La música está grabada en sus genes y sin ella no concibe la vida, y le enorgullece que gracias a su participación en distintos grupos ha podido conocer a figuras tan importantes como Celia Cruz, Raimundo Amador, Lola Flores, Kiko Veneno o Santiago Auserón, entre otros. “Se puede vivir sin hacer deporte, pero no sin música. Y como ya dijo Juanjo Javierre en una entrevista: se inventó antes que la agricultura”, afirma convencido Tahití que desde que nació, “como todos los gitanos”, atiende a su mote y por él le conoce todo el mundo. Y enfatiza que disfruta “de todos los géneros, desde boleros y pasodobles hasta canciones antiguas”, las cuales redescubrió tocando con un grupo de jubilados.
Al preguntarle por su verdadero nombre, ante la costumbre de no usarlo, duda unos segundos antes de responder: Alfonso Giménez Giménez, y como anécdota cuenta que cuando llegaban cartas a casa para él su madre preguntaba que “¿quién era ese hijo?”.
Explica que lo de Tahití surgió cuando su padre “que era lazarillo de Ángel Gari y lo acompañaba a los sitios, un día vio una figura que le habían regalado y era originaria de Tahití”. En ese momento su madre estaba embarazada y tan exótica le pareció la palabra que dijo “sea chico o chica lo que nazca se llamará así”. Añade que con lo años “durante el rodaje de un documental con la Ronda de Boltaña” descubrieron que “era un fetiche de la fertilidad” y bromea diciendo que su madre “tuvo 10 hijos y si le llegan a regalar la figura igual habrían sido 25”.
Tan asumida tiene esta identidad, que de joven acudió al registro para que Tahití fuera su nombre principal, en lugar de Alfonso, y el funcionario le dijo “no se puede. Ya se lo he dicho a tu padre las 10 veces que ha venido para lo mismo”.
A sus 56 años, echa la vista atrás y evoca “una infancia muy feliz” porque se crío “en la calle” viviendo en la zona de Barrio Nuevo, “en la calle Amistad” donde ya había nacido su abuelo en 1900. “Todos somos muy huesquetas”, remacha . Y habla de sus antepasados, de un abuelo “que ya era músico” y su tatarabuelo “Santa Rata, que aparecía en una de las historias que contó Rafael Andolz en su libro sobre el famoso Puchamán de Loarre”.
A los 14 abandonó el colegio, aunque años más tarde retomó los estudios, y estuvo “en Educación de Adultos, luego en Educación Compensatoria”\u0010y cuando le contrataron en Cáritas como monitor de colonias urbanas, al pedirle que estuviera graduado obtuvo el título “en la Escuela Miguel Hernández”, y más adelante, cuando ya trabajaba se sacó el de Secundaria.
No tardó en vincularse a los grupos de música de la ciudad. “Primero con Los Mestizos como percusionista, en el año 92”, con ellos hizo tres actuaciones y recuerda que cuando le preguntaron que “cuánto quería cobrar” él les dijo que nada porque “era una emoción impresionante estar con ellos”. “En los 80 se había montado en Huesca el grupo Los Tarantos que llegaron a sacar un disco”, y ese fue el aliciente para que surgiera primero Chanela y después Willi Giménez y Chanela, y es que sus miembros quisieron imitar a sus hermanos mayores “y no ser menos que ellos”. Desde entonces no han dejado “de tocar juntos” y fueron “de los últimos grupos en sacar uno cuando tener un disco era importante”. Esta unión les proporcionó muchas alegrías, visibilidad y un sin fin de anécdotas, tocaron con “Ketama, Kiko Veneno, Raimundo Amador, Santiago Auserón, Cómplices…”, Lola Flores los llevó a su programa en varias ocasiones y también conocieron a “María Teresa Campos, Celia Cruz, Jesulín…”. Y participaron “en la inauguración de la sala Revólver de Madrid con un montón de grupos”.
Más tarde Tahití se sumó a varios proyectos de Juanjo Javierre como Sould Mondo o Nou Tempo llegando a viajar “a Dinamarca, Bélgica y Holanda”\u0010y también estuvieron “en un bus de dos pisos en una gira de 10 días por España con otros grupos”. Y señala con orgullo que él ha tenido “suerte en esto de la música” ya que le ha permitido ganarse la vida. En la actualidad es uno de los componentes de El Mal de Sambito “por la samba”, matiza, con el que tocan “en todo tipo de eventos y fiesta privadas de Huesca y alrededores”.
Confiesa que siempre está “haciendo cosas” y enumera los muchos trabajos que ha desempeñado “mediador intercultural, albañil, acomodador de cuerpos inertes o dicho de otra manera, sepulturero que suena más fino”, comenta haciendo gala de su sentido del humor, y actualmente es jardinero. También reconoce que pese a “lo gratificante que fue enseñar a los chavales”, él prefiere “tareas al aire libre mejor que estar quieto todo el rato”.
Está casado con Saray, “la más guapa de Huesca”\u0010y tiene dos hijos “Lucía de 24 y Tahitito de 15” al que sí logró inscribir con ese nombre, y le apena que ninguno de los dos haya heredado su pasión por la música y eso que llenó “la casa de instrumentos para ver si les gustaba alguno”. l