Aday Mara ha necesitado 44 minutos para cambiar la percepción sobre su papel en la selección española. El pívot zaragozano no ha llegado a la absoluta para completar una convocatoria marcada por la renovación. En sus dos primeros partidos internacionales ha dejado números de jugador importante: 27 puntos, 19 rebotes, 3 asistencias, 5 tapones y 41 créditos de valoración ante Portugal y Grecia. Y, sobre todo, ha terminado ambos encuentros como el jugador más valorado de España.

La estadística adquiere todavía más dimensión al ponerla en relación con el tiempo que ha permanecido en pista. Mara ha promediado 22 minutos por encuentro, con 13,5 puntos, 9,5 rebotes, 1,5 asistencias, 2,5 tapones y 20,5 de valoración. Ha convertido 11 de sus 16 lanzamientos de dos puntos, un 68,7%, y ha acudido 8 veces a la línea de tiros libres, de donde ha anotado 5 lanzamientos.

No son números de una promesa a la que se le concede una oportunidad para que vaya acumulando experiencia. Son los registros de un jugador que, con apenas 21 años y en su primera ventana con la absoluta, ya ha tenido una incidencia directa sobre el juego de España.

De Zaragoza al OAKA, dos partidos diferentes y la misma influencia

El debut tuvo además un escenario especial. Mara se estrenó con España en Zaragoza, en el mismo pabellón en el que comenzó a hacerse un nombre antes de emprender su aventura estadounidense. Su entrada en pista se produjo antes de que concluyera el primer cuarto, después de que Willy Hernangómez tuviera que abandonar temporalmente la pista por un golpe.

En 19 minutos, Mara produjo 12 puntos, seis rebotes, dos asistencias y cuatro tapones. Anotó 5 de sus 7 tiros de dos y terminó con 17 de valoración. Pero el dato que mejor explica su impacto fueron los tapones: los cuatro que colocó representaron dos tercios de los seis que consiguió España durante el encuentro.

No fue únicamente una cuestión de estadísticas. Cada vez que Portugal atacó la zona con Mara cerca del aro, la presencia del zaragozano modificó las decisiones de los exteriores portugueses. Sus 2,21 metros permiten a España jugar con una defensa más agresiva delante del balón y, al mismo tiempo, proteger el aro con una amenaza constante de tapón.

Tres días después, en Atenas, el escenario cambió por completo y también aumentó su responsabilidad. Mara pasó de 19 a 25 minutos y respondió con su primer doble-doble con la selección: 15 puntos y 13 rebotes. Capturó cuatro rebotes ofensivos y nueve defensivos, añadió una asistencia y un tapón y acabó con 24 de valoración.

Es especialmente significativo que atrapara 13 de los 41 rebotes de España, prácticamente uno de cada tres. Su influencia en el rebote ofensivo también resultó determinante para mantener a España con opciones en un partido que terminó en la prórroga.

La quinta falta, señalada como antideportiva, le obligó a abandonar la pista con todavía 2 minutos y 35 segundos por jugar del tiempo extra. Hasta ese momento, Mara había sido una de las principales referencias interiores del equipo español.

Un pívot que hace algo más que finalizar

La principal diferencia de Mara respecto a otros interiores de la selección no está únicamente en su tamaño. Su capacidad para pasar introduce una dimensión diferente en el ataque español.

En Zaragoza repartió dos asistencias y en Atenas añadió otra. Tres pases de canasta pueden parecer una cifra menor para un exterior, pero adquieren otro valor cuando proceden de un pívot de 2,21 metros capaz de recibir cerca del aro, atraer ayudas y encontrar al compañero liberado.

Mara puede generar desde el poste, jugar el bloqueo directo y continuar hacia el aro o recibir en posiciones intermedias para leer la defensa. Esa capacidad obliga a los rivales a decidir entre proteger la pintura o conceder espacios en el perímetro.

También ha mostrado una de las cualidades que más necesita la selección en este cambio de ciclo: capacidad para producir sin necesitar un volumen elevado de posesiones. En sus dos encuentros ha lanzado 16 tiros de dos puntos y ha convertido 11. Es decir, ha necesitado poco balón para convertirse en una fuente constante de puntos.

Su margen de mejora, sin embargo, también ha quedado expuesto. La defensa del bloqueo directo sigue siendo su principal asignatura pendiente. Cuando el ataque rival utiliza a un exterior capaz de lanzar o penetrar, Mara tiene dificultades para salir lejos del aro y regresar después a su posición. Los cambios defensivos ante jugadores pequeños son otro problema evidente.

No es un detalle menor. En el baloncesto internacional, donde los rivales buscan constantemente sacar al pívot de la pintura, España tendrá que proteger sus limitaciones defensivas mediante el resto de la estructura.

Pero precisamente ahí está la clave: los defectos de Mara son corregibles; las virtudes que ya posee son mucho más difíciles de encontrar.

El relevo ya tiene nombres y apellidos

La irrupción de Mara coincide con una convocatoria en la que España ha acelerado el proceso de renovación. Álvaro Cárdenas, Mario Saint-Supéry, Baba Miller, Sergio de Larrea y Hugo González representan junto al zaragozano una generación llamada a asumir responsabilidades que hasta ahora recaían sobre los jugadores que han sostenido a la selección durante la última década.

El más llamativo después de Mara ha sido Saint-Supéry. Ante Portugal dispuso de pocos minutos, pero frente a Grecia aprovechó su oportunidad y mostró precisamente una de las cualidades que necesita España: personalidad para atacar y no esconderse cuando el partido exige tomar decisiones.

Cárdenas también dejó señales importantes. El base tuvo protagonismo en la reacción española en Atenas y terminó participando en acciones de conexión con Mara. Esa sociedad entre un generador joven y un interior con capacidad para finalizar y pasar puede convertirse en una de las vías de crecimiento del equipo.

Baba Miller ofreció una versión más irregular, alternando acciones de mucho nivel con errores defensivos. En su caso, el potencial físico y técnico resulta evidente, pero necesita continuidad para convertirlo en rendimiento.

Sergio de Larrea, por su parte, encontró puntos desde el triple, aunque todavía debe mejorar su capacidad para generar ventajas con balón y asumir más responsabilidad como director de juego. Y Hugo González, con 20 años, atraviesa una fase diferente: su físico y su capacidad defensiva son indiscutibles, pero España necesita que esa fortaleza se traslade también al ataque.

Todos ellos están todavía en construcción. Mara, en cambio, ha dado un paso diferente en esta ventana.

Las dos derrotas ante Portugal y Grecia impiden hacer una lectura completamente positiva de la ventana. España acumula tres tropiezos consecutivos y afronta una segunda fase de clasificación para el Mundial de 2027 en la que cada partido tendrá un peso considerable.

Pero dentro de esa dificultad aparece una certeza.

Mara ha terminado como el jugador más valorado de España en los dos encuentros. Ha promediado 13,5 puntos y 9,5 rebotes en 22 minutos. Ha aportado cinco tapones en total y ha capturado 19 rebotes en una ventana en la que apenas ha disputado 44 minutos.

El dato más revelador, sin embargo, quizá sea otro: España no ha tenido que esperar a que Mara se adapte a la selección para empezar a beneficiarse de él. Su impacto ha sido inmediato.

El zaragozano todavía tendrá que aprender a defender el bloqueo directo, controlar mejor las faltas y adaptarse a la velocidad y al contacto del baloncesto FIBA. Pero la primera prueba ya está superada.

La selección necesita encontrar nuevas referencias. Mara ha aparecido justo cuando más falta hacía.

Y lo ha hecho sin pedir permiso.