Era la comidilla desde el día que se conoció su fichaje por el Nástic de Tarragona. Desde entonces y desde que el calendario dictó el duelo entre tarraconenses y maños en la jornada inicial, todos temíamos que Sinan Bakis hiciera alguno de los goles que no marcó con la camiseta blanquilla.

Y bastó un minuto y medio para que los miedos tuvieran fundamento. Volvieron los pésimos recuerdos del balón parado del año pasado, por donde se desangraron tres cuartos de la permanencia y en una faltada mandada al área por otro ex como Eugeni Valderrama, el delantero turco-alemán entró libre de marca, y de certero cabezazo no perdonó para batir a un Westerveld que nada pudo hacer. La jugada fue revisada por el VFS (el VAR de Primera Federación) por un posible fuera de juego, pero el tanto fue dado por bueno. Y es que en este tercer nivel salvo que los errores sean clamorosos, los colegiados no suelen dar marcha atrás a sus decisiones iniciales.

El jugador, que fue uno más de los múltiples fiascos en forma de fichajes que han pasado por la capital maña, vino con el aura de haber anotado 12 goles en su anterior campaña en el FC Andorra, pero aquí todo le salió fatal.

En su primer año como zaragocista se quedó sin marcar y al año siguiente fue cedido al Gorkik Zabrze polaco, donde apenas jugó. Volvió a Zaragoza el fatídico curso pasado, donde no contó hasta la llegada de Rubén Sellés. Anotó en Eibar y en El Plantío burgalés. Tras el cese de Sellés, regresó al más profundo fondo de armario.

Mazazo a las primeras de cambio para un Real Zaragoza que ha recibido un bautismo inesperado en el Nou Estadi Costa Dourada en una categoría que ya se ve que no va a perdonar los errores.