Elena Trapé (Barcelona, 50 años) ha disfrutado mucho viendo Las chicas Gilmore con su hija de 14 años, como disfrutó cuando era adolescente con Sensación de vivir y Melrose Place —es más de Dylan que de Brandon—, y cuenta que le encantaría dirigir una película de Marvel. Sentada en una de las salas de The Mediapro Studio, donde ha rodado parte de la segunda temporada de Celeste, dice que la serie protagonizada por Carmen Machi, y Yakarta, otra serie en la que también ha ejercido como directora, tienen la virtud de no etiquetar a los personajes De todos los proyectos dice haber aprendido mucho, desde Elite hasta Rapa pasando por Los secretos de la cortesana, Yo, adicto y sus tres largometrajes.

Pregunta. Estudió Historia del Arte, luego hizo un máster en Gestión Cultural y entró en la ESCAC en la especialidad de dirección. ¿Cómo era entonces el paisaje?

Respuesta. En mi promoción éramos dos chicas en dirección, pero es algo que ha ido cambiando con los años. Sobre todo, yo creo que hemos conquistado especialidades técnicas que siempre han estado como muy dominadas por la presencia masculina. Pero no es solo la presencia, sino cómo cambia las dinámicas dentro del equipo de rodaje.

P. ¿Qué dinámicas?

R. Más que de género, tiene que ver con épocas anteriores en las que se toleraban comportamientos y vínculos que hoy son impensables. Hay dos cosas que me gusta mucho ver en compañeras más jóvenes que yo. Lo primero, cómo detectan estos comportamientos y no los permiten. Lo segundo, cómo se destruye poco a poco esa idea tan arraigada de la enemistad entre mujeres. Hay algo de compartir más que de competir, y me gusta muchísimo.

P. ¿Cuáles eran sus referentes?

R. Isabel Coixet fue esa persona que te permite ver que es posible. También lo fue ver a Carla Simón embarazada entrar en el pase de su película en Cannes. Son imágenes que veo y digo: “Jo, qué envidia la chica de quince años que está en su casa y ve esto”. Se te abre un mundo.

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P. Ha dicho: “Fui muy feliz como espectadora de Sensación de vivir o Melrose Place”.

R. Claro. Esos veranos en los que no había campamentos o no tenías unos abuelos que pudieran quedarse contigo, había muchas horas de televisión. Por eso me gusta mucho la ficción de televisión, porque he sido y soy muy espectadora de series. Empezando por Ana de las tejas verdes, que cuando terminó me recuerdo llorando de la pena que me dio, cómo entraron las series inglesas y australianas a través de TV3. Por supuesto La bola de cristal, algo impensable hoy en esta cosa mainstream de que las cosas tienen que ser para todos los públicos.

P. ¿Ha sido víctima de prejuicios?

R. Los he tenido que romper más yo. Antes vivía en Barcelona, y cuando alguna gente me veía por Madrid, me preguntaban: “Ah, ¿pero tú haces series? ¿haces encargo?”. Porque me tenían como muy ubicada en el cine catalán, independiente y de autor. Y era como: “Sí, claro, sí, sí, puedo”. Y luego otra barrera a derribar fue la que tiene relación con el género, con que no me propusieran solamente una comedia romántica. Que soy fan de las comedias románticas, vaya eso por delante. Pero sí que es verdad que es más difícil que a una directora le ofrezcan un thriller policíaco, o alguna cosa de terror, fantástico, cosas así. Las mujeres necesitamos un cuarto de hora más en la reunión. Ahora no me pasa tanto porque soy una señora, pero recuerdo cuando entraba en una reunión con veinticinco años y notaba la mirada de: “Bueno, vamos a ver, esta niña, a ver qué dice…”. Pero me ha pasado a mí y a todas mis compañeras, seguro. Desde llamarme “Elenita” a que al terminar un rodaje alguien diga: “Va, que mañana va a ir muy bien”. Y yo: “Bueno, claro que va a ir muy bien, ¿por qué no va a ir muy bien?”. ¿Esa situación la ha vivido un compañero?

La directora de cine y televisión Elena Trapé en uno de los estudios de Mediapro en Madrid.Jaime Villanueva

P. ¿Sigue habiendo esta tendencia a que los proyectos con grandes presupuestos los lideren hombres?

R. Sí, el informe de CIMA te lo dice clarísimamente. Para mí lo más difícil sigue siendo mantenerse y generar una carrera a largo plazo. O sea, que no hemos venido a hacer primeras películas de 600.000 euros rodadas en cuatro semanas. Hemos venido a jugar también.

P. Como espectadora, he conectado mucho con sus protagonistas de Celeste y Yakarta, cuando sería gente a la que quizá uno no quiere parecerse.

R. Creo que lo bonito de lo que surge cuando trabajo con Diego (San José) es que hay mucho respeto mutuo y cada uno ocupa una parcela. Yo sé que él será muy minucioso con el guion y él sabe que yo voy a ser muy minuciosa con los actores y con la puesta en escena. Son series de personajes y creo que ninguno de los dos estamos cómodos con lo de etiquetar y decir: “Bueno, este es el malo, este es el perdedor, etcétera”. Nos parece muy simplista y siempre encaramos el trabajo con cada protagonista desde la complicidad. Puedes ser un perdedor, ludópata, mentiroso y al mismo tiempo tener una herida muy profunda y ser muy entrañable y necesitar un abrazo. O la inspectora Sara Santana, que al final en la primera temporada lo que está viviendo es una crisis como mujer que se siente invisible, que tiene que volver a desear que le pasen cosas en la vida, ¿no? Y eso es un sentimiento en el que puedes conectar independientemente de su trabajo

P. En la segunda temporada de Celeste, ¿qué vamos a ver?

R. Vamos a ver un nuevo caso, a movernos un poco en el tiempo y a entender mejor la situación personal de Sara.

P. ¿Cómo es lo de rodar con un perro?

R. Horrible. No quiero rodar nunca más con un perro. Y mira que he rodado mucho con niños de todas las edades, ¿eh? Desde bebé de un mes hasta niño de once años. Pero lo del perro es muy difícil…

P. Una persona minuciosa como usted…

R. Yo no controlo el set cuando está el perro, lo controla el perro. Digo: “Vale, me tengo que relajar”, que eso me cuesta, y fluir en plan lo que quiera el perro. Y eso me pone muy nerviosa. La contrapartida es que cuando consigues algo auténtico es increíble, te explota el corazón.