Los héroes de acción son una constante en el cine que parece no fallar nunca: cuando vamos a ver un thriller de estas características somos mucho menos exigentes a nivel argumental que con otras películas y nos dejamos llevar por el carisma del protagonista y el ingenio del guión para entretenernos con coreografías fluidas y mucha adrenalina.

Esta lección se la tiene bien aprendida el británico Jason Statham que a lo largo de los últimos años parece estar sólidamente establecido en el panorama audiovisual con papeles intercambiables entre sí. Suele dar vida a tipos fuera de la ley pero de conducta irreprochable que utilizan sus habilidades para proteger a los débiles. ¿Es un cliché? Desde luego que sí, pero funciona y lo tiene muy claro porque invierte en los proyectos en los que participa. 

Amén de que vivimos un claro relevo generacional, con muchas estrellas retiradas o en declive: hay un nicho claro de audiencia que sigue demandando tipos duros arreglando el mundo a golpes.

Para ser honesta, me gusta más la combinación de la acción con otros elementos como el humor, de ahí que disfrute tanto de sagas como la de John Wick con un rico imaginario propio y más aún si es un humor un poco absurdo o estrambótico, de ahí que la líder indiscutible de mi lista de pelis favoritas de Jason Statham sea Snatch, cerdos y diamantes, dirigida por Guy Ritchie en el año 2000. 

Es una de esas películas irrepetibles que cruza la comedia criminal con un reparto genial y bastante mala uva. Su otra gran virtud es tener al Ritchie primigenio a los mandos, cuando le imprimía a sus narraciones un ritmo frenético gracias a un montaje sobresaliente y constante juego con el espectador cómplice.

Un par de años después, en 2002 llegaría el título que lo consolidaría como héroe de acción… y ya no ha vuelto a quitarse la capa. Hablamos de Transporter. Verlo rompiendo las reglas autoimpuestas y en persecuciones repletas de velocidad colmaba un menú bien apetitoso.

Llegarían después algunas más bastante memorables como The Italian Job o Crank: Veneno en la sangre en la que se seguirían explotando sus destrezas pero la que más me sorprendió fue Espías, ya en 2015, quizás por hacerlo salir de su área de confort. Abrazaba aquí la comedia con una divertidísima Melissa McCarthy en una parodia del género descacharrante… buen trabajo el de Paul Feig sacándole partido en un género diferente, aunque parece obvio que no ha querido seguir por ahí.

La saga Megalodón intentó arrastrarlo de nuevo a las aguas de la comedia ligera de tono distendido y autoconsciente, pero él parece más cómodo con una pistola en la mano ajustando cuentas con fuertes dosis de violencia. A él le sale rentable y a nosotros nos gusta, así que no le vamos a poner demasiadas pegas… si acaso una: que no tema añadirle novedades al cóctel.