Hay cosas que no aparecen en una estadística. No se pueden medir con puntos, rebotes, asistencias ni medallas. Tampoco caben en un palmarés. A veces … ocurren en una conversación después de un entrenamiento, en una jugadora que aprende a aceptar un error sin bajar la cabeza o en una otra que descubre que los nervios antes de un partido no significan que no esté preparada. Es ahí donde Laura Gil (Murcia, 34 años) quiere dejar ahora su huella, después de hacerlo durante tantas temporadas en la pista.
Hasta hace poco, los veranos de la mejor jugadora de baloncesto que ha dado la Región de Murcia estuvieron marcados por la selección española. Cuando terminaba una temporada, apenas quedaba tiempo para detenerse o para trabajar en otros proyectos. «Llevaba varios años queriendo hacer un campus, pero los pocos momentos que me dejaban libres los compromisos con la selección los empleaba en descansar y en estar con mi familia. Por eso ahora era la situación ideal», explica.
Esta postemporada, por fin, encontró el momento, el lugar y el compañero de viaje. Así nació la primera edición de la Women Basketball Academy-Laura Gil, un campus celebrado durante una semana en el Centro de Alto Rendimiento de Los Narejos con una premisa que va mucho más allá de enseñar a jugar al baloncesto: ayudar a las jóvenes a crecer como jugadoras, pero también como personas.
«Cuando fiché por el Hozono Global Jairis vi que ellos también maduraban esta idea y hemos ido de la mano en el campus», dice
La idea llevaba tiempo rondando la cabeza de la murciana. «empecé a idear el campus la temporada pasada, cuando estaba en Polonia. Después, cuando fiché por el Hozono Global Jairis vi que ellos también maduraban esta idea y hemos ido de la mano», cuenta Gil. El proyecto terminó tomando forma este verano y reunió a jugadoras de entre 12 y 20 años (también había más pequeñas de forma externa), procedentes de la Región, de otros puntos de España e incluso de Escocia.
Este proyecto no era un campus convencional. Los grupos se organizaron de forma reducida y homogénea, con unas seis o siete jugadoras de una misma generación, para que el trabajo pudiera ser mucho más personalizado. La intención era que cada una pudiera detectar aquello que necesitaba mejorar y trabajar sobre las conductas que realmente determinan el rendimiento dentro de la pista.
Compañeros de viaje
Para ello, Laura Gil quiso rodearse de entrenadores de primer nivel. Por Los Narejos pasaron técnicos como Franky García, Bernat Canut, Lucas Pérez, Miguel Ángel Ortega, Víctor Verdú, Quini García o Dani Miñarro. Pero el baloncesto era solo una parte de lo que Laura quería transmitir.
«Se habla mucho de la salud mental, pero la figura del psicólogo sigue sin estar muy presente en los equipos profesionales»
Quizá la mejor manera de entender qué quería construir Laura Gil sea escucharla hablar de la niña que fue: «cuando tenía su edad, soñaba con crecer en un entorno donde las niñas del baloncesto tuvieran su propio espacio, un lugar donde aprender, mejorar, equivocarse sin miedo y sentirse acompañadas por referentes femeninos».
Por eso nació la academia. «Quiero que tengáis lo que a mí me hubiera gustado vivir», les dijo a las participantes. No es una frase menor. Detrás hay una carrera entera. La de una jugadora que empezó muy joven, que recorrió el camino hacia la élite, que aprendió a competir al máximo nivel y que ahora quiere ahorrar a las siguientes generaciones algunas de las dudas que ella misma tuvo que afrontar.
Laura quiso que la psicología deportiva tuviera un espacio propio y relevante. Porque hay una parte del deporte que no se entrena únicamente corriendo, lanzando a canasta o repitiendo movimientos. También hay que aprender a gestionar lo que ocurre dentro de la cabeza.
Durante una semana, las participantes trabajaron junto a profesionales de la preparación física, la fisioterapia, la nutrición y la psicología deportiva. Con Saray Arocena, con quien Laura coincidió durante su etapa en Hondarribia, se puso el foco en algo que para la jugadora murciana resulta esencial: aprender a convivir con la presión y con otros factores con los que lidian los deportistas.
