Este 31 de agosto ha dado inicio la agenda institucional de la nueva reina de Noruega. Tras la muerte del rey Harald V y el nombramiento de Haakon como soberano, Mette-Marit ha acudido a su primer acto oficial.

Había sorprendido su ausencia en la misa funeral del pasado domingo 30, a la que sí asistió el resto de la Casa Glücksburg. Se excusó su presencia por el periodo de recuperación en el que está inmersa a causa de su reciente trasplante de pulmón, que hace que sus deberes reales sean limitados.

Ahora debuta con un acto importante, de gran calado emocional. Se trata de la llamada ceremonia del féretro, en la cual los hijos y los nietos del monarca fallecido trasladan los restos mortales del monarca fallecido del Salón Rojo a la Capilla de Palacio.

La comitiva al completo, con los nietos e hijos acompañando los resto del Rey.

La comitiva al completo, con los nietos e hijos acompañando los resto del Rey.

Efe

Sirve también para que los empleados se despidan del que ha sido jefe de Estado durante los últimos 35 años. Allí permanecerá hasta el entierro, que tendrá lugar el 9 de septiembre, al que asistirán muchos miembros de las monarquías europeas.

Mientras tanto, la capilla ardiente se abrirá el martes 1 a las dos de la tarde, hasta el 8 a las seis, para que los noruegos puedan darle el último adiós.

Harald V era muy querido. Las muestras de cariño han sido increíbles y han llenado de emoción a la Familia Real, que ha compartido una foto en Instagram donde se ve a los nuevos monarcas y a sus dos hijos contemplando por la ventana los miles de ramos de flores colocados frente al palacio.

El traslado del féretro deja dos imágenes importantes: la de Mette-Marit en su primera aparición como reina consorte de Noruega y la de Marius Borg, que pese a permanecer en arresto domiciliario, no sólo ha acudido al acto previo permiso policial, sino que ha participado de manera activa.

La esposa de Haakon, de luto riguroso, caminaba detrás del ataúd de su suegro con gesto triste y solemne. Ha tenido un precioso gesto con su suegra, la reina Sonia, a quien ha cogido de la mano para hacer el recorrido juntas, mostrándole su apoyo.

La comitiva estaba encabezada por el Jefe de Gabinete de Su Majestad el Rey. Este portaba la corona real sobre un cojín, y el jefe de la Secretaría Real llevaba la espada real. Otros miembros de la Corte han portado las condecoraciones noruegas, danesas, suecas y británicas más importantes.

Seguidamente, los empleados de la corte han formado una especie de enrejado a través de los pasillos del palacio, uniéndose a la comitiva. En el Gran Salón, el personal auxiliar se ha hecho cargo del féretro para conducirlo a la capilla, donde ha sido colocado sobre un catafalco cubierto de terciopelo.

A continuación, se ha celebrado un servicio conmemorativo privado para la familia, la corte y su personal de servicio.

Este es la primera aparición pública de Mette-Marit como reina consorte, un rol que ha llegado en un momento especialmente delicado. Sorprende que su primogénito, en espera de que se resuelva el recurso de apelación de la sentencia de cuatro años de cárcel, haya estado tan presente.

Aunque la imagen no ha sido del agrado de muchos monárquicos, quizá haya primado el lado sentimental de la ceremonia por encima de lo meramente institucional. El joven llegó a la Familia Real siendo muy pequeño, con tres años, y Harald de Noruega era su abuelo pese a no tener lazos de sangre.

Es parte de los Glücksburg, aunque no tenga deberes reales.