Nepal sufre una carencia crónica de electricidad a pesar de que cuenta con uno de los mayores potenciales del mundo para generar energía hidroeléctrica. Al … fin y al cabo, el Himalaya es el origen de algunos de los principales ríos de Asia y el enorme desnivel de la cordillera le permite explotar sus saltos por esos escarpados valles que, desafortunadamente, el pasado miércoles se convirtieron en una ratonera mortal para sus habitantes. Muchos fueron incapaces de escapar ante la lengua de lodo provocada por el derrumbe de un glaciar que lo engulló todo a su paso.

O casi todo. Porque cientos de trabajadores de una docena de proyectos hidroeléctricos construidos para aprovechar este recurso quedaron atrapados en sus galerías subterráneas, cuyas salidas quedaron taponadas por las toneladas de barro y piedras que arrasaron decenas de pueblos a lo largo del río Trishuli. Según las cifras oficiales, suman 933, casi una cuarta parte del total de desaparecidos, cuya última cifra se sitúa en 4.247.

Los equipos de rescate retiran un cadáver.

Los equipos de rescate retiran un cadáver.

(EFE)

Embarrados, sin apenas comida y con reservas de oxígeno en descenso, su rescate se ha convertido en una prioridad para las autoridades nepalíes, que se enorgullecen de haber desplegado decenas de helicópteros rápidamente -las expediciones y los vuelos turísticos hacen que el país sea base de muchas de estas aeronaves- para lograr el rescate de varios cientos de supervivientes. Sin embargo, los que aguardan en los túneles de una docena de centrales eléctricas, utilizados para desviar el agua de los ríos hacia las turbinas, suponen un reto especial, ya que es necesario utilizar maquinaria pesada para abrir camino hasta ellos.

«Parecía que solo había cadáveres»

A pesar de las dificultades, unos 280 de estos trabajadores han sido rescatados ya y los trabajos avanzan en diferentes lugares para llegar a más. El principal es el proyecto hidroeléctrico Uttam Trishuli 3 ‘A’, en Nuwakot, construido entre 2011 y 2019 y equipado con dos turbinas de 30 MW a las que el agua llega por túneles de hasta cuatro kilómetros de longitud. Los equipos de rescate han llevado a cabo incluso voladuras controladas para llegar hasta los trabajadores atrapados y han logrado abrir orificios de entre 60 centímetros y un metro de diámetro para descender haciendo rápel, aunque aún no han encontrado señales de vida.

«Estos túneles son lo suficientemente grandes como para que pasen camiones. Hay suficiente espacio para que la gente se refugie allí», explicó el profesor de la austriaca Universidad de Graz Jakob Steiner. El problema, como señala el guía turístico Ashish Gurung al diario ‘The Guardian’, es que esos túneles «pueden estar anegados y, en su interior, el lodo es muy profundo». De hecho, Gurung ha participado en las labores de rescate: «Nos acercamos a la primera estación, a unos 130 metros de la entrada. A partir de ahí parecía que solo había cadáveres». No obstante, la empresa que explota las instalaciones es optimista, y Gurung también. «Tienen una zona segura adentro. Algunos podrían estar vivos», comenta.

Pero la esperanza es siempre lo último que se pierde y más aún en Nepal, donde algunas alegrías salpican la tristeza imperante después de la avalancha del pasado miércoles. Buen ejemplo de ello es la niña de seis años rescatada con vida a tres kilómetros de la frontera con China. La Policía Armada escuchó sus gritos el viernes por la noche, más de 55 horas después del desastre, y logró extraerla del lodo con ayuda de los equipos australianos desplazados al lugar. Desafortunadamente, el mal tiempo y el avance de las horas juegan en contra de quienes todavía esperan un milagro.