Gino Bartali estuvo a punto de morir con el maillot amarillo. Eddy Merckx también vio su vida pasar en una competición de pista. Qué decir de Jonas Vingegaard en la curva de Olaeta durante la fatídica Itzulia de 2024. O de Chris Froome, con su impacto contra un muro en 2019. Fausto Coppi se partió infinitud de huesos. Bernard Hinault tuvo que retirarse del Tour de 1980 cuando era líder. Todos los campeones han sido alcanzados por la fatalidad. Junto a sus fotografías icónicas tienen sus imágenes malditas. Las que nunca quisieron protagonizar y de las que es tan difícil esquivar. No hay rival más despiadado. Especialmente en un deporte como el ciclismo. Tan frágil. Nada en él se puede dar por hecho.