Un estudio ha hallado una asociación entre la vacunación frente al herpes zóster en personas mayores de 60 años y una reducción en la incidencia de ciertas condiciones cardiovasculares como insuficiencia cardíaca y el ictus.

Sin embargo, este efecto solo se observa con la vacuna recombinante, relativamente reciente, y no con la antigua basada en virus atenuado.

El trabajo ha sido publicado en Nature Medicine. Sus autores, liderados por la psiquiatra de la Universidad de Oxford Maxime Taquet, ya habían observado el efecto beneficioso de la vacuna en la demencia, y ahora buscaban revisar si podía ofrecer cierta protección cardiovascular.

Vacunación, herpes zóster.

La razón es que el herpes zóster es una infección bastante frecuente (y dolorosa) en la población adulta a partir de los 50 años y puede tener consecuencias en la salud poblacional.

Está causada por el virus de la varicela-zóster, que permanece en el cuerpo tras la enfermedad y reaparece una vez que el sistema inmune comienza a debilitarse, generando los sarpullidos conocidos como ‘culebrilla’.

Se sabía que las personas vacunadas del herpes zóster tenían una menor incidencia cardíaca, pero se sospechaba que podía deberse a un sesgo de ‘vacunado saludable’: aquella persona que se vacuna normalmente cuida más su salud y, por tanto, esa menor incidencia podía deberse más a otros factores que a la propia vacuna.

Por eso, los investigadores aprovecharon un experimento natural: el momento en que la vacuna basada en proteínas recombinantes sustituyó a la de virus atenuados en Estados Unidos, en 2017 (en España se incluyó en el calendario en 2022).

Menos ictus e insuficiencia cardíaca

Tomaron los datos de más de 70.000 personas mayores de 60 años incluidas en un registro de historiales electrónicos de salud de EEUU: la mitad de ellos recibieron una de las dos vacunas. En principio, no habría razón alguna para sospechar que las características de uno y otro grupo fueran distintas.

Analizando la incidencia de aquellos vacunados en 2017 (el 98,6% recibió la de virus atenuados) y la de los inoculados en 2018 (de los que el 93,5% recibió el producto recombinante) a lo largo de los siete años posteriores, observaron que la carga de enfermedad cardiovascular era un 9% menor en el segundo grupo.

Esta asociación, que se atenuaba a lo largo del tiempo, era significativa para cardiopatía isquémica (un 10% menos) e insuficiencia cardíaca (un 12% menos) en ambos sexos, e ictus (un 12% menos) en hombres.

También se observó una disminución del 7% en la incidencia de la fibrilación auricular, pero no en otras condiciones cardiovasculares como la miocarditis, la enfermedad arterial periférica, el accidente cerebrovascular hemorrágico o accidente isquémico transitorio.

El herpes zóster o 'culebrilla' se reactiva en forma de erupción cutánea.

Los autores consideran que este beneficio no puede deberse a una menor incidencia del herpes zóster en un grupo frente a otro, ya que la diferencia en número de eventos cardiovasculares es mayor que la diferencia en número de casos.

Una explicación posible, sostienen, es que la vacunación con un producto recombinante pueda inducir cambios inmunes y de otro tipo que puedan ser cardioprotectores.

Con todo, señalan que «los mecanismos biológicos subyacentes a estas observaciones tienen que ser clarificados experimentalmente», pero consideran sus conclusiones suficientes para justificar ensayos clínicos y estudios que investiguen el potencial cardioprotector de esta vacuna.

Dos de los autores, Maxime Taquet y John A. Todd (también de la Universidad de Oxford), declaran potenciales conflictos de interés con el laboratorio fabricante de la vacuna recombinante, la farmacéutica británica GSK.

Ambos han sido consultores para la compañía. Sin embargo, indican que esta no se ha involucrado de ninguna forma en el estudio y solo ha tenido constancia del estudio una vez que ha sido aceptado para su publicación.

Pese a los buenos resultados obtenidos con el trabajo, el diseño del estudio no permite establecer una causalidad entre la vacuna del herpes zóster y la reducción de problemática cardiovascular.

En declaraciones a Nature, la epidemióloga Emily Rayens (que ha llevado a cabo estudios sobre el efecto de esta vacuna en la reducción de la demencia) considera que «no podemos concluir de forma definitiva que hay una asociación causal».

No obstante, se trata de un hallazgo a considerar a nivel poblacional dado el número de personas afectadas por el herpes zóster.