«De pequeña soñaba con crecer en un entorno donde las niñas del baloncesto tuvieran su propio espacio», subraya la pívot murciana
Los nervios antes de competir. La frustración cuando las cosas no salen. Las dudas. Las inseguridades. Las pulsaciones que se disparan. El miedo a equivocarse. La comparación con las compañeras. El equilibrio entre los estudios y el deporte. Incluso la identificación de situaciones de bullying. «La psicología estuvo presente en este campus porque durante el juego y la vida aparecen momentos en los que no sabemos gestionar lo que sentimos», señala.
Laura Gil no habla desde la teoría, lo hace desde su propia experiencia: «ojalá alguien me hubiera explicado lo valioso que es aprender a manejar la cabeza, entender mis emociones y saber recuperarme de los días difíciles».
Es probablemente uno de los aprendizajes que más quiere dejar a las jugadoras. Porque Laura Gil sabe que el talento no siempre es suficiente. Que una carrera deportiva está llena de momentos en los que una jugadora puede sentirse perdida, frustrada o presionada. Y que saber manejar esas situaciones puede ser tan importante como tener una buena mano para el tiro o una gran capacidad defensiva. «Desde hace unos años se habla mucho de la salud mental, pero la figura del psicólogo sigue sin estar muy presente en los equipos profesionales y a mí la mía particular me ha ayudado muchísimo», reconoce.
Salud mental
Por eso quiso llevar esa conversación hasta las jóvenes. Hablar de salud mental cuando todavía están construyendo su identidad deportiva. Enseñarles que pedir ayuda no es una debilidad. Que un mal partido no define a una jugadora. Que sentirse nerviosa no significa ser peor. Que fracasar forma parte del aprendizaje. Y, sobre todo, que no hay un único camino.
En un deporte en el que muchas niñas comienzan muy pronto a medir su futuro en términos de selecciones, categorías y contratos, Laura quiso transmitirles también que el camino hacia el baloncesto profesional no es una carretera recta. Habrá curvas, momentos de duda, cambios de dirección y oportunidades que aparecerán cuando menos se esperan.
Durante el campus, además, las jugadoras tuvieron la oportunidad de convivir con más referentes femeninos. Una de ellas fue Isabel Latorre, jugadora del Movistar Estudiantes y también nacida en Alcantarilla. Para muchas de aquellas niñas, poder compartir pista y experiencias con jugadoras que ya han recorrido parte del camino supone algo más que una actividad dentro del programa. Es la posibilidad de mirar a alguien y pensar: «yo también puedo».
Cercanía
Fue una semana compartiendo desayunos, entrenamientos, comidas, conversaciones y momentos cotidianos con la jugadora de baloncesto más laureada de España. Unos días en los que aquellas niñas pudieron conocer a Laura Gil no solo como la internacional de la selección, la campeona o la jugadora que ha construido uno de los grandes palmarés del deporte murciano, sino como una persona cercana a la que podían preguntar, escuchar y observar.
Ese contacto también era parte de la formación. Porque los referentes importan. Y más cuando una niña que empieza a jugar al baloncesto puede comprobar que detrás de una gran deportista hay años de trabajo, sacrificios, dudas y decisiones. Que nadie llega hasta allí por casualidad.
Arranca el trabajo de pretemporada con el Hozono Global Jairis
Laura Gil renovó este verano su contrato en Alcantarilla y afrontará por primera vez una temporada completa desde el inicio con el club de su tierra, después de incorporarse al equipo el pasado curso en Navidad. «Tengo muchas ganas de empezar. Tenemos retos muy bonitos por delante», reconoce. Será una pretemporada atípica, además, por la presencia de varias jugadoras en sus respectivas selecciones con motivo del Mundial. Pero antes de que llegue ese nuevo desafío, Laura ha dejado algo en Los Narejos que permanecerá mucho más allá de una temporada. Quizá alguna de aquellas niñas llegue algún día al baloncesto profesional. Quizá alguna vista la camiseta de la selección española. Quizá alguna juegue en un gran club y vuelva, dentro de unos años, a un pabellón de la Región convertida en referente para otras. Pero ese no es el único éxito que persigue la pívot. También quiere que una niña aprenda a levantarse después de fallar y a confiar en ella misma. Que otra entienda que no pasa nada por estar nerviosa. Que alguna encuentre la manera de compaginar los estudios con el deporte. Laura Gil parece haber encontrado otra forma de ganar.