El peligro no terminó cuando las aguas comenzaron a bajar. El Gran Cañón se prepara para nuevas tormentas después de que una inundación repentina arrasara el sábado Bright Angel Canyon y los alrededores de Phantom Ranch, dejando dos personas muertas, 15 desaparecidas o sin localizar y graves daños en la infraestructura del parque.
El Servicio Meteorológico Nacional ha advertido que las condiciones seguían siendo propicias para nuevas inundaciones repentinas debido a la presencia de abundante humedad monzónica y a que algunos suelos ya estaban saturados. La amenaza se mantiene durante este lunes, con pronósticos de más lluvias y tormentas en el norte de Arizona.
La situación obligó a las autoridades a mantener las restricciones y a extremar las medidas de seguridad en una de las zonas turísticas más visitadas de Estados Unidos. El Servicio de Parques Nacionales (NPS) suspendió los alojamientos nocturnos dentro del parque desde el lunes y pidió a residentes y visitantes reducir al mínimo su consumo de agua.
Vista aérea de las inundaciones en el Gran Cañón, este domingo.Craig Sanderson (AP)
La tormenta del sábado mostró la rapidez con la que las condiciones pueden cambiar en el interior del cañón. Una fuerte descarga de lluvia provocó que Bright Angel Creek aumentara su nivel más de cinco pies en apenas 10 minutos. La corriente arrastró barro, rocas y otros escombros, destruyó puentes peatonales y modificó algunos sectores del cauce.
Más de 60 personas tuvieron que ser evacuadas en helicóptero desde las profundidades del Gran Cañón. El NPS también pidió información sobre excursionistas y campistas que pudieran haber estado en Bright Angel Creek, Bright Angel Campground, Phantom Ranch o el North Kaibab Trail cuando ocurrió la inundación.
El domingo por la tarde fue localizado el cuerpo de un hombre de 46 años cerca de Crystal Rapids, a lo largo del río Colorado. Las autoridades no han informado públicamente más detalles sobre la víctima. Pero además de las labores de búsqueda y rescate, el parque enfrenta un problema que podría prolongar las consecuencias de la tormenta: la destrucción de su principal infraestructura de suministro de agua.
El lunes, el NPS confirmó una segunda muerte, sin ofrecer más detalles sobre la víctima.
La inundación causó daños extensos en la Transcanyon Waterline, una tubería fundamental para transportar agua dentro del parque. El NPS señaló que actualmente no está operativa, lo que ha reducido las reservas disponibles y obligado a implementar medidas extraordinarias de conservación.
Por otra parte, los alojamientos nocturnos dentro del parque permanecerán cerrados hasta nuevo aviso y no se ha establecido una fecha para su reapertura. En los campamentos del South Rim se suspendió el acceso a determinados grifos de agua, aunque los baños continúan operativos. Las autoridades recomendaron duchas de un máximo de cinco minutos, cerrar los grifos cuando no sean necesarios y reducir las descargas de los inodoros.
Vista del Parque Nacional del Gran Cañón, esta mañana.John Locher (AP/Lapresse)
El cierre no afecta a los hoteles situados fuera del parque, en la localidad de Tusayan. Durante el día, algunas áreas del South Rim también permanecen abiertas, aunque determinados servicios podrán funcionar con horarios reducidos.
La interrupción del suministro llega además cuando el parque se encuentra en medio de un proyecto de rehabilitación de 208 millones de dólares iniciado en 2023. La obra busca modernizar la tubería y el sistema de distribución de agua, y estaba prevista para concluir el próximo año. La infraestructura es especialmente importante para un lugar que recibe alrededor de 5 a 6 millones de visitantes al año y alberga a unos 1.600 residentes de Grand Canyon Village.
El riesgo meteorológico seguirá siendo un factor determinante durante las próximas semanas. Las tormentas que afectan al suroeste de Estados Unidos forman parte del monzón norteamericano, un fenómeno que durante esta época del año lleva aire cálido y húmedo desde el golfo de California y el Pacífico tropical hacia el interior y que suele extenderse hasta septiembre.
En el Gran Cañón, esas condiciones pueden ser especialmente peligrosas. Las tormentas son difíciles de localizar con precisión y pueden desarrollarse con rapidez sobre el terreno montañoso. Cuando una fuerte lluvia cae sobre zonas del cañón, el agua puede concentrarse en cauces estrechos y transformarse rápidamente en una corriente capaz de arrastrar rocas, barro y estructuras.
El NPS advirtió que nuevas tormentas podrían provocar inundaciones repentinas adicionales, flujos de escombros, desprendimientos de rocas y cambios en las condiciones de senderos y ríos. Por ello, varias rutas y cruces permanecen cerrados mientras los equipos evalúan los daños.