo

Crecer con el apellido Induráin

Llevar el nombre de Miguel Induráin siempre ha generado atención. El hijo del corredor navarro reconoce que la gente le miraba de forma diferente por su apellido, pero también asegura que nunca se sintió presionado por ello. Con el tiempo, explica que uno se acaba acostumbrando a cargar con ese nombre y que no lo ha vivido como una losa.

Para él, no ha tenido un lado negativo, sino que forma parte de su identidad y de su historia personal. Esa naturalidad le ha permitido desarrollar su propia relación con el ciclismo, sin la obligación de compararse constantemente con los logros de su padre.

Miguel Indurain

Miguel Indurain / Archivo

Su carrera deportiva

Miguel Induráin López llegó a competir durante su juventud, pero su trayectoria deportiva no fue más allá de los 21 años. En ese momento tomó la decisión de dejar la competición y orientar su vida hacia otros ámbitos. La decisión no implicó un abandono del ciclismo, sino un cambio de enfoque.

A diferencia de su padre, Miguel Induráin López ha construido su vida profesional dentro del sector del ciclismo, pero desde otra perspectiva. Trabaja en una tienda de ciclismo en Mallorca y forma parte de una marca relacionada con este deporte. Además, organiza rutas y actividades a través de un club social vinculado a la tienda.

Compartiendo experiencias con su padre

Una de las experiencias recientes que más destaca es su participación junto a su padre y su tío Pruden Induráin en la Titan Desert, una prueba de larga distancia que este año se celebró en una edición especial en Almería. Miguel reconoce que la prueba fue «muy dura» y que acabó «reventado», pero valora especialmente poder compartir ese esfuerzo con su familia.

Induráin, captado por la cámara de Rafael Díaz, el 24 de julio de 1992, en la contrarreloj entre Tours y Blois.

Induráin, captado por la cámara de Rafael Díaz, el 24 de julio de 1992, en la contrarreloj entre Tours y Blois. / RAFAEL DÍAZ

Para él, esos momentos personales se convierten en recuerdos que van más allá del resultado deportivo. La participación en este tipo de eventos le permite vivir el ciclismo desde una perspectiva diferente: como una actividad que une a la familia y que sirve para compartir tiempo juntos.

Disfrutar sin presión

Miguel Induráin López resume su postura con una frase clara: «Nunca pensé en ser como mi padre, porque es muy difícil». Acepta que el nivel de su padre es inalcanzable para la mayoría de los ciclistas y que intentar igualarlo no era un objetivo realista.

Sin embargo, añade que no ha dejado el ciclismo. Lo practica sin la presión de la competición, sin la exigencia de los resultados y sin la necesidad de demostrar nada. Para él, lo importante es seguir disfrutando del deporte, sin tener en cuenta su apellido.