Alberto Conejero (Vilches, 48 años) es uno de los autores más relevantes del teatro español actual, pero asegura que nunca ha recibido tanta atención mediática como en los últimos meses por su participación como coguionista en La bola negra, la nueva película de Los Javis, que ganó el premio a la mejor dirección en el festival de Cannes y se estrenará en cines el 25 de septiembre. Aunque, más que participación, habría que hablar de inspiración, pues el primer aliento del filme vino de La piedra oscura, obra de Conejero que imagina un diálogo con Rafael Rodríguez Rapún, último gran amor de Federico García Lorca. “Es emocionante pensar que miles de personas van a conocer a Rodríguez Rapún por esta película. Me conmueve y me hace recordar lo que el personaje dice al final de mi obra: ‘No voy a desaparecer del todo, ¿verdad?”, reflexiona el dramaturgo con su habitual locuacidad, casi sin respirar, ante un café a los pies de la estatua de Lorca en la plaza de Santa Ana de Madrid.
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Estrenada en 2015 con producción del Centro Dramático Nacional y dirección de Pablo Messiez, La piedra oscura se convirtió en un fenómeno y consagró a Conejero en la escena nacional. El sello Cátedra acaba de reeditar el texto junto con otros dos, Ushuaia y En mitad de tanto fuego, en un volumen que concentra las claves de su teatro: “Una escritura de alta tensión poética”, como subraya el estudio introductorio del libro, que explora la memoria histórica a través de personajes marginales o relegados a un segundo plano.
En mitad de tanto fuego, por ejemplo, da voz a Patroclo, el amigo preferido del héroe griego Aquiles. El mar. Visión de unos niños que no lo han visto nunca, que inspiró la película El maestro que prometió el mar, se centra en el maestro republicano Antoni Benaiges, asesinado en 1936. Este jueves llega al Teatro de la Abadía su último texto, Leonora, basada en las memorias de la artista Leonora Carrington, en un montaje dirigido por el propio autor e interpretado por la actriz Natalia Huarte. Además, prepara una obra documental sobre la Generación del 27.
Pregunta. ¿Cómo se adapta al cine un texto tan poético como La piedra oscura?
Respuesta. Ha sido un viaje increíble. Sobre todo, porque Los Javis se han atrevido a hacer una película no realista. No tiene espíritu documental ni es un biopic, como tampoco lo es mi obra, sino un ejercicio de ensoñación y memoria poética. Con momentos muy emocionantes, sin caer en la sensiblería. ¡Es tan pertinente una película tan humanista en un momento tan despiadado!
P. ¿Despiadado en qué sentido?
R. Vivimos un tiempo en el que la política se ha convertido en un meme y vuelven discursos que creíamos superados. Un tiempo en el que se vuelve a golpear a la gente al grito de “maricón” y se dice que el feminismo ha llegado demasiado lejos.
P. ¿Puede una película revertir esos discursos?
R. La clave está en la emoción. Frente al cinismo, la emoción genera empatía. El teatro, el cine o la literatura nos permiten entrar en una celda con Rodríguez Rapún, en un psiquiátrico con Leonora Carrington, ponernos en el lugar de otros, sentir que toda vida es digna e importante.
P. ¿No es arriesgado poner palabras inventadas en boca de personajes reales?
R. A mí me han llegado a reprochar: ¿cómo te atreves a darle voz a un personaje femenino como Leonora? Pero es que yo no quiero dar voz a nadie, Leonora ya dejó su propia voz en sus memorias. Lo que quiero es invocar espíritus de otros tiempos, pero que yo reconozco contemporáneos, para hacerlos presentes a través de la poesía y reconocernos en ellos. Es un ejercicio de imaginación moral y memoria poética.
«Vivimos en un tiempo en el que se vuelve a golpear a la gente al grito de ‘maricón’ y se dice que el feminismo ha llegado demasiado lejos», dice Alberto Conejero.Víctor Sainz
P. ¿Qué le llevó a Leonora Carrington?
R. Yo estaba en México con un proyecto sobre los hijos de los exiliados españoles y por una calle me encontré con una escultura de Leonora que me pareció una maravilla. Entonces, me pregunté por qué no sabía yo casi nada de esta artista que vivió episodios fundamentales en la España de posguerra. Entre ellos, una violación en Madrid y un internamiento en un psiquiátrico de Santander. Cuando leí sus memorias, ya no hubo vuelta atrás. Porque reconocí ahí un espíritu indócil, libérrimo, una superviviente de tantos naufragios que me conmovió profundamente.
P. ¿Se reconoce en sus personajes?
R. Si no siento un vínculo íntimo con esa voz del pasado, no entro. He tenido muchas propuestas que he rechazado porque no lo he sentido. Si no soy capaz de reconocerme, no puedo darlos a conocer. En el caso de Leonora, además, reconocí a una mujer que fue testigo y víctima de la España del primer franquismo.
P. Lorca se ha convertido en un icono y está por todas partes. ¿No corremos el peligro de vaciarlo de significado por sobredosis?
R. Lorca es de los grandes dramaturgos y poetas del siglo XX. ¿Cómo no va a haber siempre obras suyas en cartelera? No he oído a nadie quejarse en Inglaterra por hartazgo de Shakespeare o en EE UU por Tennessee Williams. Al contrario, yo celebro que en un mundo tan herido y tan oscuro se esté hablando de un poeta. Nunca puede haber una sobredosis de poesía. Me preocuparía si hubiera una prostitución política o un falseamiento de sus ideales, pero su popularización, ¿por qué? ¿A quién y por qué le molesta tanto?
P. ¿Tal vez tiene que ver con la polarización política?
R. Tiene que ver también con la educación. La memoria histórica no es solo la discusión del pasado, sino del presente y del futuro. Por eso no puede ser solo un discurso que venga de arriba abajo, sino que tiene que ser un ejercicio horizontal. Por supuesto que el Estado tiene una responsabilidad de generar memoria, pero no podemos encomendársela solo al poder, esté quien esté, porque se puede producir una grieta que aprovechen fuerzas oscuras y determinados partidos políticos para establecer una memoria “oficial”. En un momento, además, en que los últimos testigos de la Guerra Civil están desapareciendo y pueden aparecer personas que disputen sus testimonios. Hay que hacer memoria desde las escuelas, desde el asociacionismo, desde los barrios y desde la cultura.
P. Usted ha sufrido esa polarización en primera persona: su obra sobre el maestro republicano fue cancelada en 2023 en un municipio de Burgos por presión de Vox y poco después la Comunidad de Madrid anunció su cese al frente del Festival de Otoño de Madrid.
R. Digamos que es una cuestión de sensibilidades. Desde que salí del festival no he vuelto a estrenar en ningún teatro de la Comunidad de Madrid. No les interesará lo que significo.