Sólo unas horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara reanudar los ataques contra la República Islámica, los mandatarios de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping, coincidieron en Biskek con su homólogo iraní, Masud Pezeshkian, ávido de apoyos en su guerra de supervivencia.
En la capital de Kirguistán se celebraba este lunes la primera jornada de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), un bloque político, económico y de seguridad euroasiático que integran países como Rusia, China, India, Irán, Pakistán o Kazajistán y que celebra este año su 25 aniversario.
Putin y Xi aprovecharán el escaparate para cerrar filas con el régimen iraní ante los últimos ataques del Pentágono contra dos lanzaderas en la isla de Larak, ubicada en el cuello de botella del estrecho de Ormuz, a los que Teherán respondió lanzando una andanada de drones y misiles contra dos bases estadounidenses en Jordania.

El Pentágono acusó a la Guardia Revolucionaria de preparar el lanzamiento de cohetes con minas navales a las aguas de Ormuz, y por eso llevó a cabo esta «acción limitada y precisa», en palabras del Mando Central. El primer intercambio de fuego desde julio se saldó con dos muertos y dos heridos, según la agencia iraní Tasnim.
«Irán es oficialmente una Nación Fallida», escribió Trump en Truth. «¡ESTÁ MUERTA! No tienen Marina, no tienen Fuerza Aérea, no tienen moneda, no están pagando a sus soldados ni a su policía, la Inflación está al 300% y su liderazgo está en total desorden e incapaz de representar adecuadamente al país».
El inquilino de la Casa Blanca, que dejó a un lado en agosto las represalias militares contra Irán para centrar su estrategia en la guerra económica, ampliando las sanciones contra la República Islámica y amenazando con imponerlas a los países que comerciaran con ella, amagaba con retomar la táctica anterior.
Mientras Trump busca su asfixia económica y militar, Teherán se apoya en la OCS, una organización en auge gracias a la «amistad sin límites» de la que Rusia y China presumen desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania y a la incorporación de quince nuevos socios, entre los que figuran Turquía, Catar o Arabia Saudí.
El analista Naser al-Tamimi sostiene que el grupo «ofrece a Irán una mayor cobertura política, contribuye a reducir su aislamiento internacional y amplía las oportunidades de comercio y de realizar transacciones en yuanes, rublos y otras monedas nacionales. Así, puede reducir modestamente la dependencia de Teherán del sistema financiero occidental».
«Pero la OCS no constituye un escudo económico frente a las sanciones estadounidenses», matiza Al-Tamimi. «Carece de una arquitectura financiera alternativa plenamente desarrollada, no proporciona una protección fiable a los principales bancos y empresas expuestos a sanciones secundarias y no puede obligar a China o India a asumir elevados costes económicos en nombre de Irán».
Como los BRICS, el grupo sirve como contrapeso a Occidente. Sus diez miembros representan el 43 % de la población mundial y el 23 % del PIB a nivel global. Su arquitectura, sin embargo, es precaria. No todos sus integrantes reman en la misma dirección. El ejemplo más ilustrativo es la presencia de India y Pakistán, dos países que fueron a la guerra en agosto del año pasado.

Vladímir Putin y Xi Jinping se reúnen en los márgenes de la cumbre de la OCS en Biskek.
Kristina Solovyova
Reuters
El interés de Irán se centra en Rusia y China. Moscú y Pekín son los principales soportes de la economía iraní. Ni Putin ni Xi han dejado caer a su socio, que a su vez apoya a la maquinaria bélica del Kremlin en Ucrania con el envío de drones Shahed y nutre de crudo a la industria china.
China se ha consolidado como el principal salvavidas de Moscú y Teherán, golpeados por las sanciones occidentales. De acuerdo con análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS) y el Royal United Services Institute (RUSI), el comercio bilateral entre China y Rusia ha alcanzado récords históricos tras superar los 240.000 millones de dólares anuales.
En el caso de Irán, el Carnegie Endowment for International Peace destaca la alianza estratégica mediante la cual Pekín absorbe la inmensa mayoría de las exportaciones de crudo iraní —superando el 1,5 millones de barriles diarios— a través de canales informales, sistemas de pago no respaldados en dólares y la denominada «flota fantasma» de petroleros.
«Lo que merece la pena seguir de cerca no es la contundencia de las declaraciones políticas, sino si China está dispuesta a transformar su apoyo político en un compromiso financiero y comercial que asuma realmente los riesgos de las sanciones estadounidenses», señala Al-Tamimi. «Si eso no ocurre, Shanghái seguirá siendo una herramienta para aliviar la presión sobre Irán, no para eliminarla», sentencia.
Este lunes, Pezeshkian aseguró durante un encuentro mantenido en Biskek con el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, que Irán sigue dispuesto a «lograr una vía de acuerdo y entendimiento, y creemos que continuar la guerra no beneficia a nuestros intereses ni a los de la región».
«Creemos que la solución a los problemas existentes es el diálogo y la cooperación, y deben aprovecharse todas las capacidades para evitar la propagación de la inseguridad y el conflicto», expresó el mandatario iraní, dispuesto a implementar el Memorando de Entendimiento (MoU) firmado en junio con la Administración Trump.
Yuri Ushakov, asesor de política exterior del Kremlin, confirmó antes del encuentro entre Putin y Pezeshkian que la guerra en Oriente Próximo sería «uno de los asuntos clave» de la reunión bilateral. «Saben lo relevante que es esta reunión a la luz de la actual atmósfera de tensión en Oriente Medio y de la situación en torno a Irán», declaró.
Otro de los temas de interés de la cita programada para este martes es el acuerdo que la República Islámica alcanzó con la compañía estatal rusa Rosatom para construir cuatro centrales nucleares en Irán a un módico precio de 25.000 millones de dólares.
Será el primer encuentro entre el presidente ruso y el iraní desde el inicio de la operación Furia Épica, aunque Putin recibió el pasado mes de abril en San Petersburgo al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, a quien le expresó su apoyo.
Putin mantuvo este lunes una breve conversación con el primer ministro indio, Narendra Modi, que aprovechó la ocasión para aclarar que su país apoyaba «todos los esfuerzos de paz» para poner fin a la guerra en Ucrania. «Cada día de guerra hace retroceder a la humanidad; debemos trabajar para poner fin a las hostilidades», manifestó el líder nacionalista hindú.
Antes había dialogado con el presidente chino. En su reunión con Xi, en cambio, ambos discutieron «de pasada» la guerra en Ucrania y se limitaron a celebrar sus buenas relaciones. «Estamos ejecutando grandes proyectos en energía, industria, espacio, transporte y logística», valoró Putin, interesado en hacer permanente el régimen de exención de visados.