Rafa Jódar se clava una y otra vez ante su banquillo, brazos en jarra. Una y otra vez mira hacia ahí cabreado, en busca de auxilio y de respuestas que no llegan porque es uno de esos días torcidos en los que a un tenista nada le sale y termina al fin cayendo en la simple y llana desesperación. Grita a su raqueta: ¡Nooooo! Está hartándose a correr, pero de poco vale. Da igual cómo le pegue y hacia donde, en qué dirección. El chino Yunchaokete Bu, 124º del mundo, pilota a su antojo el partido en la pista 17 y descuenta con decisión los juegos hasta que se consuma la campanada: no hay remedio alguno, no hay remontada. Tan solo frustración y más frustración por una sola parte, así que el madrileño cae (6-2, 6-1 y 6-1, en 1h 47m) y se despide en la primera ronda del US Open.

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Sorprende la derrota, que suena a tropezón. No lo hubiera sido hace muy poco, teniendo en cuenta la juventud del madrileño, pero sí ahora que Jódar (19 años) ha elevado sobremanera el listón al haber logrado encaramarse a la zona noble del circuito. Venía además de firmar resultados esperanzadores en los torneos previos: final en Washington, semifinales en Montreal y una derrota en los octavos de Cincinnati que pintaba más bien oportuna, por eso de que no llegase a Nueva York con el depósito justo. Lejos de presentarse con brío, su aterrizaje en la competición fue irreconocible y enfrente se topó con un rival con nombre de susto que actuó con la máxima determinación.

Los tenistas detectan de inmediato cuando el de enfrente no tiene el día. Y no era el de Jódar, destemplado desde el inicio y extrañamente desbordado. Desfigurado. Esta vez, ni potencia ni piernas ni heroicidades. Ni rastro del competidor insaciable de estos meses, el chico que más que merecidamente —hasta hace dos días era un universitario— se ha ganado el respeto del circuito y los elogios de las figuras. No era Jódar, o desde luego no lo parecía. Replegado todo el rato, su tenis pierde el brillo que desprende cuando él lleva la iniciativa. Diseñado para atacar y ser dominador, el español sufre si no consigue adueñarse del timón de los partidos y Bu, un repescado que todavía no había firmado ninguna victoria en un Grand Slam, hizo lo que tenía que hacer: ir con todo. No dudar.

Así son los misterios del tenis. Un completo desconocido tumbando a la revelación del año y otro volantazo de una edición que en la primera ronda también ha perdido a Novak Djokovic. Si sorprendió la derrota contra Shintaro Mochizuki en Wimbledon, todavía más esta ante Bu, sustituto de última hora en el cuadro de Thanassi Kokkinakis y que esta temporada no había firmado ninguna victoria en el circuito de la ATP. Nada le salió a Jódar, cuyo desacierto se refleja en los fríos números: 31 errores, solo un 52% de saques dentro y un exiguo 32% de puntos con los segundos servicios.

“Simplemente, él ha jugado mejor que yo. Esa es la razón por la que él ganó”, respondía cortante en la sala de conferencias. Descartaba también que cualquier problema físico hubiera podido perjudicarle y lamentaba el estrés mental acumulado de un día a otro. Teóricamente, Jódar debería haber debutado la jornada anterior, pero las precipitaciones lo impidieron. “Sabía que no iba a ser fácil. Pero es lo que hay, no podemos controlar la lluvia”, agregaba. También descartaba el cansancio por la acumulación de partidos —“no, no estoy cansado” — y se mosqueaba cuando un reportero norteamericano le deslizó si le afecta lo que pueda decirse de él en las redes sociales: “¿Cuál es la pregunta? No tiene sentido…”.