Cuando un ciclista pedalea más de 150 kilómetros durante 21 días casi ininterrumpidos al máximo nivel, solo la magia de unas manos salvadoras puede hacer el milagro de recuperar el cuerpo para que al día siguiente el corredor pueda tomar la salida con todas las garantías.
En las Grandes Vueltas del ciclismo (Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España) la exigencia es tal que es imprescindible cuidar todos los detalles al máximo. Por eso, la estructura de un equipo va más allá del plantel de corredores que se lleva todos los focos.
En la presente edición de la Vuelta a España, que arrancó en Mónaco el 22 de agosto y finaliza en Granada el 13 de septiembre, se encuentra compitiendo el Burgos-Burpellet-BH, en el que Jorge Gallego Gutiérrez (Osorno, 1990) desempeña las labores de fisioterapeuta.
Manos que hacen milagros
Desde la ronda española, el palentino atiende a este diario y se define como «un chico feliz». «Estudié Cafyd y Fisioterapia y me gusta mucho el deporte, por lo que tener la oportunidad de trabajar en un equipo ciclista, de lo que me gusta, es especial», cuenta.
Gallego comenzó a trabajar con la escuadra burgalesa hace tres años, cuando le llamaron para probar en una carrera en Francia, compaginándolo con su labor en el equipo femenino Meruelo de Cantabria.
Una pasión por el ciclismo que le vino con los años, ya que él antes hacía fútbol, llegando a jugar a nivel de Aficionado en el Osorno y el Herrera de Pisuerga. «El ciclismo me empezó a gustar por mi hermano, que es el que hacía bicicleta, veía el Tour de Francia…», reconoce.
Manos que hacen milagros
El año pasado vivió su primera Gran Vuelta desde dentro en la Vuelta a España, una primera toma de contacto atípica, pero satisfactoria. «Tuvimos problemas gastrointestinales con los ciclistas y terminamos con cuatro. Además, con el conflicto Israel-Palestina fue un poco descafeinado el final, pero fue la primera y estuvo bien», recuerda.
Este año «está siendo bonita». Durante la primera semana se ha encargado de realizar «otras labores». «No he estado en carrera, sino haciendo hoteles, tocando otro palo», cuenta Gallego, que describe cómo es un día para él en La Vuelta: «Nos levantamos a primera hora, antes que los ciclistas. Si podemos y tenemos ganas, salimos a correr. Después de la ducha nos ponemos a hacer nuestras cosas. Los fisios, masajistas y auxiliares no solo damos masajes, sino que nos toca preparar los coches, preparar la nutrición, bidones, neveras… Después desayunamos y cada uno hace lo que le toca. Yo la primera semana he hecho hotel, por lo que viajo del alojamiento que dejamos al siguiente en el que nos hospedamos y allí preparo lo mismo. Bajo maletas, acondiciono las camillas y dejo el material colocado. Y después, si hay que hacer algún tipo de compra, aprovecho. Si me toca hacer carrera es distinto. Vamos a la salida, preparamos lo que necesiten los ciclistas y antes de la salida nos vamos a los puntos que nos han marcado los directores para el avituallamiento. Al final vamos a meta, recogemos todo y nos vamos al hotel a dar el masaje y dejar todo preparado para el día siguiente», explica el palentino.
En esta Vuelta, el Burgos corre con el objetivo de buscar fugas y, por qué no, intentar un triunfo de etapa. «Tenemos gente para hacer algo, dentro de nuestras posibilidades, en montaña, sprint y escapadas. Intentaremos buscar etapas, que se nos vea. Somos un equipo invitado y tenemos que dar visibilidad a los patrocinadores y al equipo, y luego, si se puede ganar una etapa, sería la leche», admite.
Todo sin Sergio Chumil, que tuvo que abandonar después de sufrir una caída en la primera semana de Vuelta. «Lo de Chumil es una puñeta», reconoce. «Siempre te da rabia que se vaya un ciclista, pero encima Chumil es muy alegre y todo lo ve bien. De hecho ahora no le ves serio ni con caras largas. Está feliz, dentro de lo que cabe», comenta.
EN LA CAMILLA. Los fisios resultan ser ángeles de la guarda para los corredores, a los que reviven tras la dureza de la jornada, y entre ellos acaban forjándose nexos íntimos. «Tenemos una relación muy estrecha. Esto es como un confesionario. Nadie nos molesta y hablamos de nuestras cosas. El día que están bien te cuentan cosas chulas y el día que están mal te dicen lo que no les cuadra. Hablamos de sus parejas, de su familia… Nosotros intentamos dar lo mejor de nosotros, igual que ellos lo dan en la carretera. Los corredores son muy agradecidos. Casi todos los chavales que tenemos nos dan las gracias y nos piden las cosas por favor. Son buenos chicos», asegura Gallego.
Después de la primera semana de competición, el palentino mantiene que los ciclistas «todavía están bastante bien». «Luego vas notando cómo las cosas se ponen duras, incluso los chavales se nos quedan medio dormidos en la camilla. Al final toca tirar de masaje, toda la aparatología que tenemos, diatermia, presoterapia, piscina de hielo, etc. El desgaste es brutal 21 días a este nivel dándolo todo», afirma.
DIFERENCIAS. Existen notables diferencias entre este tipo de fisioterapia, más ligada al deporte de alto nivel, y una más convencional que se puede dar en el día a día en las clínicas. «Yo he tocado los dos palos. También trabajé en Aguilar de Campoo en una clínica privada. Igual la principal diferencia es que las cosas más propias de la fisioterapia, como lesiones o patologías, las ves en una clínica. Aquí sobre todo es trabajo de piernas y espalda. Por ejemplo, cuando hacen una contrarreloj, por la postura tienen una serie de dolencias o problemas diferentes, pero por norma general es sota, caballo y rey. Yo lo prefiero porque me gusta el deporte y estás trabajando con deportistas profesionales. Para ver más patologías y cosas distintas está claro que mejor en una clínica», concluye Gallego.