Hay un Titanic que ha empezado a hundirse en el desierto de Nevada y un Correfoc que acaba de llegar a la misma playa. No hay agua, solo arena y piedras durante cientos de kilómetros. En el desierto Black Rock del estado de Nevada, el icónico festival Burning Man ha comenzado a construir la ciudad efímera donde conviven asistentes, arquitecturas fijas y móviles, propuestas artísticas y música. Tanto el Titanic como el Correfoc estarán instalados el día 30, cuando empiece oficialmente el festival, y arderán una semana después.
La conexión valenciana con el festival vuelve a reeditarse este año de la mano de Miguel Arraiz, que participa en dos de las grandes instalaciones de esta edición. Ha sido el arquitecto jefe del proyecto ‘Titanic’, del colectivo Titanic End, y ha vuelto a contar con la ayuda de los arquitectos Javier Molinero y Javier Bono. En paralelo, ha trabajado con el diseñador valenciano y Premio Nacional del Diseño, Dani Nebot, para crear ‘Correfoc’, una escultura que lleva al desierto una de las expresiones culturales y festivas más reconocidas de Valencia.
Ambos se encuentran ya en el desierto supervisando el desarrollo de la instalación. Arraiz es ya un experto: este será el cuarto año que participe en este festival que aúna todas las artes durante una semana y después, se evapora casi por arte de magia. El arquitecto valenciano lleva meses allí con la construcción del Titanic, financiado por Justin Kan, empresario y cofundador de la plataforma Twitch, que ha confiado a Arraiz el desarrollo del proyecto y que ha participado activamente en su construcción.

Un render de cómo quedará la instalación del Titanic y, al lado, estado actual del montaje el pasado martes. / IG
No son dos proyectos menores, ya que forman parte de la selección oficial de obras para 2026. La misma organización del festival describe el Titanic como una de las grandes piezas monumentales de esta edición, ya que tiene unos 61 metros de diámetro. Reproduce el transatlántico partido en dos y hundiéndose en el mar, que en esta ocasión es la famosa ‘playa’ del desierto, la zona del festival que acoge todas estas estructuras.
Visitar el Titanic por dentro
La instalación es llamativa porque representan el Titanic ya partido, con la proa y la popa aún a flote y fácilmente identificables gracias a las características chimeneas del barco. Hecho de madera en un taller de San Francisco, por dentro se podrá visitar, ya que hay dos grandes espacios que se pueden recorrer. Las dos partes del barco forman un anfiteatro que se concibe como un lugar de reunión desde el que se puede contemplar el desierto.
Durante la noche, la instalación cambiará completamente gracias a una iluminación dinámica que recorre la estructura. Las cuatro chimeneas -dos de ellas casi dentro de la tierra- expulsarán fuego, dramatizando el naufragio del Titanic en medio del Black Rock City.
Tal como explican, el proyecto se basa en una reflexión sobre la confianza depositada por el ser humano en la tecnología, ya que el Titanic es la metáfora de una civilización que ha llevado su capacidad de transformar el planeta a niveles cada vez mayores, ya que este histórico barco fue una revolución para los conocimientos y capacidades de principios del siglo XX. El colectivo impulsor de esta estructura ha anunciado que se quemará el 4 de septiembre y prevé que será uno de los grandes atractivos del festival al ser una de las instalaciones más grandes de la playa.
Del naufragio al Correfoc
El Correfoc, por su parte, atracó hace unos días en el puerto de Oakland después de una larga travesía de más de un mes desde València. Alcanza unos ocho metros de altura y reproduce la silueta humana estilizada del ‘dimoni’, característicos en las fiestas valencianas, para cuya documentación técnica han participado también Molinero y Bono. En torno a él bailará el Fire Collective, la agrupación de bailarines de fuego que participa cada año en el Burning Man.
La pieza, tal como se describe oficialmente por el festival, es una silueta humana de intenso color rojo. Durante el día funcionará como un hito reconocible en el paisaje del desierto mientras que por la noche, una iluminación sutil reforzará su contorno y servirá como telón de fondo para los bailarines del fuego.

Dani Nebot supervisando el traslado del Correfoc. / DN
La idea es trasladar a Nevada la lógica del correfoc, un punto en torno al cual se desarrollan danzas entre el ritual, el miedo y la fascinación. De hecho, el festival describe esa idea valenciana de las fiestas populares como un «ritual mediterráneo» de movimiento colectivo y tradición.
Arraiz encontró el origen del proyecto en el propio trabajo de Dani Nebot cuando visitó su taller y se encontró con una de las esculturas de ‘dimonis’ del diseñador. Le pareció que la figura encajaba con las premisas del festival y ambas decidieron presentarlas, ganando una de las becas de arte que ofrece Burning Man.

Preparación del Correfoc para ser trasladado a Estados Unidos desde València. / DN
La estructura se ha construido en madera en València y, una vez terminada, ha iniciado el largo recorrido hasta Estados Unidos en barco hasta Oakland, donde un camión la ha recogido para trasladarla hasta el estado de Nevada.
Conexión con el desierto
Para Arraiz, esta relación con el fuego no es nueva. Su vínculo con Burning Man comenzó hace más de una década y se ha construido precisamente alrededor de la conexión entre la cultura valenciana del fuego y el festival estadounidense. En 2015 y 2016 participó en sendas ediciones y en 2025 dio el salto más importante de su trayectoria en Black Rock City al convertirse en el primer arquitecto español encargado de diseñar el templo central del festival, el ‘Temple of the deep’.
Arraiz dirigió entonces un equipo internacional -que ha participado también en la construcción del Titanic- para levantar ese templo ideado para el recogimiento y la memoria. Los que lo visitaban podían dejar cartas, fotografías y objetos personales relacionados con el duelo y la pérdida, de cualquier tipo, antes de que el fuego consumiera la estructura.
La presencia de los dos proyectos consolida una relación que comenzó mucho antes de que Arraiz diseñara el templo de 2025. En 2016, el arquitecto, junto al artista fallero David Moreno y bajo el colectivo Pink Intruder, llevó al Burning Man el proyecto Renaixement, una instalación inspirada en las Fallas que fue una de las primeras grandes conexiones directas entre València y el festival.
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