… a un fenómeno internacional

En 2011, la película estadounidense Los Pitufos (con Neil Patrick Harris y Sofía Vergara) buscaba un lugar donde celebrar su preestreno mundial. Una agencia de publicidad madrileña propuso pintar las casas de Júzcar de azul para el evento, previsto en junio, con el fin de crear el primer pueblo de los Pitufos del mundo. Júzcar era la candidata ideal: aislado en el bosque, al igual que el País Maldito del famoso cómic, cuenta con unas pocas decenas de viviendas.

Una vez aceptado el proyecto, doce pintores locales utilizaron cerca de 4.000 litros de pintura, transformando todo el pueblo, incluidos sus edificios históricos y su iglesia. La productora Sony prometió a los vecinos volver a pintar todo de blanco seis meses después del estreno de la película; pero, en una consulta pública celebrada en diciembre, los juzcareños votaron a favor de mantener el azul en sus fachadas de forma permanente.

Hasta 2017 el pueblo estaba decorado con grafitis en honor a los Pitufos.

Hasta 2017, el pueblo estaba decorado con grafitis en honor a los Pitufos.

© Antonio Carlos Soria Hernandez

Hay que decir que, en apenas seis meses, el pueblo atrajo a 80.000 visitantes y generó unos ingresos nada desdeñables. Júzcar se ha hecho mundialmente famoso como “el pueblo de los Pitufos” (el primer pueblo de los Pitufos, tal y como se indica a la entrada) y, además de su pintura azul, se ha adornado con murales, collages y estatuas de personajes repartidos por sus callejuelas. ¿Casualidad? El municipio también alberga un museo micológico, dedicado a las setas de la región, sin dejar de evocar las emblemáticas viviendas de los Pitufos, concebidas con forma de amanita mosquera (un hongo con sombrero rojo) por su creador, el dibujante belga Peyo, en la década de 1950. Por último, cuenta la leyenda que solo un habitante se negó a que pintaran su casa de azul; y que, como es lógico, se le apodó… Gargamel. El preestreno de Los Pitufos 2, en 2013, tuvo lugar incluso en Júzcar. Todo encaja, hasta 2017.

Un antes y un después para el pueblo de los Pitufos

El pueblo floreció gracias a este nuevo turismo, con 50.000 turistas al año, hasta que, en 2017, las autoridades exigieron a los comerciantes que abonaran el 12 % de los ingresos generados gracias a las referencias a los Pitufos. La empresa heredera de Peyo lo exigió, ya que no se había abonado nada desde 2011. Se produjo entonces un litigio que obligó al ayuntamiento a retirar toda alusión a los hombrecitos azules: sus grafitis, su denominación como pueblo de los Pitufos y sus estatuas. Júzcar volvió entonces a ser un pueblo, en definitiva, corriente… salvo por su color, ¡ya que era imposible cumplir con la obligación de repintarlo de blanco! A pesar de ello, el lugar ha perdido desde entonces parte de su esplendor; el color se ha desvanecido y el turismo cada vez va a menos. Pero la insólita historia de Júzcar seguirá siempre ligada a los Pitufos —como lo demuestra la dificultad para encontrar imágenes de su vida anterior, cuando aún era blanco…