Hay historias que, sin necesidad de grandes titulares, te llegan directamente al corazón. Y esta que os voy a contar es una de ellas. O eso me ha parecido a mí. Los protagonistas son dos buenos amigos que han dedicado buena parte de su vida a la música: Llorenç Santamaria y Xisco Balaguer.
La vida cambia para algunos
Xisco es cantante y teclista, y forma parte de esa generación de músicos mallorquines que dejaron su huella en grupos como Los Beta y Sal y Pimienta. Llorenç, por su parte, continúa en plena actividad, trabajando, cantando y demostrando que la música sigue siendo una parte fundamental de su vida.
Lo digo porque Xisco, que antes podía ir y venir, moverse, encontrarse con amigos y disfrutar de su libertad como cualquiera de nosotros, vive ahora en una residencia y necesita una silla de ruedas para desplazarse.
Pero, afortunadamente, no está solo. De vez en cuando recibe la visita de músicos, amigos y compañeros de tantos años. Viejas glorias, como él, que aparecen por allí para recordar viejos tiempos, hablar de música y, seguramente, volver durante un rato a aquellos escenarios, aquellas canciones y aquellas historias que nunca se olvidan. Me estoy refiriendo a amigos como Jaume Beta y Tolo Alba, por ejemplo.
Visita no esperada
Pero la otra tarde ocurrió algo especial, e inesperado para Xisco al recibir una visita que ni se la imaginaba… Porque fue, sin duda, una gran sorpresa… Sobre todo porque de pronto apareció Llorenç Santamaria, lo cual, para Xisco, supuso mucho más que una simple visita. Sí, porque Llorenç sigue teniendo una vida muy activa, con trabajo, actuaciones y compromisos… Sin embargo supo hacerse un hueco en lo cotidiano, y a la vez tomarse un tiempo para ir a ver a su amigo, sentarse a su lado, hablar con él, recordar, reírse… Pero, sobre todo, hacerle sentir que sigue formando parte de su vida. Que sigue estando ahí…
«He venido a verte, amigo»
Por eso imagino que la sorpresa de Xisco fue enorme. Y no era para menos. Porque cuando aparece alguien a quién aprecias, alguien con quien has compartido tantos años, tantos momentos y, en este caso, también tanta música, de repente todo cobra un significado especial. Y creo que aquí está la verdadera historia.
Porque no estamos contando solamente que Llorenç Santamaria estuvo visitando a Xisco Balaguer, sino que estamos hablando de la amistad, de esa que no entiende de años, ni de distancias, ni de agendas apretadas… Y Llorenç, con este gesto, demostró precisamente eso: que la amistad verdadera no necesita grandes discursos, sino que a veces, y como mucho, basta con llamar a una puerta y decir: «He venido a verte, amigo».
Y pues que esta es la historia de dos músicos. O de dos amigos. O de dos vidas llenas de canciones. O de una sorpresa que, seguramente, Xisco no olvidará fácilmente. Y también, porque la pilles como la pilles, es una historia bonita… Sí, fue un instante, pero ¡que instante!