Alberto Ramírez Morales podría haber vuelto de Noruega en unas horas. Podría haber comprado un billete de avión, facturado las maletas y aterrizado en España. … Pero volver rápido no entraba en sus planes. Este joven de Guadix, de 25 años, ha decidido regresar a casa sobre una bicicleta cargada con unos 60 kilos de equipaje y con miles de kilómetros por delante. «En julio me querían renovar un año más, pero dije que no; quería volver a mi pueblo, pero no en avión. Así que me compré una bicicleta y aquí estoy, pedaleando hacia el sur», cuenta Alberto desde Noruega, donde comenzó una aventura que calcula durará al menos seis meses.

Su punto de partida estaba muy al norte. Vivía en una isla situada a unos 43 kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico, en Magerøya, en la región de Finnmark. Allí pasó un invierno trabajando para Mowi, la mayor compañía del mundo dedicada a la industria del salmón. «Tras pasar allí un invierno, no quería repetir porque fue muy duro. En invierno solo hay unas dos horas de sol al día y se hace complicado», explica.

Había llegado a Noruega después de terminar en Granada sus estudios de Eficiencia Energética y Energía Solar Térmica en el instituto Hermenegildo Lanz. «Justo al terminar el ciclo superior, un muy buen amigo mío se vino para acá y me dijo que había trabajo para mí. No me lo pensé dos veces y me vine», recuerda. Un año después, decidió que era suficiente. Aunque reconoce que el país le ha dado trabajo, amigos y experiencias, también tenía claro que quería regresar a Guadix. Eso sí, a su manera.

Una bici de 700 euros y 60k

Para emprender semejante recorrido no necesitó una bicicleta de competición ni un presupuesto millonario. «La compré nueva por no más de 700 euros. Es una bicicleta de montaña normal, de talla XL con llantas de 29 pulgadas. Una bici grande y resistente que me sirve perfectamente», explica. Lo complicado llegó después: decidir qué meter en ella. «Llevo hasta maletero», cuenta entre risas. En la bicicleta viajan un saco de dormir, una esterilla, una tienda de campaña, comida, agua, herramientas, un botiquín, material electrónico, una ducha portátil y hasta aceite de oliva. También lleva una caña de pescar, unas Crocs «indispensables» y una chapa con el mensaje «From the Arctic to Andalucía».

«Tras pasar allí un invierno, no quería repetir porque fue muy duro. En invierno solo hay unas dos horas de sol al día y se hace complicado»

«No la he pesado, pero amigos míos calculan que ronda los 60 kilos», dice sobre la bicicleta completamente cargada. Tanto peso tiene sus consecuencias: «En las cuestas arriba me tengo que bajar a caminar porque no hay forma de subirla pedaleando». Si tuviera que quedarse con dos cosas, hay una que no duda: la electrónica. «Porque si no estoy en contacto con mi familia se preocupan», explica. La otra es su caña de pescar. «Todos los días que puedo, pesco», asegura. Hace apenas unos días sacó tres caballas, y lo dejó documentado en sus redes, incluso enseñó a limpiar el pescado, «Las cociné y me las comí». Las preparó fritas, aunque ya piensa en la siguiente receta: «Quiero probar a espetarlas como en Málaga». La pesca también le permite ahorrar en un viaje en el que intenta mantener el gasto al mínimo. «Unos 15 o 16 euros como máximo» al día, calcula. Duerme gratis, cocina con un hornillo y camping gas y, cuando consigue pescado, tiene una comida solucionada.

«El plan es que no hay plan»

Alberto no lleva un calendario cerrado. Tampoco sabe dónde dormirá mañana. «El plan es que no hay plan», resume. Cada día abre una aplicación llamada BiciMaps, busca rutas ciclistas, marca una distancia de entre 30 y 40 kilómetros y se pone en marcha. Cuando llega al destino, busca un lugar adecuado para montar la tienda. «No sé dónde voy a dormir mañana», reconoce. El recorrido sí está más o menos definido. Desde el norte de Noruega pasará por Trondheim y cruzará las montañas hasta Oslo. Después continuará hacia Gotemburgo, en Suecia, y Copenhague, en Dinamarca. Atravesará Alemania por el interior para visitar a su hermano y continuará por Bélgica, Países Bajos y Francia, bordeando la costa. Después llegará el turno de España. Su intención es hacer el Camino de Santiago francés y, si todavía le quedan fuerzas, desviarse hacia Portugal antes de entrar definitivamente en Andalucía.

El objetivo es no utilizar transportes con motor. «Solo los ferris imprescindibles para cruzar los fiordos», aclara. Ni autobuses ni coches para ganar kilómetros. Si una tormenta obliga a parar, espera. «Prefiero esperar a que pase una tormenta y seguir pedaleando». El tiempo ya le ha obligado a hacerlo. «Hace unos días me tuve que parar a secar la ropa con el camping gas porque era imposible continuar». Las temperaturas tampoco son precisamente las de Guadix. «Esta mañana estábamos a 11 grados y ahora, al salir el sol, estamos a 22. Cuando sale el sol se está bien, pero cuando llueve hace frío».

Dentro de diez años

Paradójicamente, este creador de contenido no era un gran aficionado a las redes sociales. «No me gustaban las redes, estuve dos años sin Instagram», reconoce. Sin embargo, decidió comenzar a grabar su viaje. No lo hizo inicialmente pensando en convertirse en creador de contenido. «Decidí documentar esta aventura para tener un recuerdo guardado y poder ver los vídeos dentro de diez años». Ahora está aprendiendo a grabar y editar sobre la marcha mientras recorre Europa.

Y quizá ese proyecto termine convirtiéndose en su futuro. «Si consigo ganarme la vida haciendo vídeos, seguiré en bici hacia Asia y Tailandia», explica. Si no, tiene otra opción: regresar a Noruega para trabajar de lo suyo, electricidad e instalaciones térmicas. «Soy residente y aquí hay buen trabajo y buenos sueldos». Durante su estancia en Noruega llegó a cobrar unos 2.200 euros limpios al mes después del alojamiento, partiendo del sueldo mínimo con el que, según explica, suelen comenzar los extranjeros. Incluso llegó a comprarse un barco para pescar bacalao y bueyes de mar. «No he ahorrado mucho, pero he disfrutado al máximo», resume.

Ahora echa de menos España. «Echo de menos a mi familia, a mis amigos, la comida y el clima». Pero también entiende por qué se marchó. «Lo único malo de España es la falta de trabajo y los bajos sueldos, por eso muchos emigramos». Su destino está claro: Guadix. La fecha, no tanto. Y tampoco parece preocuparle demasiado. «Antes me tienen que partir las piernas que impedirme subir a la bici para volver a mi pueblo», afirma.