La presentación de la nueva edición de «La Voz» en Antena 3 no solo sirvió para detallar los giros mecánicos del concurso o dar la bienvenida a las nuevas incorporaciones del jurado, sino también para reflexionar sobre el peso y la percepción del propio formato en la industria musical. En un encuentro marcado por la complicidad entre los jueces, Melendi tomó la palabra para articular un potente alegato en defensa del concurso, rebatiendo de forma directa y tajante las críticas de un compañero de profesión hacia este tipo de plataformas talent show, y que el asturiano se tomó de forma personal dado su profundo sentido de pertenencia con el formato de Atresmedia.
El detonante de sus palabras residía en las recientes manifestaciones de compañeros de profesión como Dani Martín, quien durante un multitudinario concierto en Madrid llegó a declarar que jamás asumiría el rol de juez televisivo al manifestar «yo no quiero ser el coach de nadie». Aunque el intérprete de «Caminando por la vida» evitó conscientemente citar nombres o entrar en el choque nominal para no personalizar el debate, no dudó en aludir al malestar que provocan este tipo de afirmaciones en el seno de la producción. «Cuando uno no vive las cosas por dentro es mejor guardar la cautela, porque aquí se respira una verdad y un respeto por la música que solo se entienden al sentarse en esa silla», vino a señalar el artista.
Para Melendi, la vinculación con «La Voz» trasciende lo estrictamente televisivo para convertirse en una herramienta de reconexión social y profesional. El cantante, que regresó al programa tras su primera e icónica participación en 2012, recordó con honestidad cómo el concurso fue determinante para transformar la percepción pública de su figura en un momento clave de su carrera. Según explicó, el plató le permitió entrar en los hogares de millones de familias que hasta entonces mantenían reservas hacia él por su «pasado gamberro», demostrando que la televisión bien empleada puede tender puentes y humanizar la trayectoria de un creador.
Asimismo, el artista subrayó la responsabilidad ética que implica acompañar a los nuevos talentos, distanciándose de la etiqueta simplista de «juez» para poner el acento en la labor de tutoría y transmisión de experiencias. A su juicio, descalificar la labor de los coaches o la validez de los concursantes que buscan una oportunidad supone ignorar las dificultades reales de la industria actual para dar visibilidad a nuevas voces. En este sentido, remarcó que el formato no solo respeta la identidad de los aspirantes, sino que actúa como un escaparate legítimo en un mercado cada vez más atomizado.
Con este posicionamiento, el arranque de la temporada de «La Voz» queda marcado por una reafirmación de principios por parte de su equipo veterano. Más allá de las batallas en plató o la lucha por las audiencias en el prime time, la intervención de Melendi dejó clara la voluntad del programa de defender su espacio como un entorno de rigor artístico y de respaldo a la música en directo, por encima de las reticencias que el medio televisivo sigue generando en ciertos sectores de la escena musical.