Científicos de la Sociedad Japonesa de Inflamación y Metabolismo en el Cáncer han llevado a cabo un estudio retrospectivo en más de 1.000 pacientes con tumores avanzados, hallando que el mantenimiento de un pH urinario elevado reduce el riesgo de mortalidad. Los pacientes con pH igual o inferior a 5,5 …
Científicos de la Sociedad Japonesa de Inflamación y Metabolismo en el Cáncer han llevado a cabo un estudio retrospectivo en más de 1.000 pacientes con tumores avanzados, hallando que el mantenimiento de un pH urinario elevado reduce el riesgo de mortalidad. Los pacientes con pH igual o inferior a 5,5 mostraron una supervivencia del 31% al primer año, sin que ningún integrante de este grupo sobreviviera más allá de los 1.300 días.
En contraste, la supervivencia en los que mantuvieron un pH urinario superior a 5,5 alcanzó tasas del 73%, 38% y 29% al primer, quinto y décimo año, respectivamente. En la estratificación en tres niveles de pH, valores iguales o superiores a 6,5 se asociaron al pronóstico más favorable, constatándose además que, por cada incremento de una unidad de pH, se reduce un 25% el riesgo de mortalidad, independientemente de factores demográficos como la edad o el sexo.
Hiromi Wada, director del estudio, afirma que todos los pacientes recibieron asesoramiento dietético dirigido a conseguir una baja carga ácida renal potencial, índice que mide la capacidad de un alimento para producir ácidos o bases en el organismo y estimar su excreción en los riñones. Estas recomendaciones incluyeron el consumo diario de al menos 300 gramos de verduras, la evitación de carne de vacuno y porcina y la selección de pescado o pollo como fuentes de proteína animal.
En los casos en que no se alcanzó el objetivo de pH, se añadió tratamiento oral diario con bicarbonato de sodio, con o sin citrato de potasio o de sodio. Globalmente, estas intervenciones se asociaron a un incremento progresivo de la mediana de pH hasta 6,92 y 7 a los 90 y 180 días, respectivamente. No obstante, Wada señala que no es posible establecer una relación causal con el tratamiento, ya que se desconocían los valores basales de pH. El investigador concluye señalando que el pH urinario es un biomarcador de fácil acceso que refleja el estado acidobásico del paciente, facilitando la personalización de las estrategias terapéuticas.
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