Jane Fonda rememora la distancia afectiva de su infancia y la reconciliación en ‘En el estanque dorado’ que modificó su mirada sobre el tiempo.Jane Fonda, actriz e hija de Henry Fonda, 87 años: «Solo vi a mi padre llorar dos veces en toda mi vida»

Jane Fonda, la actriz de 87 años e hija del legendario Henry Fonda, recordó la frialdad afectiva que marcó su infancia y su vida adulta. En una entrevista recuperó un resumen íntimo: “Solo vi a mi padre llorar dos veces en toda mi vida”, una confesión que dejó claro el abismo emocional entre ambos.

Mientras Henry era una figura central del Hollywood clásico, en casa no se mostró cercano. Fonda explicó cómo esa falta de espejo afectivo socavó su autoestima. Ella sentenció con crudeza: “Si tienes un padre que no es capaz de aparecer, que no es capaz de reflejarte a través de los ojos del amor, eso tiene un gran impacto en tu autoestima”.

Las dos ocasiones

En el podcast y en otras entrevistas, Jane describió la primera escena que la sorprendió: su padre, solo en el jardín, apoyado en una manguera, rompiendo a llorar al enterarse de la muerte de Franklin D. Roosevelt. Ella se quedó observando sin que él supiera que lo hacía. Aquella imagen quedó grabada en su memoria y la marcó.

Mucho tiempo después, padre e hija coincidieron en el rodaje de En el estanque dorado (1981), donde lograron limar asperezas. Jane relató cómo, en un momento clave, le dijo: “Me disculpé por no ser una mejor hija”. Tras escucharla, Henry empezó a llorar; ella, consciente de su incomodidad, le dejó solo.

Jane Fonda rememora la distancia afectiva de su infancia y la reconciliación en ‘En el estanque dorado’ que modificó su mirada sobre el tiempo.Jane Fonda, actriz e hija de Henry Fonda, 87 años: «Solo vi a mi padre llorar dos veces en toda mi vida» Lecciones y el ‘tercer acto’

El acercamiento final alteró su mirada sobre el paso del tiempo y la muerte. Jane contó que ver a su padre en los últimos años le dio otra perspectiva: “Vi a mi padre morir y supe que no tengo miedo de eso”, y decidió, con 59 años, vivir su “tercer acto” para evitar “grandes remordimientos”.

Jane, famosa por papeles como Barbarella o por su activismo, admite que la ausencia afectiva y el suicidio de su madre dejaron huella. Esa mezcla de fama y heridas personales nutriría buena parte de su carrera y de su mirada pública, una trayectoria en la que aprendió a confrontar el pasado sin histrionismos.

Al cierre, Jane Fonda subrayó que la reconciliación tardía no borró los dolores, pero sí le permitió ordenar prioridades. Hoy, la actriz mira el envejecimiento con menos miedo y más intención de enmendar lo posible en vida. Su relato es un recordatorio de cómo las conversaciones pendientes pueden cambiar el balance emocional.