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Un equipo de investigadores españoles ha diagnosticado la enfermedad de un Iguanodon del Cretácico Inferior utilizando la tecnología médica más actual disponible. El fósil de Iguanodon, que nos sitúa en la península ibérica hace 125 millones de años, ha desvelado que el dinosaurio sufría una dolorosa úlcera de la piel que llegó hasta el hueso; demostrando que estos gigantes también sufrían (y sobrevivían) a graves enfermedades. No eran invulnerables.

En el Cretácico Inferior, el planeta estaba dominado por grandes reptiles que, al igual que nosotros los humanos, también enfermaban, padecían dolores crónicos y sufrían infecciones. Y, ahora, gracias a un trabajo de «CSI paleontológico», un equipo de expertos ha destapado la primera evidencia de una infección bacteriana de origen cutáneo en un dinosaurio. Y el paciente cero de este descubrimiento médico-paleontológico paseaba por lo que actualmente es Morella, en Castellón.

El protagonista de esta historia es un Iguanodon bernissartensis, un emblemático dinosaurio herbívoro que podía superar los 10 metros de longitud. Durante los trabajos de extracción en la mina de arcilla del yacimiento de Mas de la Parreta, los paleontólogos recuperaron una tibia derecha de más de un metro de largo. A simple vista, el hueso presentaba un abultamiento extraño en su parte media.

Vecinos y equipos de rescate registran los escombros de un edificio derrumbado tras el terremoto que sacudió Cali (Colombia) el lunes 10 de agosto de 2026.Un diagnóstico médico a 125 millones de años de distancia

Para averiguar de qué se trataba, un equipo de científicos del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED llevaron al dinosaurio al hospital; concretamente, al Hospital General Universitario de Castellón, y sometieron la tibia a una Tomografía Axial Computarizada (TAC).

Las imágenes tridimensionales de alta resolución permitieron a los investigadores viajar al interior del hueso. Una vez inmersos en el diagnóstico, se descartó rápidamente un callo óseo por fractura (ya que no había signos de remodelación interna típica de una rotura) o un tumor óseo. Pero la respuesta sí estaba en los tejidos blandos: el hueso había reaccionado a una grave infección externa.

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Tibia derecha de ‘Iguanodon bernissartensis’. Los dinosaurios también enfermaban y sufrían. 

Una úlcera que habría hecho cojear al dinosaurio

El estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, expone que ese engrosamiento de la corteza del hueso (una reacción perióstica) fue la reacción del organismo a una infección bacteriana masiva. Concretamente, el Iguanodon sufrió una úlcera cutánea avanzada, probablemente polimicrobiana (similar a las llamadas «úlceras tropicales» como las que han sido descritas en medicina humana).

Y es la primera vez en la historia de la paleontología que se documenta este tipo de respuesta patológica en un dinosaurio no aviano. Una herida en la piel, quizás provocada por un roce, un parásito o el ataque de un depredador, se infectó gravemente, necrosando los tejidos blandos hasta alcanzar la tibia y habría sido no solo doloroso, sino que habría hecho que el dinosaurio andara cojeando.

Sobrevivir al dolor en el Cretácico

El animal no murió a causa de la infección de forma inmediata, ya que la formación de nuevo tejido óseo evidencia que el Iguanodon sobrevivió el tiempo suficiente para que su sistema inmunológico desarrollara una respuesta inflamatoria prolongada y comenzara el lento proceso de cicatrización.

Pero no debió ser fácil. Los investigadores apuntan a que esta úlcera le habría provocado un dolor persistente, una gran inflamación y una severa limitación funcional en la pata derecha. Es muy probable que este coloso de varias toneladas se viera obligado a cojear por los ecosistemas de Morella, alterando su forma de caminar para sobrevivir en un entorno donde la debilidad suele pagarse con la muerte.

Más descubrimientos en Morella

Desde el siglo XIX, la Formación Arcillas de Morella, ha regalado a la ciencia especies únicas como Morelladon beltrani o Garumbatitan morellensis (o incluso Vallibonavenatrix cani, de Vallibona). Tal y como ha señalado el alcalde de la localidad, Bernabé Sangüesa, Morella atesora más de 8.000 piezas fósiles a la espera de un gran museo que haga justicia a su patrimonio.