El nombre de la Sierra de Aitana es un misterio. Se sabe que fue lo que inspiró a los escritores Rafael Alberti y María Teresa … León a llamar así a su hija. Fue lo último que vieron antes de exiliarse en Argentina tras la Guerra Civil. Se cree que fueron los precursores de que ahora haya más de 30.000 ‘Aitanas’ en España. La más popular es cantante. Famosa por su ‘Superestrella’. La Vuelta también tenía la suya. Ya la echa en falta. El abandono de Pogacar resquebrajó su recital. En lo alto de Alicante, Enric Mas proclamó que la voz cantante la va a llevar él.
«¡Aaaaaaaah!», grita en un abrazo de liberación. Le estrujan Sebastián Unzúe, hijo de Eusebio y jefe deportivo del Movistar, y Juanjo Lobato, su masajista. De su interior escapan múltiples penurias. Las que ha pasado en su intento de ser un ‘hombre Tour’. De convertirse en lo que Alberto Contador le señaló. Su sucesor. De erigirse como el campeón que todo el país esperaba. Los años, y los batacazos, le han hecho penar, disgustarse, madurar y aprender que Enric Mas es un hombre Vuelta. Y no está dispuesto a dejar pasar la oportunidad que le brinda el 2026.
A siete kilómetros de las instalaciones militares de Aitana, las que solo levantan la barrera para el paso de La Vuelta, el balear sostuvo el primer ataque de Felix Gall. Hizo lo mismo con el segundo. Mantuvo el aplomo con el de Carapaz. Le dejó marcharse. Se refugió en el grupo de favoritos en el que. sin Pogacar, reina la igualdad. Atraparon al ecuatoriano y el austriaco volvió a arrancar. Así se lo exige el trabajo de su equipo y la contrarreloj de Jerez de la tercera semana. Enric Mas no quiere ni pensarlo.
Volvió a cogerle rueda y lanzó el contrataque. Onley fue el único capaz de cogerle la rueda. Roglic, a su paso, se unió a ellos a dos kilómetros de meta. El paisaje lunar del Ventoux alicantino emergió ante ellos. En el gigante de la Provenza empezó la última ristra de penurias de Enric Mas. Tromboflebitis, lesión en la palma de la mano y desilusión en el Giro de Italia. Sus piernas ya no son esas. Han mutado en las del 2017 y 2018. En las que despuntó en La Vuelta. O en las del 2022, su resurgir. El año que batió a Pogacar.
Antes de la pancarta del último kilómetro, Mas reclamó el corazón de Aitana. Volvió a dejar atrás a Roglic. Y empezó a ahogar a Onley. No le soltaba, pero le hacía apretar los dientes. Estirar el cuello. En un final normal, el escocés, mucho más explosivo, se hubiera llevado la victoria. Pero a 1.600 metros de altitud, tras 5.205 metros de desnivel, 22 kilómetros de puerto y a casi 30 grados, el paisaje cambia. Permite que Enric Mas saque la cabeza y celebre una victoria curativa. Para él, que no ganaba desde 2022 en Bolonia ante Pogacar. Y para el equipo. Primera victoria World Tour del año del Movistar. Y, sobre todo, fin a la sequía de cinco ediciones de La Vuelta sin ganar.

En la salida de Villajoyosa, decenas de periodistas y un centenar de aficionados sitian el autobús del UAE. Sin Pogacar, la multitud seguía con ellos. Como desde Andorra. Alrededor, un cordón de seguridad, vallas, varios policías y vigilantes de la organización, a la que se le acumula el trabajo. El jolgorio se concentra también en el aparcamiento del Movistar. «A defender el liderato y pensar en grande», proclamaba el ahora director José Joaquín Rojas.
El Movistar mantuvo el temple. Aular, Arcas, Canal, Romeo, Castrillo y Enric Mas marcaron el paso. Además, lanzaron de avanzadilla a Raúl García Pierna. Por si acaso. El resto de los fugados iban a por la etapa. Sin Pogacar, entienden que se abre un abanico. Pero el UAE siempre es el enemigo. Antes no daba vida a las escapadas. Ahora, va a agitar todas. Pavel Sivakov, el compañero que iba detrás de su líder cuando se produjo su tremenda caída, salió decidido a dedicarle la victoria.

Se llevó a su compañero Kevin Vermaeke y una larga nómina de ilustres dorsales. Buitrago, Valentin Paret-Peintre, Finn Fisher-Black, Filippo Zana, Attila Valter, Embret Svestad-Bardseng, Urko Berrade, Alexey Lutsenko… Y en el intervalo de la etapa, estrenaron el temible Alto del Miserat, el puerto que te hace sentir miserable. 5 kilómetros escalonados al 10%, pero con picos del 20%. En esa escalera se exhibió el Pinarello logrando meter a tres corredores en la fuga, entre ellos el campeón de España, Marcel Camprubí.
El barcelonés fue quien mejor leyó el movimiento de Sivakov en los kilómetros previos a empezar a subir hacia Aitana, la extensa subida que mira a Benidorm. Con 5 minutos de ventaja, y uno sobre el grupo perseguidor, parecían los favoritos a la victoria parcial. Solo les faltaron fuerzas. Porque a 50 kilómetros de meta, cambió el paisaje del pelotón. La mezcla de azules del maillot del Decathlon sobrepasó al tono eléctrico del Movistar en el inicio del Puerto de Benifallim, el penúltimo de la jornada. Seis en total.
Contemporizaron primero para luego hacer saltar por los aires la carrera después. Demostraron ser el mejor equipo. Y una horma en el zapato del UAE. Entre Riccitello y Mülbergher dejaron en nada la diferencia de Sivakov, que soltó a un demasiado entregado Camprubí. Ya antes del cruce de Tudons que sube al monte militar de Aitana, el equipo galo se había cobrado la víctima de Sepp Kuss. Sentenciado. A Carapaz le tenían sufriendo. Pero optaron por moverse de lejos.
Los tres ataques de Gall no pudieron con los otros cuatro. Tampoco con Carapaz, al que acelerar y parar le dio alas. Había miraditas. Vigilancia. Algunos como Widar o Skjelmose, que intentaron aprovechar el marcaje. Hasta que llegó el desmarque de Enric Mas. La baza del renacimiento del Movistar. En la cima en la que hace diez años aseguraron el triunfo de Nairo Quintana, empiezan a ver la opción de volver a conquistar la ronda con el mallorquín. El escalador que llegó para sustituir al colombiano. Al que ahora podría echar en falta para controlar los ataques que recibirá en la segunda y la tercera semana. Salvo que vuelva a ejercer de superestrella.