LIV Golf, circuito del que forma parte el español Jon Rahm, afronta su momento más crítico desde su nacimiento. La liga respaldada por Arabia Saudí podría solicitar protección por quiebra bajo el Capítulo 11 de la legislación estadounidense tan pronto como la próxima semana, mientras acelera las negociaciones para encontrar financiación que permita mantener con vida una versión reducida del circuito a partir de 2027.
El movimiento llega después de que el Fondo de Inversión Pública (PIF) saudí decidiera poner fin a su financiación al término de la temporada 2026, tras haber destinado más de 5.000 millones de dólares al proyecto desde su lanzamiento.
La prioridad ahora es resolver el agujero financiero y contractual que deja atrás la etapa saudí. LIV ha comenzado a ofrecer acuerdos a jugadores como Jon Rahm a los que todavía debe millones de dólares en pagos garantizados, con propuestas iniciales que, según ‘Financial Times’, suponen apenas unos céntimos por cada dólar adeudado. Los golfistas se enfrentan así a tres caminos: aceptar un acuerdo y continuar en la futura LIV 2.0, pactar su salida o reclamar sus contratos como acreedores no garantizados dentro de un eventual procedimiento concursal.

El LIV Golf puede vivir un golpe desolador si finalmente Rahm decide abandonar el LIV Golf en 2027 / LIV
En paralelo, BC Partners estudia una operación que podría alcanzar los 300 millones de dólares y que resulta clave para el futuro del circuito. La firma lleva semanas analizando una posible financiación y espera que LIV y el PIF despejen antes las obligaciones con los jugadores y definan la estructura de la eventual quiebra. El proyecto que se negocia para 2027 sería mucho más pequeño: un calendario de alrededor de diez torneos frente a la escala que ha mantenido LIV durante sus primeros años.
El problema es que una LIV más pequeña necesita también a sus estrellas para resultar atractiva a los inversores. La liga todavía no ha conseguido garantizar el compromiso de suficientes jugadores de primer nivel y, además, se enfrenta a las restricciones de otros circuitos. El DP World Tour ha advertido de posibles sanciones a quienes participen en pruebas de LIV coincidentes con sus torneos, una amenaza especialmente relevante para un circuito que necesitaría que sus jugadores compitiesen fuera de LIV durante buena parte del calendario.
La posible quiebra supondría un giro radical para un proyecto que nació en 2022 con la ambición de desafiar el dominio del PGA Tour a golpe de talonario. Ahora, el PIF quiere cerrar esa etapa sin comprometer nuevo capital a largo plazo y LIV se ve obligada a reducir costes, plantilla y calendario. La mayoría de sus empleados han sido despedidos tras el final de la temporada, mientras varios proveedores han reclamado judicialmente pagos pendientes.
El plan de rescate pasa, por tanto, por convertir una liga concebida para competir de tú a tú con el PGA Tour en una estructura mucho más pequeña y financieramente sostenible. La paradoja es que para salvar LIV habrá que desmontar buena parte de aquello que hizo posible su irrupción en el golf mundial: enormes inversiones, grandes bolsas de premios y contratos millonarios para atraer a las principales estrellas.