Se acabó el descanso estival, vuelve la rutina. Septiembre asoma ya con la recuperación de obligaciones y, además, una cuesta arriba económica que tendrá este año poco que envidiar a la celebérrima escalada de enero. Habrá que rascarse aún más el bolsillo para repostar, encender … la luces y resistir los encarecimientos ya registrados en la cesta de compra, sin descartar que éstos también se agraven en cuestión de semanas.
El pesimismo económico ha calado en las previsiones para la ‘rentrée’. Se venía gestando por las señales que llegaban de los mercados de futuros del petróleo y el gas natural durante el verano, pero ha llegado a su cénit al conocerse el repunte de la inflación en agosto. Se sitúa ya en el 4,3% -su mayor nivel desde febrero de 2023- por el encarecimiento de los combustibles y la evolución del precio de los alimentos, aunque en este último caso haya sido por no descender tanto como en el mismo mes del año pasado.
Es, sin paliativos, otro golpe al poder adquisitivo de las familias, dado que hasta julio la revalorización de las nóminas pactadas en convenio estuvo algo más de un punto por debajo de ese nivel. Y llega justo a las puertas de un otoño que se presenta como una suerte de ‘infierno’ energético a tenor de los precios que registran ya el petróleo, el gas y la electricidad y sus perspectivas a futuro. Sin olvidar las subidas acumuladas en el supermercado, algunas de ellas a dos dígitos, por ejemplo en la ternera y los huevos.
Carburantes disparados en la operación retorno
En realidad, la carrera de los carburantes ya ha impactado en los andaluces, sobre todo para aquellos que hayan emprendido estos días la operación retorno. Esta semana cierra con la que ha sido su octava subida consecutiva.
El precio medio del litro del gasóleo se ha situado esta semana en los 1,861 euros, consolidándose en niveles máximos desde mediados de abril. Mientras, el precio medio del litro de la gasolina ha escalado esta semana hasta los 1,723 euros, tocando máximos desde marzo. Resultado: llenar un depósito medio -unos 55 litros- de gasolina supone un desembolso actualmente de unos 94,76 euros. En el caso del diésel, ese coste es de 102,35 euros (25 euros más que hace un año).
Volver a casa ha sido por tanto más caro, y el modesto alivio que trae septiembre será limitado al diésel. El día 1 se recuperará la ayuda de 20 céntimos por litro al superar en julio el umbral del 15% establecido en el decreto anticrisis, con la expectativa de que no compensará de forma íntegra la subida. En el caso de la gasolina, peores previsiones: la ayuda se mantendrá en 5 céntimos por litro porque la inflación acumulada no llega a ese límite, de modo que quienes recurran a ella tendrán que apretar los dientes.
El problema es que no se sabe qué sucederá después en cuanto a ayudas, pese a que los mercados de futuros anuncian que no habrá respiro en otoño en este apartado porque no se atisba tampoco en aquello que motiva su encarecimiento: la situación en el Estrecho de Ormuz. Nada avanza aquí, en línea con los peores presagios. Ni hay solución definitiva al conflicto entre Estados Unidos e Irán ni fluyen con normalidad los mercados energéticos.
El resultado es que el barril de Brent ronda los 90 euros y la expectativa es que mantenga una línea de precios por encima de los 85 dólares hasta final de año. Una situación se contagia al precio de los combustibles. si nada cambia, seguirán caros hasta Navidad.
Gas y electricidad
Tampoco hay perspectivas optimistas con el gas natural, usado tanto para calentar los hogares como materia prima para generar electricidad. Su precio, en máximos desde 2023, lleva dos semanas por encima de los 60 €/MWh. La curva de precios a futuro no prevé que baje de ese nivel hasta final de año, lo que augura un otoño complicado para los consumidores domésticos. Los clientes que tienen tarifa regulada, cuya revisión de precios es trimestral, se verán afectados pase lo que pase, porque los costes irán al alza.
Pero su efecto sobre la generación de electricidad también hará que golpee en el mercado mayorista de la electricidad y, finalmente, en el consumidor doméstico y en su recibo de la luz. En agosto, el precio de la electricidad apenas un par de días ha bajado de los 100 euros el megavatio hora. La situación no va a mejorar. Según las estimaciones que hace el mercado de futuros de BME, los precios hasta final de año estarían por encima de los 113 €/MWh.
La cesta de la compra, tensionada
A todas esas escaladas energéticas hay que sumar los encarecimientos de la cesta de la compra que soportan las familias desde hace tiempo. Llenar el carrito en el supermercado se ha encarecido un 35,5% en los últimos tres años, según los cálculos de la OCU, que alerta además de que aprovisionarse de carne y pescado empieza a ser «difícil o muy difícil de afrontar» para un 40% de las familias.
Solo el año pasado, los andaluces tuvieron que incrementar su gasto en alimentación, espoleados por la inflación, un 6,2%; 102,13 euros más por persona, que gastó en total 1.700 euros al año en comer. En este escenario, cada nuevo encarecimiento, por leve que sea, no hace sino ahondar en la herida.
En esta vuelta a la rutina lo que se encontrarán los andaluces es que la ternera está un 10% más cara que cuando repusieron su nevera tras las vacaciones hace un año; el pollo, cerca de un 2%; el pescado, ya sea fresco o congelado, un 5%; los huevos, un 14%.