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A lo largo de la historia, muchas mujeres pioneras han dejado una huella imborrable y han contribuido a marcar el rumbo de la humanidad. Durante siglos, la ciencia —al igual que muchos otros ámbitos— fue considerada un territorio reservado a los hombres. La astronomía no fue una excepción: durante mucho tiempo, la historia de las estrellas pareció escribirse de la mano Galileo Galilei, Johannes Kepler o Edwin Hubble, entre tantos otros.
Pero ¿dónde estaban las mujeres? ¿Acaso no podían (ad)mirar al cielo y dedicar su vida a intentar comprenderlo? Nancy Grace Roman demostró, por todo lo alto, una verdad que cobra cada vez más importancia: el firmamento no está reservado a la mirada masculina.
Estudiar las estrellas en un mundo de hombres
Nancy Grace Roman nació el 16 de mayo de 1925 en Tennessee, en pleno auge de los felices años veinte. Su fascinación por los astros comenzó desde muy temprana edad. Con 11 años, organizó un pequeño club de astronomía con diversos compañeros para debatir sobre las constelaciones. Y pocos años después, ya tenía claro que quería dedicar su vida a estudiar la inmensidad del universo.
Convertir aquella pasión en una profesión no fue sencillo por una única razón: ser mujer. Por aquel entonces a ciencia seguía siendo un territorio principalmente masculino y Roman tuvo que enfrentarse a todo aquel que cuestionaba sus aspiraciones: un consejero escolar llegó a preguntarle por qué quería estudiar álgebra y no latín.

Nancy Grace Roman es conocida como la «madre del Hubble».
Wikimedia Commons
La joven Roman no perdió de vista su objetivo y siguió adelante. En 1946 se licenció en astronomía por Swarthmore College, en Pensilvania, y tan solo tres años después, obtuvo un doctorado en astronomía por la Universidad de Chicago. Por un tiempo, se dedicó a la investigación y la docencia, pero en 1955 dio un nuevo paso en su carrera y se incorporó al Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos.
Su gran oportunidad llegó en 1959, cuando se sumó a la recién creada NASA. Allí se convirtió en la primera mujer en ocupar un cargo ejecutivo en la agencia y en su primera responsable de astronomía. Desde allí comenzó a fomentar una idea que cambiaría para siempre la observación del cosmos: llevar los telescopios al espacio. Su trabajo acabaría contribuyendo al desarrollo del Telescopio Espacial Hubble.
«La madre del Hubble»
Desde la Tierra, la atmósfera distorsiona y absorbe la luz de los objetos celestes; observarlos desde el espacio era la única forma de estudiarlos con una precisión inalcanzable desde la superficie. Pero para una NASA que todavía daba sus primeros pasos, colocar un telescopio de gran tamaño en órbita suponía un reto monumental.

Nancy Grace Roman fue la primera mujer de la historia en ser jefa de astronomía de la NASA.
Wikimedia Commons
Nancy Grace Roman dedicó años a impulsar aquel proyecto, reuniendo a científicos e ingenieros y sosteniendo la misión ante quienes debían aprobarla y financiarla. Y, aunque se retiró de la NASA en 1979, más de una década antes del lanzamiento, su trabajo había contribuido a sentar las bases del Hubble.
El telescopio fue lanzado en abril de 1990 y transformó para siempre nuestra visión del universo, permitiendo estudiar galaxias lejanas, estrellas y otros tantos fenómenos cósmicos con una precisión sin precedentes.
Un telescopio con su nombre y un legado infinito
Roman fallecióel 25 de diciembre de 2018, a los 93 años. El vacío que dejó en la comunidad científica fue tal que, dos años después, la NASA anunció que su próximo gran observatorio espacial —con un campo de visión aproximadamente cien veces mayor que el del Hubble— llevaría su nombre.
El Nancy Grace Roman Space Telescope, que ha sido lanzado exitosamente el 30 de agosto de 2026, estudiará algunos de los grandes misterios del cosmos, como la naturaleza de la energía y la materia oscura o la formación de galaxias y exoplanetas.
Cien años después de su nacimiento y casi una década después de su partida, este ambicioso observatorio marca un nuevo hito para la astronomía. Además, ofrece una oportunidad para recordar a la mujer que le da nombre: una científica que acalló críticas y prejuicios y que, dispuesta a todo, consiguió ampliar nuestra visión y comprensión delinmenso cosmos que nos rodea.