Gino Bartali estuvo a punto de morir con el maillot amarillo. Eddy Merckx también vio su vida pasar en una competición de pista. Qué decir … de Jonas Vingegaard en la curva de Olaeta durante la fatídica Itzulia de 2024. O de Chris Froome con su impacto contra un muro en 2019. Fausto Coppi se partió infinitud de huesos. Bernard Hinault tuvo que retirarse del Tour de 1980 cuando era líder. Todos los campeones han sido alcanzados por la fatalidad. Junto a sus fotografías icónicas tienen sus imágenes malditas. Las que nunca quisieron protagonizar y de las que es tan difícil esquivar. No hay rival más despiadado. Especialmente en un deporte como el ciclismo. Tan frágil. Nada en él se puede dar por hecho.
Seguro que Tadej Pogacar no escogió la canción Stayin’ Alive’ (sobreviviendo) porque fue la primera que le sugirió Instagram para publicar su primera imagen tras su abandono en La Vuelta. Aparece en ella con collarín y numerosos apósitos; tumbado en la cama, esperando a ser operado. La intervención de la clavícula no se pudo realizar en las primeras 24 horas tras su caída debido a la pequeña conmoción cerebral que sufrió tras su fuerte impacto contra el asfalto. Pese a todo, el esloveno dobla el morro y hace un gesto con la mano izquierda. Levanta los dedos índice y meñique. Saca los cuernos.
Parece llevar con el mejor ánimo posible el varapalo de tener que abandonar una carrera que tenía encarrilada. De ser líder con casi cuatro minutos de ventaja pasó a estar en una ambulancia camino del hospital, algo que nunca le había ocurrido en una vuelta por etapas. «Todo sucedió muy rápido, pero estaba cogiendo un bidón o devolviéndolo y así fue como perdió el equilibrio tan rápidamente», recordaba ayer Pavel Sivakov, el compañero que llevaba a rueda. Tras la caída, el campeón del mundo fue trasladado al hospital más cercano, el Universitario Francesc de Borja de Gandía, donde se le realizaron las primeras pruebas.
Doctor Xavier Mir
El diagnóstico no se hizo esperar: fractura en la clavícula, también en la vértebra cervical (C7) y una conmoción cerebral. Pasadas las 21:00 horas, tal y como recogía el Diario As, abandonaba el hospital en camilla, inmovilizado, y era trasladado por carretera a Barcelona. El hospital Dexeus se encarga de sus cuidados. El doctor Xavier Mir, una eminencia que ha intervenido en numerosas ocasiones a Marc Márquez, se encargará de la operación de la que todo el ciclismo está pendiente. De ella depende el final de 2026.
«He leído que la temporada ha terminado, pero, sinceramente, nadie, ni siquiera el equipo médico que está tratando actualmente a Tadej, puede afirmarlo», declaró su agente Alex Carera, a Quibici Sport. El representante asegura que el equipo UAE también se muestra optimista con que pueda volver a la acción más rápido de lo esperado. Depende del resultado de la operación. Será la que marque los plazos de recuperación. Ha habido ciclistas que se han recuperado de una fractura de clavícula en menos de un mes. Que a la semana después ya entrenan. Un mes después de la fractura, en este 2026, Pedersen fue cuarto en la Milán San Remo. Y la fractura cervical, al ser estable, supone una menor gravedad de lo que fue la fractura de vértebra de Mikel Landa en el Giro 2025, que fue en la columna dorsal. Aún así, su preparación no sería la deseada.
Menos de un mes para el Mundial
A Pogacar le gustaría vencer su tercer Mundial de forma consecutiva, con un recorrido en Montreal (27 de septiembre) que se adapta a sus características. Conquistar de nuevo el Europeo de ciclismo, que se disputa en Liubliana y pasará por su casa en Komenda (3 de octubre), y el Giro de Lombardía (10 de octubre), prueba que ha ganado en los cinco últimos años. El tiempo, esta vez, corre en su contra. Se enfrenta a un rival al que casi desconocía, pero que siempre está ahí. La desgracia es paciente. Siempre al acecho.
A Bartali le esperaba en un pequeño puente alpino. Bajaba rabioso el arroyo Colau e hizo patinar a los compañeros del italiano, Rossi y Camusso, que no pudo esquivarlos. Los tres cayeron al agua. Bartali quedó conmocionado, con la cara ensangrentaday el maillot amarillo desgarrado. «Le agradezco su ayuda a Dios, sin él me habría matado», le dijo a los periodistas. Llegó a meta, pero optaron por retirarle.
«Volví a nacer»
Su némesis, Coppi, se fracturó el pubis en el Giro del 1950 y tuvo un desplazamiento de un vértebra y un esguince en el tobillo en el de 1956. Anquetil se retiró del Tour de 1958 tosiendo sangre por una neumonía contraída en una etapa alpina helada. Merckx sufrió daños graves en la espalda, el cráneo y la cadera en una caída en el velódromo de Blois en el que vio morir a Wambst, su guía. «Volví a nacer», reconoció en el ABC.
En el Tour de 1975, recibió un puñetazo en el costado en el Puy de Dôme. Y días más tarde se fracturó el maxilar. En la Grande Boucle de 1980, Hinault abandonó con una rodilla inmovilizada por las infiltraciones de cortisona y ganar la Vuelta de 1983 le costó una tendinitis. Hasta Induráin tuvo un contratiempo en la Volta Catalunya de 1990, en la que se rompió la clavícula.
La Vuelta sufrió el caso de Sean Kelly en 1987. El irlandés se había colocado líder tras imponerse en la contrarreloj de la etapa 18 pero un forúnculo en la zona del sillín le hizo abandonar. Solo pudo completar unos 20 kilómetros de la siguiente etapa. O la espeluznante caída de Nairo Quintana durante la contrarreloj zaragozana de 2014. Perdió el maillot rojo y abandonó al día siguiente.
En el Tour también están los ejemplos del holandés Wim van Est cayendo barranco abajo vestido de amarillo en 1951. Salió indemne, con el reloj intacto, por el que firmó un contrato de publicidad. No mal que por bien no venga. O de Rolf Sørensen, que se cayó en la quinta etapa y se fracturó la clavícula siendo líder.
O uno de los más recordados, el de Igor Antón en La Vuelta de 2010 rumbo a Peña Cabarga. El vizcaíno se rompió el codo y no volvió a tener una oportunidad igual. Tampoco la tuvo Contador tras abandonar el Tour de 2014 cuando empezaba a amenazar el dominio de Nibali. O Froome tras su gravísimo accidente ensayando la contrarreloj de Dauphiné en 2019. Los grandes campeones de la década pasada. Vingegaard asegura que tardó más de un año en volver a sentirse igual de fuerte qua antes de su caída en el descenso de Olaeta, en la Itzulia de 2024. Como Pogacar, aún no sabía lo que era sufrir un duro revés en una grande hasta este año, con su fractura de clavícula. Junto al equipo, optó por no volver a competir en lo que queda de curso, un 2026 implacable. La crueldad del ciclismo no absuelve a nadie.