La evidencia científica demuestra la relación entre el consumo de cannabis y el riesgo de sufrir un episodio psicótico. Ni es una «sustancia blanda», ni «solo hace daño si se consume de vez en cuando». El cannabis no es inofensivo y en determinadas edades y situaciones puede tener consecuencias graves. Así lo pone de manifiesto Andrea Lombardero, enfermera especialista en Salud Mental en un nuevo vídeo divulgativo de la serie Cuídate con tu Enfermera de Canal Enfermero.
«El cannabis contiene tetrahidrocannabinol (THC), el principal componente psicoactivo. El THC actúa sobre los receptores cerebrales relacionados con la percepción, el pensamiento y las emociones. En personas jóvenes, cuyo cerebro aún está en desarrollo, el consumo regular puede alterar circuitos neuronales clave, afectando la atención, la memoria, la motivación y el control emocional», explica la especialista.
Del consumo al brote psicótico: el riesgo real
Un brote psicótico implica una pérdida del contacto con la realidad. Puede incluir síntomas como alucinaciones, delirios, pensamientos desorganizados o una profunda alteración del comportamiento. «Las personas que consumen cannabis tienen entre dos y tres veces más riesgo de desarrollar un episodio psicótico que quienes no lo consumen. En jóvenes que inician el consumo antes de los 16 años, ese riesgo puede multiplicarse por cuatro. Cuanto mayor es la concentración de THC y más frecuente el consumo, mayor es el riesgo. Además, en personas con vulnerabilidad biológica, por ejemplo, antecedentes familiares de esquizofrenia, el cannabis puede precipitar la aparición de la enfermedad o agravar los síntomas«, sigue.
Tal y como indican datos del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, el cannabis es la sustancia ilícita más consumida en Europa. Casi un 30% de los jóvenes entre 15 y 24 años lo ha probado alguna vez y en España, uno de cada cinco adolescentes de 14 a 18 años lo consumió en el último año.
Señales de alarma
Si en tu entorno hay un adolescente o joven consumidor, es importante prestar atención a los signos de alarma que indica esta enfermera y ante alguno de ellos acudir lo antes posible al centro de salud. «Cambios bruscos en el estado de ánimo o el comportamiento, aislamiento social o pérdida de interés en actividades habituales, la dificultad para concentrarse o bajar el rendimiento escolar, la aparición de ideas extrañas, desconfianza excesiva o la percepción de cosas que otros no ven ni oyen o la alteración del sueño o el apetito, son algunos de los síntomas que debemos vigilar. Recuerda que un abordaje temprano puede evitar que el problema evolucione hacia un cuadro grave», indica Lombardero.
Comunicación positiva y alternativas saludables
Ante una situación de este tipo, las familias y los profesionales sanitarios son agentes fundamentales. «Es importante hablar sin juzgar, fomentar la confianza y el diálogo es más eficaz que la confrontación. También informar sin alarmar, explicando los riesgos con claridad, basando la información en hechos y evidencias. Muy importante, buscar ayuda profesional de enfermeras, médicos y psicólogos, que pueden orientar sobre programas de prevención y deshabituación. Y, por último, promover alternativas saludables, como practicar deporte, actividades creativas y espacios sociales libres de consumo», concluye.
El cannabis puede parecer inofensivo, pero puede tener consecuencias graves para la salud mental. Informarse, hablar y pedir ayuda a tiempo puede marcar la diferencia entre una etapa de riesgo y una vida saludable.